Capítulo 7
En las tierras del reino, Scarlett les había autorizado a los forasteros que empezaran a talar árboles. Algunos se convertirían en las casas que ya tenía planeadas para todos sus súbditos (los miembros de su tribu y los forasteros), pero otros serían leña, armas o parte de otro nuevo proyecto de la reina, pues era bien sabido que tenía muchos planes en mente. Sin embargo, ningún miembro de la tribu estaba de acuerdo con lo que Scarlett hacía y no dudaban en decírselo de frente.
- ¡¿Tienes una idea de lo que estás haciendo?! ¡Tú y esos forasteros están destruyendo el valle! –Sabino, al ser el viudo de Munira, fue escogido como el vocero para las discusiones.
- Sé que es difícil que lo entiendan, pero es por un bien mayor. Cuando las casas estén listas lo entenderán. Ahora todas las familias tendrán su propia privacidad.
- ¡No la necesitamos ni la queremos! Hemos vivido así por generaciones, Scarlett, lo que necesitamos son las sombras que nos brindan los árboles, el aire limpio que producen ¿No lo entiendes? ¡Al matarlos nos estás matando a nosotros!
- No los van a talar a todos, no exageren.
- ¡Munira jamás habría permitido eso! ¡Para de una maldita vez o....! –Al notar que el tono de la conversación estaba cambiando, Shenzi se colocó junto a Scarlett.
- O... ¿Qué?
- O no me haré responsable de lo que pueda pasar. –La mirada de Scarlett se ensombreció.
- ¿Es una amenaza?
- ¡Una advertencia! Somos más fuertes que tus malditos forasteros. No creas que nos quedaremos de brazos cruzados mientras vemos como destruyes nuestro hogar, todo lo que Munira… tanto protegió. –Shenzi estuvo por levantar el maquete que tenía en su mano, pero Scarlett la detuvo.
- Esta discusión terminó por hoy, puedes retirarte Sabino. Voy a pensar en lo que dijiste. –Sabino hizo una pequeña reverencia y salió de la cueva para reunirse con los demás. Una vez solas, Shenzi abrazó a su reina.
- ¿Por qué permitiste que te hablara así?
- Quería ver si mi nuevo título los hacía respetarme, aunque fuera un poco, pero veo que no es así.
- ¿Qué haremos?
- Bueno, ya tenía previsto que se pondrían un poco… necios al principio. Por eso hice que los chatarreros trajeran tanto metal como pudieran de las Tierras Oscuras. Los artesanos están trabajando en más armas, parece que las tendremos que usar antes de lo previsto.
- ¿Crees que podamos? La última vez tu hermana….
- Ellos no son tan veloces como ella. Además… serán fuertes, pero los forasteros estarán bien armados. Las supersticiones de los salvajes les prohíbe usar armas que no sean rocas y palos. –Shenzi acunó el rostro de Scarlett con sus manos, acarició una de sus mejillas con su pulgar y le dio un pequeño beso en los labios.
- Sé que no quieres más sangre. Trataré de… hallar el modo de parar esto antes de que empiece. –En ese momento, uno de los salvajes entró a la cueva, hombre alto y musculoso que Scarlett conocía bien.
- Eh… disculpe la interrupción, mi reina. –Shenzi y Scarlett se separaron y la reina se dirigió al hombre.
- Azir ¿Necesitas algo? –Azir se arrodilló cuando la azabache se acercó.
- Yo sé quién comenzó a incitarlos. Sí, nadie estaba feliz cuando los forasteros llegaron al valle -miró de reojo a Shenzi- y todo empeoró cuando empezó la tala de árboles, pero uno de ellos empezó a hablar de más y a enfurecer a todos.
- ¿Uno de ellos? Hablas de nuestra tribu ¿No? ¿No te consideras uno de nosotros?
- No y usted tampoco debería, mi reina. Usted está por encima de todos nosotros, siempre lo ha estado. Su… compañera de seguro piensa igual. Y yo no puedo considerarme uno más de los salvajes que jamás han sabido ver su grandeza.
- “Lambiscón”. –Pensó Shenzi.
- Ya, ponte de pie. Dime lo que sabes. –Al escuchar la orden de su reina, Azir se levantó de inmediato.
- Fue Zazú, él comenzó a susurrar palabras de traición e incitar una rebelión.
- Zazú, era el mayor lame botas de mi hermana, no me sorprende que fuera el que más se enfureció al ver mis cambios. –Shenzi blandió su machete, lista para actuar.
- Tú sólo dame la orden y el problema se acabará.
- No, no lo voy a convertir en mártir, eso podría tener el efecto contrario.
- ¿Qué quiere que hagamos, mi reina? –La forastera miró al hombre y arqueó una ceja.
- Creo que es hora de que las personas recuerden la palabra “prisión”.
Scarlett detuvo la tala de árboles e hizo que Shenzi llevara a algunos de sus forasteros a las Tierras Oscuras para ir a la vieja cárcel a tomar los barrotes. Mientras tanto, la reina encontró una pequeña cueva apartada que le pareció perfecta. Por otro lado, Azir habló con un grupo de salvajes jóvenes, los cuales sabía que le tenían una gran admiración. El hombre logró convencerlos de que, a pesar de lo que dijeran los demás, las ideas de la nueva reina le traerían grandes beneficios al valle y que, si eran de los primeros en mostrar su lealtad, ella podría tenerles consideraciones más adelante. Aquellos jóvenes, fueron ante la reina y se arrodillaron jurándole lealtad, al igual que Azir.