En las tierras del reino de Scarlett, las cosas habían cambiado radicalmente. Las casas que la reina había ordenado construir ya habían sido terminadas y habitadas desde hace tiempo, dejando a la azabache durmiendo sola en la gigantesca cueva de la roca del rey, compartiendo de vez en cuando las noches (y su cama) con Shenzi. Ella había logrado modificar esa cueva adaptándola a lo que necesitaba; le había colocado una gran puerta, había encontrado el modo de poner un piso de madera, creó una chimenea y llenó el lugar de muebles; entre ellos había un escritorio en dónde revisaba informes o creaba nuevos bocetos, estantes de libros, armarios, una mesa, sillas y una enorme cama con base.
En el valle, ya era difícil encontrar animales salvajes ya que los forasteros habían capturado a la mayoría de las manadas en los corrales y, para ese punto, ya estaban completamente domesticados y los pocos que lograron escapar durante esas capturas, se habían alejado considerablemente. Entre los animales capturados había caballos (a los cuales Scarlett ordenó construir establos), jabalíes, conejos, cabras, ovejas y gallinas. Los forasteros incluso domesticaron lobos. Scarlett había leído sobre las antiguas formas de cuidar los rebaños, perros pastores, así que hizo que encontraran una manada de lobos; los arqueros mataron a los adultos, dejando sólo a los cachorros, los cuales fueron entrenados para ayudar a mantener los animales de los corrales a salvo. Cuando el número de los lobos aumentó, algunos forasteros empezaron a tenerlos en sus casas como compañía (mascotas).
Los sembradíos que la reina había ordenado a construir casi al comenzó de su reinado, también habían quedado listos desde hace tiempo. En ellos se cultivaban trigo, algodón, arroz, vegetales y frutas. Para evitar que las aves u otros animales arruinaran las cosechas, Scarlett había creado espanta pájaros usando huesos de animales, pasto seco y madera. Los invernaderos también cumplían su principal función que era cultivar hiervas medicinales, aunque también tenían especias para cocinar.
Una de las ideas de construcción que más problemas causó para llevarse a cabo, fue una presa. En una temporada seca Scarlett vio a algunos discutiendo por el agua, ya que el rio había bajado considerablemente, así que la azabache decidió que era mejor resucitar esa vieja idea de retener el agua para hacer que se acumule. Costó varios intentos, pero al final se logró construir un muro de troncos y rocas lo suficientemente resistente para detener el rio. Por supuesto, los salvajes no estaban nada felices con eso.
Si bien, ahora se podía conseguir comida más fácilmente y ya no había que preocuparse por el agua durante las temporadas más calurosas, para la tribu, todo lo que Scarlett había construido era una abominación, una blasfemia. Era traer de nuevo todo lo que destruyó el mundo, todo lo que sus ancestros advirtieron por incontables generaciones que era una aberración que sólo destruía la naturaleza.
A pesar del fanatismo de los salvajes, hubo algunos que vieron las creaciones de Scarlett, no como abominaciones, sino como algo útil, algo que los estaba ayudando y, por ende, se unieron al grupo que le tenía genuina lealtad a la reina y obedecían cada una de sus ordenes sin protestar. Sin embargo, la mayoría de la tribu seguía fiel a las antiguas creencias y se negaban a ayudar en lo que sea. Pero eso no les impedía comer la carne de los corrales, las verduras de los cultivos o beber el agua de la presa. Eso enfurecía cada vez más a los forasteros y los pocos tribales que sí trabajaban.