Al día siguiente, cuando Shenzi ya se había vestido e ido de la cueva para hacer su trabajo, Scarlett también se arregló y salió a buscar a Azir. La decisión estaba tomada, la forastera había estado de acuerdo (a regañadientes), así que sólo hacía falta hablar con el salvaje y decirle que aceptaba el trato. Lo encontró dando instrucciones a un grupo de jóvenes.
Sin poder contenerse más, Azir abrazó a Scarlett, acarició su mejilla y, antes de que la reina pudiera retirarse, él la besó en los labios. La azabache soltó un suspiro de sorpresa, sin embargo, el salvaje lo interpretó como una invitación, por lo cual profundizó el beso. Cuando finalmente se apartó, Scarlett le dejó en claro que no volviera a hacer algo así sin permiso y menos sin siquiera avisar. Ella no se dio cuenta, pero Shenzi vio lo que pasó. Azir también estaba consiente de que la forastera estaba cerca y podría verlos.
Luego del pequeño beso, Scarlett y Azir fueron a ver a Rafiki; como chamán de la tribu, él era quien debía casarlos. Al anciano no le caía bien la reina, pues compartía la idea del resto de la tribu de que lo que ella hacía era un crimen contra la madre naturaleza, un sacrilegio, sin embargo, Scarlett era la reina y, como fiel servidor, aceptó casar a la pareja.
El día continuó con su rutina habitual, los forasteros y una parte de los salvajes trabajando y patrullando. Mientras Scarlett recorría las tierras del reino montada en su caballo pudo ver a los salvajes que aún se reusaban a contribuir con el nuevo orden del reino, por lo cual estaban más flacos y sucios. El viejo amigo de Subira, Nolan, estaba entre ellos, pero la reina no podía hacer nada para ayudarlo, no sin que su ley perdiera fuerza.
Por su parte, Azir se estaba encargando de que la noticia de su unión con la reina se esparciera por todo el valle. Los tribales que juraron lealtad a Scarlett estaban encantados con la noticia; los forasteros tenían sus dudas pues esperaban que la azabache eligiera a uno de ellos como compañero, ya que (ante sus ojos) los forasteros eran más semejantes a ella en el sentido intelectual, pero al final aceptaron la decisión de su reina, después de todo siempre hacía las cosas teniendo una buena razón.
Banzai y Ed se alegraban por su amiga, pero Shenzi hacía todo lo que podía por contener sus ganas de golpear todo lo que se movía. Se suponía que esa noche iría a la cueva real con Scarlett, pero ya no estaba segura de querer ir, tampoco quería asistir a la ceremonia, pues le parecía una estupidez. Sin embargo, se vería mal que la forastera más cercana a la reina faltara, por lo que decidió que debería tragarse su orgullo.
La noche llegó y, como Scarlett esperaba, Shenzi no apareció en la cueva. No se molestó, entendía perfectamente que su compañera estaba herida, furiosa y herida. Sólo esperaba verla en la boda, pues no se creía capaz de pasar por esa farsa sin si apoyo.
Cuando el día llegó se iniciaron los preparativos de la ceremonia, Rafiki llegó puntual a la roca del rey. Todos los súbditos ya estaban reunidos, algunos obligados, otros por genuina devoción a la reina. Scarlett estaba junto a Azir, quien tomaba su mano lleno de felicidad y devoción, aun así, la reina no estaba del todo cómoda. Miró hacia abajo recurriendo cada rostro de entre la multitud sintiendo que la ansiedad en su interior crecía cada vez más, hasta que encontró el único rostro que quería ver. Oculta entre los árboles, estaba Shenzi. Al saber que realmente la forastera había asistido, Scarlett se relajó, la ceremonia empezó y poco tiempo después estuvo oficialmente unida a Azir ante las leyes de la tribu.