Después de unos meses, llegó el momento del parto. A petición de Scarlett, Shenzi estuvo ahí en la cueva real y Azir simplemente se había rehusado a irse, después de todo, era su bebé el que estaba por nacer. Tradicionalmente en la tribu, las madres daban a luz solas en privado, encomendándose a los designios de la naturaleza, pero Shenzi no iba permitir que la azabache hiciera una cosa así, por lo cual hizo que algunas de las suyas asistieran el parto.
Las forasteras le dieron instrucciones a Azir sobre las cosas que iban a necesitar, como agua caliente y mantas, así que el salvaje se puso manos a la obra y consiguió todo lo que se le pedía, aunque no le gustara tener que alejarse de la reina. Por otro lado, Shenzi no le apartaba de Scarlett ni un momento, en parte porque la azabache no se lo permitía ya que la tenía agarrada de la mano con bastante fuerza, pero eso no le molestaba mientras le ayudara a superar ese momento.
Tras varias horas de dolor y pequeños gritos, finalmente se escuchó el llanto de un bebé que sonó por toda la cueva. Azir apenas podía respirar de la emoción y Scarlett, a pesar de estar agotada, se mantuvo tranquila esperando a que las forasteras terminaran de revisar a su hijo y le dijeran qué era.
Shenzi sintió una punzada de dolor al ver la escena, se vio como una intrusa ahí, así que decidió que era el momento de irse ya que las otras mujeres también se estaban preparando para dejar en paz a la familia. Sin embargo, no pudo dar ni un paso en dirección a la salida, pues al verla dar la vuelta, Scarlett habló para detenerla.
Escuchar eso volvió a relajar a Scarlett. Si bien estaba feliz por el nacimiento de su primer hijo, le inquietaba que sólo fuera eso, felicidad por tener un heredero, alguien que siguiera su legado y no quería comprobar que esas inquietudes fueran ciertas, por lo cual había tomado la decisión de mantener cierta distancia con el niño. Sí, lo amamantaría, lo cuidaría, pero lo abrazaría y besaría lo menos posible, ya no hablar de decirle que lo amaba, todo por el pavor que le daba comprobar que realmente no sentía nada por él. Prefería vivir en la sombra de la duda a vivir en una posible cruel verdad.
Al día siguiente, Azir fue a ver a Rafiki para decirle del nacimiento de su primogénito puesto que el chamán de la tribu debía bendecir al niño y presentarlo ante todo el valle, por su parte Scarlett se había quedado en la cueva descansado y cuidando de su hijo. Mientras tanto, Shenzi le había pedido a Banzai que se hiciera cargo de sus responsabilidades por un tiempo, ya que estaría con la reina para ayudarle con el bebé. Banzai sabía lo cercanas que eran ella y Scarlett, así que aceptó sin problemas. Además, eso lo convertía en el líder de los forasteros, aunque fuera por unos días.
En la cueva, Scarlett estaba arrullando al recién nacido quien había terminado de beber su leche. Mientras lo dormía, la reina vio con más atención la cara del pequeño comprobando que la forastera tenía razón, Nuka se parecía más a su padre que a ella. Cuando el bebé se quedó dormido, Scarlett no lo llevó a la cuna, lo recostó a su lado y se quedó dormida junto a él. Al despertar, vio que el niño ya no estaba, cosa que le preocupó por un segundo, pero se desvaneció al ver a Shenzi meciendo al bebé a lado de la cuna.