Capítulo 12
En el pequeño valle de Timón y Pumba, también había pasado el tiempo y la pequeña Subira se había convertido en toda una mujer. Creció en un entorno colmado de tranquilidad, ajena a lo que vivían los tribales en el reino de Scarlett, sin nada que hacer más que comer, descansar, jugar y dormir. Sin embargo, de vez en cuando pasaba o escuchaba algo que la hacía recordar ese fatídico día cuando abandonó su viejo hogar.
Una noche, mientras miraba las estrellas con sus padres adoptivos recostados en el pasto, hicieron una pequeña competencia de eructos, la cual la chica ganó y por mucho.
- Uh, ese estuvo bueno Subira.
- Gracias. Chispas estoy llena.
- Yo también comí como cerdo.
- Ja, ja, ja, bueno Pumba, con tu tamaño es normal que comas más que nosotros.
- Sí, es cierto. –Los tres suspiraron relajándose más, pero Pumba quiso iniciar otra conversación.
- Timón.
- ¿Qué?
- ¿Nunca te has preguntado qué son esos puntos brillantes de arriba?
- Pumba, no me lo pregunto. Lo sé.
- Ah ¿Y qué son?
- Son luciérnagas. Luciérnagas que se quedaron pegadas en esa cosa media azul de arriba.
- Ah ¿Sí? Siempre pensé que eran bolas de gas quemándose a millones de kilómetros de aquí.
- Pumba, contigo todo es gas.
- Subira ¿Tú qué crees?
- Pues… no sé.
- Ay, vamos Subira dinos qué crees por favor, anda.
- Bueno…
- ¿Sí?
- Alguien me dijo una vez… que desde arriba los grandes reyes del pasado… están cuidándonos.
- ¿En serio?
- ¿Ósea que un montón de cadáveres reales nos están mirando? -ya que no lo entendías, Timón y Pumba empezaron a reír- Ja, ja, ja, uh, ja, ja, ja ¿quién te dijo esa tontería? ¡¿Qué bestia lo inventó?!
- Sí, que tontería ¿No? Sí. –Subira miró el cielo nocturno, pero ya no con la alegría y paz de antes, así que se levantó para ir a un lugar apartado.
- ¿Acaso dije algo malo? –Timón y Pumba se quedaron confundidos con el repentino cambio de humor de su hija.
Subira caminó hacia el borde de un pequeño barranco, miró las estrellas unos momentos más llena de melancolía para después dejarse caer sobre las plantas. Estás, al ser aplastadas por la chica, se les cayeron alguno pétalos, hojas y otras cosas, las cuales fueron arrastradas por el viento. Subira no lo sabía, pero ese viento llevó las plantas directamente al valle de Scarlett. Más específicamente, al árbol dónde vivía el chamán de la tribu.
A la mañana siguiente, cuando Rafiki vio que el viento arrastraba algo inusual, no dudó en subir a la copa de su árbol para atrapar lo que pudiera. Lo olió un poco, después bajó a donde tenía sus cosas, tomó un gran caparazón de tortuga, echó ahí los pedazos de planta que había atrapado y comenzó a agitarlos. Luego de observar por unos segundos, lo supo.
- ¿Subira? -miró la pintura que había hecho de la niña cuando nació- Subira. Ja, ja, ja ¡Está viva! ¡Está viva! Ja, ja, ja -arregló la pintura para darle una apariencia de una mujer adulta- ¡Llegó la hora!
De regreso en hogar de Timón y Pumba, ambos estaban dando un paseo por ahí, cuando Pumba vio un escarabajo volando frente a él y no quiso desperdiciar la oportunidad. Sin decir nada, se alejó siguiendo a su bocadillo, dejando a Timón solo, quien se quedó confundido cuando notó a ausencia de su pareja. Por su parte, Pumba ya estaba cerca de atrapar al escarabajo, pero entonces vio a la cría de un jabalí sola, en medio de la hierba seca.
- Oh ¿Qué pasa pequeño? ¿Perdiste a tu madre? -mientras sea acercaba a la criatura, vio que había alguien más acechando y a Pumba no le quedaron dudas, era un cazador- ¡¡AH!! –Tomó al jabalí y salió corriendo, pero el otro hombre corrió tras de él.
- ¿Pumba? –Timón escuchó el grito y corrió al lugar del que venían.
- ¡¡AH!! ¡¡AH!!
- ¡Pumba! ¡Pumba! -lo encontró atorado en la raíz de un árbol, aún con la cría en brazos- Pumba ¿Qué sucede?
- ¡¡ÉL SE LO QUIERE COMER!!
- ¡¿Qué?! -se asomó y vio que un hombre joven se acercaba corriendo cargando una gran roca- ¡Uy! ¡¿Por qué siempre te metes un lugares…?! ¡¡AH!! –No pudo terminar la pregunta ya que el hombre los había alcanzado. Sin embargo, Subira llegó a tiempo, se lanzó contra el intruso y empezaron a pelear.
- ¿Qué pasa?
- Tranquilo cariño aquí estoy. Todo va a salir bien.
- ¿Eh? –Soltó a la cría, la cual salió corriendo, mientras él trataba de ver lo que pasaba a sus espaldas.
Subira y el hombre continuaron peleando, mientras Timón trataba de darle instrucciones a la chica de dónde y cómo golpear, pero por el calor de la pelea no parecía escucharlo. Al final, el joven logró inmovilizarla en el pasto colocándose sobre ella. Sin embargo, lejos de frustrarse, Subira reconoció algo en el rostro del hombre al verlo más de cerca.
- ¿Nolan? -al escuchar el nombre, él la soltó y se apartó- ¿Eres tú, Nolan?
- ¿Quién eres tú?
- Soy yo, Subira.
- ¿Subira?
- Sí. –Él sonrió y corrió hacia ella.
- ¡Woaw! –Nolan abrazó y Subira correspondió el abrazo.
- ¡Woaw!
- ¡Lo sabía! ¡Sabía que debáis estar bien! –A pesar de lo feliz que estaba Subira, Timón no podía entender lo que pasaba.
- ¡Qué gusto me da verte Nolan!
- Y a mí el verte ¡Qué gusto!
- Oigan ¿Qué está pasando aquí?
- ¿Qué estás haciendo aquí?
- ¿Cómo que yo qué hago? ¿Tú qué estás haciendo aquí?
- ¡Oigan! ¡¿Qué es lo que sucede?! –Al escuchar el grito, ambos finalmente miraron a Timón.
- Timón, él es Nolan. Es mi mejor amigo.
- ¿Amigo?
- ¡Sí! ¡Oye Pumba! ¡Ven acá! -con un gran esfuerzo, Pumba logró salir de la raíz-. Nolan, él es Pumba. Pumba, Nolan.
- Es un placer conocerte.
- El placer es todo mío.
- Hola, no ¡Un momento! ¡Tiempo! ¡Tiempo! A ver si lo entendí. Lo conoces, te conoce, pero él casi nos mata por un pequeño jabalí. Díganme ¿Les parece lógico eso? ¡¿Me he perdido de algo?!
- Calma Timón.
- Espera a que sepan todos que aquí has estado. Y tu padre… ¿Qué va a pensar? –Eso hizo que Subira empezara a ponerse nerviosa.
- Eh… no… lo tiene que saber. Nadie debe saberlo.
- ¡Claro que sí! Todos creen que estás muerta.
- ¿En serio?
- Sí, Scarlett nos habló de lo que pasó en esa… carrera.
- Ah ¿Sí? Y… ¿Qué más les dijo?
- ¿Eso que importa? ¡Estás viva! Ósea que… ¡Tú eres la reina! –Timón abrió los ojos como platos al escuchar eso.
- ¿Reina? Ja, ja, chico, creo que se te cruzaron las mujeres.
- ¿Reina? Me postre a tus pies. –Pumba se arrodillo y empezó a pesar los pies de Subira, cosa que a ella le incomodó y se hizo a un lado.
- ¡Basta!
- No es postre es postro y espera, no es la reina -lo pensó un momento y después miró a Subira- ¿Lo eres?
- ¡¡NO!!
- ¡Subira!
- No, no soy la reina. Tal vez iba a serlo pero… fue hace mucho tiempo.
- A ver si te entendí. Eres una reina ¿Y no dijiste nada?
- Soy la misma de siempre.
- Pero con más poder. –Nolan se inclinó un poco para quedar a la altura de Timón.
- Por favor ¿Podrían disculparnos unos minutos?
- Ay, lo que quieras decir, puedes decirlo en frente de todos ¿No, Subira? –La chica lo pensó.
- Eh… mejor déjenos solos. –Timón se quedó boquiabierto al escuchar eso, pero no le quedó más opción que resignarse.
- ¡Lógico! Con estos amigos para qué queremos enemigos. –Él y Pumba se fueron dejando a solas a los dos amigos.
- Timón y Pumba. Van a caerte bien. -se volteó a ver a su amigo, pero ahora Nolan parecía estar triste- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Como que has resucitado. No sabes lo que significará para todos… y… para mí.
- Hey, tranquilo. –Nolan la volvió a abrazar, esta vez no con la alegría de hace un momento, sino con nostalgia y un profundo cariño.
- Te extrañé mucho.
- También yo a ti. –Ninguno de los dos se dio cuenta, pero Timón y Pumba se habían quedado cerca para espiarlos.
- Te digo Pumba ¡Apesta!
- Oh, perdón.
- No tú ¡Ellos! Él, ella, a solas.
- ¿Qué tiene de malo?
- ¿No es obvio? Se la va a llevar de aquí. Nuestra Subira se irá y volveremos a ser sólo nosotros dos.
- También puede que no.
- Yo no contaría con eso.