Capítulo 13
- Es hermoso ¿Verdad?
- Sí, lo es. Pero hay algo que no entiendo. Has estado viva todo este tiempo ¿Por qué no regresaste a la roca del rey?
- Es que quería ser independiente. Vivir mi vida. Eso hice y es hermoso. –La chica se subió a una lianas para recostarse.
- Nos hacías falta en casa.
- Ah, nadie me necesita.
- Claro que sí. Eres la reina.
- Nolan ya lo discutimos, no soy la reina, es Scarlett.
- Subira, Scarlett dejó que los forasteros invadieran el valle.
- ¿Qué?
- Todo lo destruyeron. Enjaularon a algunos de los animales, ahuyentaron a los otros, talaron los árboles. Ella tomó el control de la comida y el agua, sólo se los da a quienes se humillen ante ella. Subira si no haces nada moriremos de hambre.
- No puedo regresar.
- ¿Por qué?
- No lo entenderías. –Se bajó de las lianas y empezó a caminar.
- ¡¿Qué no entendería?!
- ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya! No importa, hakunamatata.
- ¿Qué?
- Hakunamatata. Es algo que aprendí aquí. Escucha, a veces pasan cosas malas.
- Subirá…
- Y si no se puede poner el remedio ¿Por qué angustiarse?
- Porque es tu responsabilidad. –Subira se detuvo y lo miró, su rostro ahora serio.
- Tú también te fuiste ¿No?
- Enterramos el cuerpo de Munira, pero jamás apareció el tuyo, así que siempre pensé que podrías seguir con vida. Finalmente pude escapar para tratar de encontrarte y lo logré ¡¿No lo entiendes?! ¡Eres nuestra esperanza!
- Lo siento.
- ¿Qué te ha pasado? No eres la misma Subira.
- Es cierto, no lo soy ¿Ya estás satisfecho?
- No, estoy decepcionado.
- Oh, ya empiezas a hablar como mi madre.
- Ojalá… fueras como ella. –Eso último sí enfureció a la chica.
- ¡Escucha! ¡¿Crees que puedes aparecer en mi vida y decirme cómo vivirla?! ¡No tienes idea de lo que he sufrido!
- ¡La tendría si me lo dijeras!
- ¡¡OLVIDALO!! –Subira dio media vuelta y se fue.
- ¡¡BIEN!!
Subira llegó a un paramo donde lanzó rocas y ramas que encontraba por ahí tratando de liberar algo de la frustración e ira que tenía, pero las palabras de Nolan seguían dándole vueltas en la cabeza, aunque también el recuerdo del cañón, lo que sólo la seguía enfadando más y más.
- Se equivoca, no puedo regresar ¡¿De qué irá a servir?! ¡No cambiaría nada! No se puede cambiar el pasado -miró al cielo nocturno con lágrimas en los ojos- ¡Dijiste que siempre estarías cuidándome! Pero no era cierto -empezó a sollozar- ¡Todo es por mí! Es mi culpa, es mi… culpa.
Mientras lloraba escuchó algo a lo lejos, al voltear, vio a un extraño hombre mayor trepado en un árbol balanceándose sobre las ramas mientras cantaba una rara canción incomprensible para ella. Ya que no tenía ganas de compañía, Subira lo ignoró y siguió caminando. Se recostó en el tronco de un árbol caído mirando su reflejo en el agua, pero entonces una rama cayó al estanque salpicando el rostro de la chica y haciéndola levantar la vista encontrando a ese extraño anciano otra vez cantando la misma canción.
- ¡Vamos! ¡Corta con eso! –Se levantó y siguió caminando, pero el hombre bajó del árbol para seguirla apoyado en su bastón.
- Si lo corto… vuelve a crecer. Ja, ja, ja, ja.
- Este desquiciado ¡Ya! ¡Deja de seguirme! ¡¿Quién eres?!
- La pregunta es ¿Quién eres tú? –Subira se quedó callada un momento.
- Creía saberlo, pero ahora ya no estoy segura.
- ¡Yo sé quién eres! -pasó su brazo sobre los hombros de la joven-. Ven acá, es secreto. –Subira acercó su oído, pero el anciano sólo volvió a cantar esa extraña canción, por lo que la chica se alejó.
- ¡Ya basta! ¡¿Qué quiere decir todo eso?!
- Quiere decir que eres un animal y el resto de las criaturas de aquí no.
- Creo que… estás algo confundido. –Se dio la vuelta para irse, pero de algún modo el hombre ya estaba de nuevo frente a ella.
- ¡No! Tú eres la confundida ¡No sabes ni quién eres! –Subira lo rodeo y continuó caminando.
- ¡Y supongo que tú sí!
- ¡Claro! Eres la hija de Munira -la mención de su madre hizo que Subira volteara bruscamente a ver al anciano- Adiós. –Él salió corriendo y la chica tras él.
- ¡Oye, espérame! -siguió al anciano, lo encontró meditando sentado en una roca- ¿Conociste a mi madre?
- Corrección, conozco a tu madre.
- No quería decirlo pero… ella murió… hace mucho tiempo.
- ¡No! ¡Te equivocas! Está viva y te lo voy a mostrar. Sigue al viejo Rafiki él conoce el camino, ven.