4.3: EL SILENCIO QUE ACUSA
Cuando Masariego llegó al Ministerio a las 8:00 AM (exactamente a tiempo, como siempre), algo extraño sucedió.
Nadie lo mencionó.
Había desaparecido durante tres días. Había desaparecido sin reportar. Había desaparecido sin explicación. Y nadie dijo nada. Ni una palabra. Ni una mirada de reproche.
Su escritorio estaba como lo había dejado. Sus expedientes estaban en el mismo lugar. Su vida estaba esperándolo como si no hubiera estado ausente en absoluto.
Era como si el Ministerio no hubiera notado su desaparición.
O como si hubiera notado, pero había decidido permitir que continuara.
O como si estuvieran esperando que cometiera un error.
Masariego abrió el primer archivo del día. Era un caso que había comenzado antes de su desaparición. Una familia que había sido marcada como "portadora de espiritualidad operativa". Estaban siendo monitoreados. Pronto serían reportados. Pronto serían ejecutados o recompactados.
Leyó los detalles.
Había un hijo de trece años. Parecía estar enseñando a otros niños a cantar. No canciones autorizadas. Canciones que no estaban en los archivos del Ministerio. Canciones que parecían ser sobre levadura. Sobre fermentación. Sobre pan.
Masariego levantó el teléfono para reportar.
Su dedo se detuvo sobre el botón.
Y pensó: Ellos solo están respirando. Solo están intentando que el aire exista entre ellos.
Colgó el teléfono.
No reportó el caso.
Simplemente no lo hizo.
Lo que significaba que estaba participando en una conspiración de silencio. Lo que significaba que estaba convirtiéndose en lo que había sido entrenado para destruir. Lo que significaba que la grieta estaba creciendo.
Y en la oficina contigua, alguien levantó la mirada justo cuando él colgaba.
#840 en Thriller
#249 en Paranormal
#85 en Mística
#realismometafísico, #distopíaespiritual, #thrillerteológicoángeles
Editado: 10.01.2026