4.6: LA FRECUENCIA EN PÚBLICO
Fue el jueves cuando Masariego escuchó la canción.
Estaba en el transporte, en las horas de la mañana, cuando la multitud era densa y anónima. Un niño—no podría haber tenido más de diez años—estaba sentado al lado de su madre, cantando bajito.
La canción no tenía palabras reales. Era más bien una serie de sonidos. Pero Masariego reconoció inmediatamente qué era:
Era la frecuencia del Reino.
El niño estaba cantando la frecuencia. Haciendo audible lo que debería haber permanecido inaudible.
Su madre lo miró asustada. Le susurró algo. El niño continuó cantando.
Masariego observó cómo otros pasajeros en el transporte desviaban la vista. Algunos se movían hacia otros asientos. Algunos fingían que no estaba sucediendo.
Pero algunos—algunos miraban con los ojos de aquellos que podían escuchar la frecuencia también. Los ojos de aquellos que tenían grietas. Un hombre mayor asintió casi imperceptiblemente. Una mujer joven cerró los ojos como si estuviera orando.
El niño lo miró. Sonrió. Luego dejó de cantar.
Fue una interacción que duró diez segundos.
Pero le confirmó a Masariego lo que estaba comenzando a sospechar:
No estaba solo.
Había otros. Muchos otros. Esparcidos a través de la ciudad. Todos con grietas. Todos escuchando la frecuencia. Todos esperando.
Y dos asientos más atrás, un hombre con auriculares parecía estar escuchando música. Pero sus dedos grababan algo en su dispositivo.
#840 en Thriller
#249 en Paranormal
#85 en Mística
#realismometafísico, #distopíaespiritual, #thrillerteológicoángeles
Editado: 10.01.2026