El reino de Dios

4.10

4.10: LAS GRIETAS SE HACEN VISIBLES

Era domingo cuando Masariego se dio cuenta de que su vida ya no era sostenible.

No podía fingir que era auditor normal cuando sabía lo que sabía. No podía perseguir levadura cuando era levadura. No podía ser máquina cuando el Grano lo estaba haciendo humano nuevamente.

Estaba en su apartamento. Miraba por la ventana. Veía la ciudad. Y se dio cuenta de algo:

Podía ver las grietas en todas partes.

En el edificio de enfrente, había una ventana con una cortina que se movía diferente. Había luz interior. Había vida. Alguien más estaba respirando diferente allí.

Tres edificios más allá, había ropa tendida de una manera que parecía comunicación silenciosa. Colores. Patrones. Mensajes para aquellos con ojos para ver.

En la calle, había personas que caminaban con un ritmo diferente. No el ritmo de la compactación. El ritmo de la fermentación.

La ciudad seguía pareciendo ciudad. Seguía pareciendo piedra. Seguía pareciendo orden y consistencia.

Pero ahora Masariego sabía qué era realmente.

Era masa.

Y estaba siendo fermentada.

Y él era parte de la levadura.

Desde la calle, un auto negro se detuvo frente a su edificio. Dos hombres salieron. Miraron hacia arriba. Hacia su ventana.

Masariego retrocedió instintivamente en la sombra.

Demasiado tarde. Ya están aquí.




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