3.3: LA PLATAFORMA DEL SUFRIMIENTO DISEÑADO
La Zona de Ejecución no se parecía a lo que Masariego había imaginado.
No había celdas. No había muros de piedra. No había horror visible.
En cambio, había arquitectura.
Había un espacio abierto—aunque "abierto" era la palabra incorrecta; era más bien "expuesto"—donde una multitud de personas estaba de pie. O más precisamente, donde las personas estaban siendo sostenidas de pie, porque muchas de ellas ya no tenían la energía para sostener su propio peso. Algunas tenían los ojos cerrados. Otras miraban al vacío. Todas estaban perfectamente alineadas, como productos en un estante.
En el centro del espacio había una estructura simple. Una plataforma. Nada más. Ni cadalso. Ni mecanismo de ejecución visible.
Simplemente una plataforma donde las personas eran expuestas.
Se llamaba "ejecución", pero no era muerte física. Era muerte social. Era la demostración pública de lo que sucedía cuando violabas la compactación. Cuando permitías que hubiera aire en ti. Cuando eras "Incurablemente Poroso".
Estaban sentenciando a uno ahora.
Masariego vio a una mujer en la plataforma. Tenía tal vez sesenta años, o tal vez treinta; era difícil decirlo cuando alguien había sido compactado tan completamente. Su ropa estaba rasgada. Su cabello estaba desordenado. Pero lo que era más perturbador que cualquiera de esas cosas era su expresión.
Estaba sonriendo.
No sonrisa de histeria. No sonrisa de locura. Era sonrisa de alguien que sabía algo que el resto del mundo no sabía. Era sonrisa de alguien que, incluso bajo la compactación máxima, había encontrado un espacio interno donde podía respirar.
Un oficial de seguridad estaba leyendo su crimen.
"Se identificó que la detestable ha estado operando como punto de distribución para materiales de espiritualidad operativa. Se determinó que su influencia ha infectado a treinta y siete ciudadanos. Se ha declarado incurable. Se procede a la ejecución pública."
Masariego observó cómo la multitud—porque sí había multitud; los ciudadanos normales estaban siendo obligados a presenciar—observaba con los ojos vidriosos de quienes sabían que estaban presenciando una advertencia.
Esto es lo que sucede si tienes aire interior.
Esto es lo que sucede si eres poroso.
Esto es lo que sucede si el Ministerio descubre que respiras diferente.
Fue en ese momento cuando Masariego vio algo que no debería existir.
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Editado: 10.01.2026