3.4: EL GRANO QUE BRILLA EN LA OSCURIDAD
En el pecho de la mujer en la plataforma, donde debería haber solo una cicatriz o una marca de identidad o nada en absoluto, había una luz.
No era luz ordinaria. No era reflejo de sol (aunque el sol nunca brillaba en la Zona de Ejecución; las nubes de compactación eran demasiado densas). Era luz que parecía venir desde adentro.
Era un Grano.
Masariego lo vio con la claridad de la revelación. Era un grano de trigo, pero de un material que no era materia ordinaria. Era como si fuera hecho de luz solidificada. O tal vez de significado cristalizado. O tal vez de las dos cosas simultáneamente.
Estaba brillando.
Y latía suavemente, como un segundo corazón.
Y aunque nadie más en la multitud parecía notarlo, aunque los guardias parecían ciegos a él, Masariego sabía que estaba allí. Sabía que era real. Sabía que era importante con una certeza que transcendía la comprensión racional.
Se movió hacia adelante sin pensar.
Los guardias lo vieron, pero no lo detuvieron. Asumieron que era un auditor que estaba documentando la ejecución. Los auditores tenían acceso a todo. Los auditores estaban autorizados a estar en cualquier lugar.
Masariego subió a la plataforma.
Los escalones crujieron bajo sus pies. El sonido fue anormalmente alto en el silencio comprimido.
La mujer lo miró. Sus ojos—que deberían haber estado vaciados por el sufrimiento—estaban llenos de inteligencia. Llenos de conocimiento. Llenos de algo que parecía casi como...
¿Reconocimiento?
"Lo estaba esperando," dijo ella. Su voz era débil, pero clara. "Sabía que vendrías a buscarlo."
Masariego no preguntó cómo lo sabía. Extendió la mano.
Su sombra cayó sobre ella. Los guardias observaban, pero no intervenían. La multitud contenía la respiración.
Tocó el Grano.
#840 en Thriller
#249 en Paranormal
#85 en Mística
#realismometafísico, #distopíaespiritual, #thrillerteológicoángeles
Editado: 10.01.2026