El reino de Dios

3.5

3.5: LA HIPERCONEXIÓN

En el momento en que sus dedos tocaron el Grano, sucedió algo que no tenía lenguaje.

No fue alucinación. Sabía lo que era alucinación. Había documentado casos. Sabía cómo se sentía la desconexión de la realidad ordinaria.

Esto era lo opuesto.

Era hiperconexión. Era que de repente sus sentidos fueron ampliados de una manera que el cuerpo humano no estaba diseñado para soportar.

Vio la ciudad.

No como la había visto siempre. No como hormigón y acero y luz gris.

Vio la ciudad como era realmente: como una masa gigante. Una masa de harina inerte. Una masa compactada. Una masa que había sido diseñada, a lo largo de siglos, para ser lo opuesto a la fermentación.

Pero en esa masa—aunque era imperceptible para los ojos ordinarios—vio algo más.

Vio levadura.

No como polvo. Como movimiento. Como trabajo invisible. Era como si millones de organismos microscópicos estuvieran trabajando silenciosamente en el interior de la masa, comiendo, transformando, fermentando.

Estaban en los Sótanos. Estaban en los hogares privados. Estaban en las mentes de personas que habían aprendido a pensar de manera diferente. Estaban en los actos pequeños de libertad que las personas realizaban cuando nadie estaba mirando.

La levadura estaba en todas partes.

Y estaba en Masariego también.

Podía sentirlo ahora. En el vacío que había sentido en su pecho durante años. El vacío no era vacío. Era espacio donde la levadura estaba comenzando a trabajar. Era el comienzo de su propia fermentación.

Escuchó una frecuencia.

No era sonido ordinario. Era vibración. Era el sonido de la fermentación misma. Era la frecuencia en la que toda la materia vivía cuando estaba siendo transformada por la Luz.

Era la frecuencia del Reino.

Y una vez que la escuchaste, no podías dejar de escucharla. Una vez que sabías que existía, lo único sorprendente era que ningún otro parecía poder oírla. Lo único sorprendente era que el mundo funcionaba como si fuera silenciosa, como si no existiera.

Pero existía. Estaba en todas partes. Era tan real como la gravedad. Tan real como el tiempo. Tan real como la muerte.

Era tan real como la vida.




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