El reino de Dios

3.8

3.8: LA DECISIÓN QUE YA ESTABA TOMADA

Masariego no reportó la investigación.

Simplemente no la hizo.

Se quedó en la Zona de Ejecución durante tres horas, observando, escuchando la frecuencia del Reino que ahora podía escuchar en todas partes. Observando a otros concondenados. Notando que cada uno de ellos, de alguna manera, tenía ese brillo en el pecho. Ese Grano. Esa Semilla de transformación.

Eran los Incurablemente Porosos porque no podían ser recompactados. Una vez que había entrado aire en ellos, la compactación no funcionaba. Solo causaba grietas. Solo hacía que el Grano brillara más.

Fue una revelación astuta y terrible.

El Ministerio pensaba que estaba destruyendo a los porosos. En realidad, estaba refinándolos. Estaba aplicando presión que los hacía brillar más. Estaba creando mártires, y los mártires eran el catalizador más poderoso del Reino.

Cuando salió de la Zona de Ejecución, el transporte ya no estaba en servicio. Era de noche. La ciudad estaba en su ciclo de descanso forzado. Las calles estaban vacías.

Masariego caminó.

Caminó hacia arriba, en lugar de hacia donde debía ir. Caminó alejándose del Ministerio, alejándose de su apartamento, alejándose de su vida.

Caminó hacia los barrios que no tenían nombres en los mapas oficiales. Hacia los lugares donde el Grano que había tocado parecía brillar más.

Después de dos horas de caminar, llegó a un edificio que parecía destartalado. Parecía pobre. Parecía un lugar donde una persona con autoridad nunca iría.

Era exactamente donde necesitaba estar.

Miró hacia atrás. La calle estaba vacía.

O eso parecía.

Entró.




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