El reino de Dios

2.3

2.3: EL PORO QUE SE ABRE A MEDIANOCHE

Ayer—aunque "ayer" era una palabra de tiempo lineal que no se aplicaba realmente a Azriel—Masariego había caminado una cuadra fuera de su ruta.

Azriel lo vio.

No lo vio con ojos, porque los ángeles Metrónomos no tenían ojos en el sentido que los humanos lo entendían. Lo vio como una variación en el patrón. Como una nota que se tocaba ligeramente fuera de tono en una sinfonía que había sido perfectamente regular durante veinticinco años.

Vio que Masariego había sentido el vacío.

Y lo que era más importante: vio que había respondido al vacío.

En lugar de intentar llenarlo con más compactación (lo que era la respuesta automática, lo que era la respuesta que el Desfermento hubiera aprobado), Masariego lo había permitido.

Había respirado alrededor de él.

Había dejado que existiera.

Esto era significativo. Más que significativo. Era el primer síntoma de que el Poro estaba abriendo.

Azriel podía verlo claramente ahora.

En la imagen interna de Masariego—la que no estaba hecha de átomos sino de significado puro, de potencial vivo—había una pequeña abertura. No era grande. Era microscópica. Pero estaba allí.

Era un espacio donde la Luz podría, posiblemente, empezar a penetrar.

En el Libro de Metatrón, la probabilidad cambió:

0.0003% → 0.0017%

Un Metrónomo en otra región hizo una pregunta silenciosa: ¿Es este el Sembrador?

Azriel respondió sin palabras: Todavía no. Pero podría serlo.




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