El reino de Dios

2.10

2.10: EL SUEÑO QUE PREPARA

Azriel volvió su atención a Masariego.

El hombre estaba durmiendo ahora, en su apartamento de piedra, en su ciudad de piedra. Pero su sueño era inquieto. Y en los confines de su inconsciencia, el pan estaba siendo roto.

Azriel podía ver la Semilla en el futuro de Masariego. Podía ver dónde sería plantada. Podía ver cuándo germinaría.

Pero todo eso era futuro probable. Todo eso podría cambiar si Masariego tomaba ciertas decisiones. Si el Ministerio respondía de ciertas formas. Si la ciudad se movía en ciertas direcciones.

Eso era lo hermoso y lo terrible de ser Metrónomo: que tenías que respetar la libertad incluso mientras intentabas orquestar el resultado.

Tenías que permitir que la masa eligiera ser fermentada, mientras introducías las condiciones exactas que harían esa elección posible.

En el sueño de Masariego, Encarnación le ofrecía un pedazo de pan.

"Come," decía ella. "Es solo pan."

Masariego tomaba el pan.

Y cuando lo mordía, algo en él se abría.

Azriel ajustó la frecuencia del sueño ligeramente.

Un 0.00001% de cambio.

Suficiente para hacer que el pan en el sueño tuviera un sabor más real.

Suficiente para que Masariego recordara el sabor al despertar.




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