1.3: EL ASCENSOR HACIA EL INFIERNO ORDENADO
A las 7:32, salió de su apartamento.
El elevador descendía en silencio—había sido diseñado para ser silencioso; el ruido era un signo de desorden. La música de fondo era la misma cada mañana: algo que podría haber sido composición original o podría haber sido ausencia de música diseñada para parecer música. Era difícil saber.
En la pantalla del elevador, un mensaje parpadeó:
"La consistencia es seguridad. La seguridad es libertad."
Masariego lo leyó por la cuadragésima séptima vez esta semana.
En la calle, el aire era gris. No por humo. Por densidad. Era como respirar agua espesa. Como si la atmósfera misma hubiera sido compactada. Masariego no recordaba haber respirado aire que no fuera así. Posiblemente porque no existía.
Caminó exactamente 1.3 kilómetros. Cruzó exactamente dieciséis calles. Pasó exactamente treinta y dos edificios.
En la calle 14, vio a un hombre siendo detenido por guardias. El hombre no resistía. Simplemente se dejaba llevar. Su rostro estaba vacío.
Masariego no disminuyó el paso. No aceleró. Caminó al mismo ritmo.
Esa es la quinta detención esta semana en esta ruta, pensó.
Luego dejó de pensarlo.
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Editado: 10.01.2026