El reino de Dios

1.6

1.6: LA CUADRA PROHIBIDA

Esa noche, Masariego hizo algo que no hacía: se desvió de su ruta habitual.

Normalmente, salía del Ministerio a las 17:00. Caminaba exactamente 1.3 kilómetros. Cruzaba exactamente dieciséis calles. Pasaba exactamente treinta y dos edificios sin mirar ninguno de ellos a los ojos (porque los edificios no tenían ojos, pero había algo en su presencia que sugería que deberían haberlos tenido).

Pero esa noche, caminó una cuadra adicional hacia el oeste.

No sabía por qué. Su cuerpo simplemente lo hizo.

Su mente dijo: Vuelve a la ruta.

Sus pies continuaron.

Llegó a una zona que no frecuentaba. Era más vieja. Los edificios eran menos perfectos. Las líneas no eran tan rectas. Había personas sentadas en los umbrales. Había una característica que Masariego no podía nombrar pero que reconocía del expediente del Caso 4,291:

Había grietas.

No en la piedra literal, aunque también las había. En algo más profundo. Era como si la estructura misma de la realidad en esa zona fuera menos densa.

Había una mujer repartiendo algo a los niños. No comida. No parecía ser comida. Era... pan. Pan que no tenía la uniformidad requerida. Pan que parecía hecho en una cocina no autorizada.

Los niños reían. Un sonido que Masariego no había escuchado en años. O quizás sí lo había escuchado, pero no lo había escuchado.

El trabajo de Masariego era reportarlo. Hacer exactamente lo que había hecho veintidós mil cuatrocientas treinta y ocho veces antes.

Sacó su dispositivo.

Abrió la aplicación de reportes.

Su dedo se cernía sobre el botón "ENVIAR".

La mujer lo miró.

No con miedo. Con... ¿curiosidad?

En el dispositivo, el botón parpadeó.

Masariego cerró la aplicación.

Pasó al lado de ella sin reportar. Sin documentar. Sin hacer la llamada al Ministerio.

Caminó rápido ahora. Demasiado rápido para ser normal.

Cuando llegó a su apartamento a las 18:47 (cuarenta y siete minutos tarde), supo que algo fundamental había ocurrido.

No podía identificar qué.

Pero podía sentir que el vacío en su pecho se había hecho un poco más grande.

Y ahora tenía hambre.

Hambre de algo que no era comida.




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