El reino de Dios

1.8

1.8: EL AMANECER DEL PORO

Cuando finalmente Masariego durmió, fue tres horas después de lo programado. Su sueño no fue profundo. Fue poblado de imágenes que no podía recordar al despertar.

Pero cuando se despertó a las 6:47 (el despertador funcionó perfectamente, como siempre), algo era diferente.

El vacío en su pecho aún estaba allí.

Pero ahora no se sentía como pérdida.

Se sentía como posibilidad.

Se sentía como espacio para que algo creciera.

Y aunque Masariego no podía nombrar qué cosa crecería en ese espacio—aunque no podía comprender cómo una cosa tan pequeña, tan imperceptible, tan completamente ordinaria como un pequeño vacío podía ser el comienzo de una transformación—supo, en algún nivel que estaba demasiado profundo para ser articulado en el lenguaje del Ministerio, que ya no era completamente piedra.

Que había un poro.

Que la levadura había comenzado a despertar.

Que en algún lugar de la ciudad, en una cocina no autorizada, alguien estaba preparando pan.

Se vistió. Se afeitó. Desayunó.

Todo como siempre.

Pero mientras salía de su apartamento, hizo una pausa en la puerta.

Miró hacia el oeste.

Hacia la cuadra prohibida.

Luego miró hacia el este.

Hacia el Ministerio.

Y por primera vez en cuarenta y siete años, Masariego no sabía qué iba a pasar a continuación.

Por primera vez en cuarenta y siete años, eso no lo asustaba.

Lo que lo asustaba era que una pequeña parte de él—una parte tan pequeña que casi no existía, pero que ahora indudablemente existía—quería que algo impredecible sucediera.

La fisura en la piedra se había iniciado.

En el Ministerio, en el piso 9, el guardia revisó los registros de ayer.

Vio la pausa de treinta y cuatro segundos.

Vio el desvío de ruta registrado por el rastreador en el dispositivo de Masariego.

Vio que no había reportado la anomalía del pan.

Marcó el archivo como "Vigilancia Pasiva - Nivel 1".

No era una alerta. Solo una nota.

Pero era la primera nota en el archivo de Masariego en veinticinco años.

Y aunque las fisuras en la piedra son pequeñas, microscópicas, casi imperceptibles:

Todas las grietas enormes comienzan así.

FIN DEL CAPÍTULO 1




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