El reino de Dios

Capítulo 7

CAPÍTULO 7: LA INVISIBILIDAD DEL REINO

Parte I: El Aprendizaje Comienza

Masariego vivió en el apartamento de Encarnación durante tres meses.

No como prisionero. Como aprendiz.

No había reglas formales. No había horarios. No había estructura del tipo que Masariego había conocido en su vida anterior. En su lugar, había algo que parecía caos pero que era en realidad una estructura tan compleja que Masariego necesitaba tiempo para comprenderla.

Aprendía observando.

Observaba cómo Encarnación se movía por la ciudad. Cómo ella se integraba perfectamente en la multitud, pero sin ser realmente parte de la multitud. Cómo ella parecía ordinaria, pero cuando mirabas más de cerca, veías que había algo diferente en la forma en que respiraba. En la forma en que ocupaba espacio. En la forma en que parecía tener un espacio interior que no podía ser compactado.

"El primer principio," dijo Encarnación una mañana, mientras preparaban pan, "es entender que el sistema no teme a la rebelión abierta."

"¿Por qué no?" preguntó Masariego.

"Porque la rebelión abierta es predecible. Cuando alguien se rebela, se comporta de maneras que pueden ser anticipadas, documentadas, neutralizadas. El sistema sabe cómo lidiar con la rebelión. Tiene protocolos. Tiene mecanismos. Tiene años de experiencia aplastando rebeliones."

Encarnación agregó agua a la harina.

"Pero el sistema tiene miedo a una cosa: a la gente que simplemente vive diferente sin anunciar que viven diferente. A la gente que es levadura, pero que es levadura tan silenciosa, tan imperceptible, que el sistema no sabe que está allí hasta que es demasiado tarde."

"¿Y cómo se logra eso?" preguntó Masariego.

"Con invisibilidad," dijo Encarnación. "Pero no invisibilidad en el sentido de esconderse. Invisibilidad en el sentido de ser tan completamente natural a lo que eres que el sistema no puede verte como anomalía."

Parte II: La Primera Práctica - La Rendija de Libertad

Fueron al transporte un día.

Encarnación lo llevó a una estación donde Masariego reconoció a guardias de seguridad. Guardias que sabían quién era. Guardias que lo buscarían si supieran que aún estaba vivo.

Pero Encarnación caminó directamente frente a ellos.

Y los guardias no la vieron.

O más precisamente, la vieron, pero no la registraron como algo importante. Fue como si ella fuera invisible en un sentido muy específico: no podían verla como amenaza, así que no podían verla como interesante, así que efectivamente no podían verla.

"¿Cómo hiciste eso?" preguntó Masariego cuando estuvieron seguros.

"No hice nada," dijo Encarnación. "Eso es el punto. No hice nada. No intenté esconderme. No fingí. Solo fui. Y cuando solo eres, sin intentar ser algo, el sistema no puede clasificarte. No puedes ser una amenaza si no estás intentando nada."

Fueron a un lugar donde había un supervisor de turno. Un hombre que estaba supervisando a trabajadores. Un hombre que estaba en medio de dar instrucciones aburridas, rutinarias, sobre eficiencia y consistencia.

Encarnación se detuvo a su lado.

Y durante treinta segundos, simplemente estuvieron de pie juntos.

Cuando ella se fue, el supervisor se vio diferente. No dramáticamente. Pero Masariego notó que su expresión se había suavizado ligeramente. Como si en esos treinta segundos, alguien le hubiera recordado que la libertad era posible.

"¿Qué acabas de hacer?" preguntó Masariego.

"Introduje una rendija," dijo Encarnación. "Una pequeña rendija de libertad. Fue tan pequeña que él probablemente no la notará conscientemente. Pero su cuerpo lo sabe. Su alma lo sabe. Algo en él se abrió un poco."

Caminaron durante una hora. Y Masariego vio a Encarnación hacer esto una y otra vez.

Tocar a alguien en el hombro de una manera que parecía accidental, pero que era completamente intencional. Sonreír a alguien de una manera que parecía aleatoria, pero que transmitía: Tu libertad es posible.

Caminar a través de una multitud de una manera que hacía que la multitud se abriera, como si el agua se dividiera alrededor de ella.

Hablar con alguien en una estación de comida sobre el clima, pero de una manera que hacía que el concepto del clima—el concepto del aire, del espacio, de la libertad para respirar—adquiriera un nuevo significado.

"Cada rendija es pequeña," explicó Encarnación. "Pero cada rendija permite que la luz entre. Y cuando la luz comienza a entrar, más luz puede entrar. Es exponencial. No lineal. Una rendija puede convertirse en dos rendijas. Dos rendijas pueden convertirse en cuatro. Cuatro pueden convertirse en ocho. Y pronto, la pared ya no es pared. Es simplemente un recuerdo de lo que una vez fue una pared."

Parte III: La Segunda Práctica - El Significado Invertido

Pasaron una semana en el Ministerio de Consistencia.

O más precisamente, en los alrededores del Ministerio. En cafeterías cercanas. En las calles adyacentes. En los sitios donde trabajadores del Ministerio descansaban durante el almuerzo.

"Mira las palabras," dijo Encarnación, señalando carteles que estaban en todas partes. Carteles que decían cosas como "LA CONSISTENCIA ES SEGURIDAD" y "LA OBEDIENCIA ES LIBERTAD" y "EL ORDEN SALVA."

"¿Qué ves?" preguntó.

"Propaganda," dijo Masariego. "Mentira diseñada para controlar."

"Sí," dijo Encarnación. "Pero mira más profundamente. Mira la estructura. Las palabras son reales. La seguridad es importante. La obediencia tiene su lugar. El orden es necesario. El sistema usó palabras reales y las corrompió. Las giró. Las convirtió en armas."

Encarnación señaló un cartel específico.

"'LA CONSISTENCIA ES SEGURIDAD,'" leyó. "Es verdadero. La consistencia proporciona seguridad. Pero el tipo de consistencia que el sistema enseña es una inconsistencia más profunda. Es consistencia de la compactación. Es consistencia de la asfixia. Es consistencia de la muerte lenta."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.