El Reino de las Bestias: El Despertar del Lago.

Primer capítulo.

"Hay lugares que no encontramos por casualidad, son ellos los que nos encuentran primero"

Las ramas crujen bajo nuestras botas mientras seguimos el estrecho sendero. El bosque es más denso de lo que esperaba. Los árboles se elevan tan altos que apenas dejan pasar la luz del sol. Jazmín camina al frente como si supiera exactamente a dónde vamos, aunque ninguna de nosotras está del todo segura de que sea verdad.

La excursión parecía una buena idea cuando Jazmín la propuso en la cabaña. Pero escuchando como jadea Haidy cada vez que subimos por el sendero, me da a entender que cambió muy rápido de opinión.

— Si nos perdemos, es tu culpa —dice Haidy desde detrás de mí.

Jazmín ni siquiera se detiene.

Las chicas y yo seguimos por el camino rocoso, con cuidado de no tropezar. El aire cada vez se siente más frío y agradezco haber seguido el consejo de Amelia. Con cada brisa que sopla en el bosque, veo a Cataleya abrazarse a sí misma para evitar el escalofrío que le recorre el cuerpo. Debió hacerle caso a su hermana y traer ropa más abrigada.

Frente a nuestras narices congeladas aparece una zona amplia, un poco más pastosa que el resto del tramo antes recorrido. El verde del pasto es claro y limpio, dando una sensación de frescura. Jaz detiene su caminar apresurado, viendo en cuál de las tres direcciones debemos tomar. Frunce el ceño hacia su celular último modelo y después alza la vista a uno de los caminos a nuestra derecha.

El lejano rocío de una cascada llama mi atención. Como si estuviera en trance, me muevo en la dirección del sonido. Es suave, casi distante, como si intentara esconderse entre el canto de los pájaros. Pero logro diferenciarlo. Muevo los pies. Uno delante del otro. Sin darme cuenta ya estoy corriendo, con una sonrisa en mi rostro.

Logro escuchar a una de las chicas decir que no debemos separarnos, pero solo la ignoro y sigo mi camino.

Doblando por una esquina me recibe un frondoso bosque. El verde de este lado es más oscuro que los anteriores, con troncos de un marrón profundo, casi negro. Corro, evitando golpearme con las ramas bajas y prestando atención a las raíces que sobresalen de la arena. Piso algunas rocas pequeñas y escucho el crujir de las ramas secas.

El murmullo del agua se vuelve más fuerte a medida que avanzo entre los árboles. Ya no es un sonido lejano. Ahora cae con claridad, constante, imposible de ignorar.

De pronto el terreno se abre frente a mí. Me detengo al llegar al borde de una pequeña colina cubierta de hierba húmeda.

Al otro lado, una cascada cae desde una pared de roca oscura. El agua golpea con fuerza las rocas del fondo y se dispersa en una nube de rocío.

Abajo, al pie de la colina, el agua forma un lago tranquilo. La superficie refleja los árboles del bosque con una quietud casi perfecta.

Me quedo inmóvil en la colina, intentando procesar lo que estoy viendo.

La curiosidad me empuja a avanzar.

Estoy a punto de bajar la colina cuando escucho pasos apresurados detrás de mí.

— ¡Mikaela! — la voz de Jazmín rompe mi momento de ensoñación.

Volteo y veo a la pelirroja correr hacía mí. Su frente tiene pequeñas gotas de sudor y su cara se encuentra del mismo tono de su cabello. Detrás de ella aparecen las demás chicas. Con una sonrisa les señalo hacia abajo. Donde el agua continúa tan quieta como hace un momento.

— Miren la maravilla que encontré.

— Les dije que Mika tiene talento para encontrar este tipo de cosas. —comenta Haidy, pasando a mi lado y tocando mi hombro.

La hierba húmeda resbala bajo mis botas mientras comienzo a bajar la pequeña colina. Jazmín, detrás de mí, se queja de como esto se sale del itinerario de excursión de hoy. Pero aún así escucho como baja la colina junto a Cayetana y Amelia.

Veo como Haidy se arrodilla junto al lago, quitándose la pesada mochila naranja con gris. Camino hasta quedar frente a la alta cascada y miro hacía el cielo. Hay una abertura encima del lago, y una pequeña parte de ese orificio es de donde baja agresivamente el agua.

Cayetana se acerca a mí lado, pasando ambos brazos por mi antebrazo izquierdo. Con cuidado recuesta su cabeza sobre mi hombro. Veo como sus ojos se iluminan mientras recorre con paciencia el paisaje.

— Es precioso. Nunca había visto algo como esto. —soltando mi brazo señala hacía la abertura y después al lago— Pareciera que algo redondo cayó desde el cielo, haciendo ese círculo perfecto de allá arriba y de acá abajo. —voltea a verme y sonríe, mostrando los brackets rosados— ¿No crees?

Volteo hacía la abertura y me doy cuenta que Cayetana tiene razón. Es un círculo perfecto.

— Sí. Tienes buena vista para estás cosas, Cata.

La joven solo suelta una pequeña risita. A lo lejos veo como Amelia saca un buzo de su mochila y se dirige en nuestra dirección. Le entrega el buzo gris a su pequeña hermana, sin antes regañarla por no hacerle caso. Sé que solo se preocupa por ella, pero aún no llega a darse cuenta que la avergüenza cuando la trata como bebé.

— ¿Qué tal si descansamos un rato aquí? —sugiero, viendo cómo Jazmín camina de un lado a otro con el celular en la mano— No hace tanto frío como en el bosque.

— Bien. —contesta Jaz— Pero recuerden que debemos ir al norte, allá está el mirador.

Asiento, distraída. Me inclino un poco sobre el lago. El agua, cristalina y quieta, deja ver el fondo con claridad. Grandes rocas negras descansan allí abajo, distribuidas con una armonía extraña, como si el lago invitara a nadar hasta ellas.

Tal vez solo sea la fascinación que he tenido desde pequeña por el agua. Como dice Haidy, soy la reencarnación de un pez. Pero eso solo provocó que mi madre explotara mi amor por la natación. Desde que tengo uso de razón he participado en concursos. Con el tiempo se convirtió en un círculo vicioso impuesto por mi madre. Inscribirme, participar, ganar. Siempre debía ser así. Todo debía ser perfecto. Y, con perfecto, me refiero a ganar. Aún recuerdo lo que decía antes que empezara la competencia.



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En el texto hay: bestias, romance y misterio, fantasía drama

Editado: 13.03.2026

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