Pasaron los días y nada interesante ocurría, los días eran monótonos, pero a pesar de que era un poco aburrido esto a Alice la tranquilizaba bastante, ya que significaba que nada había salido mal, que todo estaba en orden.
Pero ese día habían recibido una carta de un imperio vecino, el Imperio del Lirio de invierno solicitaba una reunión inmediata. Este otro reino era temido ya que era famoso por su violencia, estaban en constante guerra por conseguir nuevas tierras ya que las suyas no eran fértiles y las bajas temperaturas no les permitía tener ningún tipo de ganado.
Hacía mucho tiempo que se podía ver la tensión entre el Reino de las Rosas y el Imperio del Lirio de invierno, a lo largo de su historia habían peleado incontables veces. Pero a pesar de esto seguían manteniendo su acuerdo de paz y de cooperación, por lo que el Reino de las Rosas no podía rechazar la petición.
En el Reino de las Rosas normalmente eran los generales los que asistían en nombre del reino, ya que estos eran los que simbolizaban la estabilidad, pero el actual general, el padre de Alice, no estaba en buenas condiciones en cuanto a salud, por lo que no podría viajar hasta el castillo del Imperio del Lirio de invierno. Y por lo tanto, tendría que ir su sucesor, que en ese caso era una mujer, su única hija, Alice.
El viaje hasta el palacio del reino vecino era bastante largo y desagradable, las condiciones climáticas eran muy frías y, al ser un imperio tan grande, el viaje era largo. Por otro lado, al estar en constantes guerras, dependiendo de qué camino siguieran podrían verse envueltos en una pelea.
Alice y cuatro soldados más tendrían que partir hacía allí cuanto antes, por lo que empezaron a hacer los preparativos para el viaje. Alice estaba haciendo su maleta, escogiendo la ropa más abrigada que podía encontrar para el viaje; a pesar de su calmada actitud, estaba realmente agobiada y estresada. Mientras guardaba sus cosas con rapidez por culpa de su nerviosismo no se dio cuenta de que alguien había entrado en su habitación.
- No llegarás muy lejos tan nerviosa- dijo Rose con su usual tono molesto.
Alice se sobresaltó, inmediatamente poniéndose en pie firme, en el proceso dándose un cabezazo con una estantería que había sobre su cabeza.
- Auch...- se quejo Alice sujetando la parte de la cabeza en la que se había golpeado- quizás tengas razón- dijo mirando a Rose con una sonrisa avergonzada.
Rose solo rodó los ojos y se acercó a ella posando su mano encima de la de ella en el sitio afectado.
- Siempre tengo razón, Alice- dijo ella con tono pesado, pero sus ojos la delataban, estaba preocupada por ella.
- Estoy bien- dijo Alice con una sonrisa mientras con la otra mano acariciaba la mejilla de su amiga con cariño.
- Déjame mirar- espetó la menor con un tono neutral, pero con clara preocupación.
Rose no le dio tiempo a Alice de agacharse, simplemente la empujó hacia abajo y a pesar de su complexión, era bastante más fuerte de lo que aparentaba ser, ella se agachó aún más para que Rose pudiera ver bien el sitio afectado.
- De verdad que estoy bien- dijo la mayor entre risas.
- Calla- respondió la otra apartándose.
Alice sabía que Rose no estaba preocupada por aquel golpe, a fin de cuentas era un daño menor. Probablemente, al igual que ella, estaba nerviosa por aquel repentino llamado por parte del Imperio del Lirio de invierno.
Alice al notar el estado de su amiga solo negó con la cabeza mientras se levantaba, se acercó a esta y rodeó con sus brazos la cintura de la menor mientras apoyaba su cabeza en el hombro de esta.
- Estaré bien lo prometo- le dijo en un susurro reconfortante mientras cerraba los ojos.
- Prométemelo- respondió Rose. Pudo oír en su voz que estaba a punto de llorar.
- Lo prometo- le aseguró mientras acariciaba su espalda para tranquilizarla y la miraba con una sonrisa reconfortante.
Alice pudo notar cómo Rose la abrazaba con fuerza y escondía su cara, notó sus lágrimas en su cuello y acarició su pelo suavemente mientras seguía abrazando su cintura firmemente con su otro brazo.
- ¿Me escribirás?- preguntó Rose entre sollozos.
- No creo que pueda, Rose- le dijo la mayor mientras besaba su cabeza con ternura.
La más joven solo asintió y con el tiempo Rose dejó de llorar, ninguna de las dos parecía dispuesta a separarse de la otra, como si mantener ese abrazo impidiera el hecho de que Alice tuviera que irse.
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Editado: 17.02.2026