Al siguiente día los preparativos para iniciar el viaje ya estaban listos, Alice y los demás soldados estaban preparados para partir.
- ¿Todos listos?- preguntó Alice con tono firme.
- Sí, general- respondieron los cuatro al unísono.
Y así partieron en dirección al Imperio del Lirio de invierno. Nadie fue a despedirlos a pesar de que la incertidumbre de si regresarían seguía allí.
Cada uno viajaba en un caballo, que a parte de ellos mismos también cargaba sus pertenencias, la comida y el campamento que necesitarían a lo largo de su viaje. Había pasado ya casi un mes desde que partieron y todavía no habían llegado a la frontera.
Era de noche y ya habían montado su pequeño campamento, Alice calculaba que entrarían por fin en el imperio vecino al día siguiente y esto la ponía nerviosa; los nervios la llevaron a intentar entretenerse contando los suministros que les quedaban, así mantendría su mente ocupada. Por otro lado sus compañeros, los cuales habían traído alcohol, en ese momento se encontraban bebiendo con entusiasmo, al final cada uno tenía formas distintas de ignorar el nerviosismo y la incertidumbre.
- ¡Capitana, venga!- gritó uno de los soldados mientras los otros se reían.
Alice soltó un suspiro, le molestaba que no la llamasen por su título real, pero entendía que un hombre nunca la llamaría general si no fuera una situación muy delicada y se conformaba con el hecho de que por lo menos la tratasen como a una superior.
- ¿Qué necesitáis?- preguntó Alice acercándose a estos.
- Nunca vienes a divertirte con nosotros, por una vez puedes hacernos compañía- respondió uno de los solados incitándola a sentarse con ellos.
- Está bien- respondió ella sentándose con ellos, tampoco tenía nada mejor que hacer, ya sabía la cantidad de suministros con exactitud.
A pesar de haberse unido a ellos, Alice disfrutó más escuchando sus incoherentes conversaciones que participando en ellas, también gracias a eso descubrió cómo se llamaba cada uno, ya que anteriormente solo los conocía por sus respectivos títulos y apellidos.
El más alto de los cinco presentes se llamaba Charles y era el más callado entre los cuatro hombres, Alice y él no habían hablado en todo el viaje hasta aquel momento, pero no porque no la respetase, más bien porque no era muy hablador. Y a pesar de ser tan callado, se veía que el alcohol lo estaba afectando y por ende hablaba más de lo normal, aunque todavía seguía siendo el más reservado.
Por otro lado estaba Yves, este era el más bajo entre los hombres, por lo que había visto Alice era un chico muy educado y respetuoso, era el único que la había llamado general aunque fuera una vez. Ahora mismo por los efectos del alcohol se podía ver que Yves era más abierto y por lo que le había oído decir le gustaba mucho la poesía al igual que ella.
Por otra parte Eliot era el más extrovertido de los cuatro, siempre estaba hablando y ese momento no era una excepción, contaba sus anécdotas, pero Alice había notado que él no se sentía muy cómodo con una mujer como su superior, solía llamarla por su apellido, ya que llamarla por su nombre podría traerle muchos problemas. Por esta razón no solía dirigirse mucho a ella, ya que esto le incomodaba mucho.
Y por último estaba Jean, era un chico tranquilo, Elliot y él solían hablar mucho, por lo que Alice había notado, lo más probable era que ya se conocieran de antes. En ese momento Jean hablaba animadamente y Alice notaba como les miraba a ella y a Yves constantemente con una sonrisa extraña. Por lo que Alice había notado Jean tenía una opinión neutral hacia ella, no estaba ni de acuerdo ni en contra, simplemente actuaba normal y se dirigía a ella por su apellido.
Alice al principio estaba disfrutando de la compañía de sus un poco borrachos compañeros, ella estaba sentada junto a Yves, ya que este era con el que más cómoda se sentía y con el que había coincidido más veces en misiones anteriores, pero la mirada pícara que les estaba dedicando Jean la incomodaba un poco.
- ¿Bonnet usted no está comprometida verdad?- le preguntó Jean y pudo ver a Yves sonrojarse.
- No, no lo estoy- negó ella, no le gustaba a dónde se dirigía aquella conversación.
- ¿Y no le gustaría comprometerse con alguien? A su edad hay muchas jóvenes que incluso están casadas- sonrió él y noto al rubio sentado a su lado cubrirse la cara.
- No estoy interesada- negó firmemente- a parte de que mi futuro puesto me impide convertirme en una esposa- explicó ella sería.
Todos los presentes se sorprendieron por su respuesta, había dejado claro que no pretendía casarse y eso era muy extraño, las función de las mujeres era casarse, dar a luz, cuidar de la casa, de los hijos y de su marido, una mujer sin casarse no era nada. Pero era verdad que dadas las circunstancias no podría cumplir con su función como mujer y no sería justo para su marido, por lo que Jean decidió dejar el tema y empezar a hablar de algo completamente distinto, como si no hubiera pasado absolutamente nada raro.
Por otro lado Yves se despidió y se fue a su tienda de campaña, se le veía desanimado, pero nadie dijo nada y solo se despidieron de él. No mucho más tarde Alice decidió despedirse también, estaba cansada y tampoco estaba participando mucho en la conversación, por lo que se fue a dormir. Al fin y al cabo al día siguiente por fin cruzarían la frontera.
#2383 en Otros
#367 en Novela histórica
#636 en Detective
#81 en Novela policíaca
Editado: 17.02.2026