Había transcurrido ya mes y medio desde el inicio de su viaje, hacía ya mucho tiempo que habían cruzado la frontera y se encontraban en el Imperio del Lirio de invierno. Tan pronto como entraron tuvieron que cambiarse los ropajes, ya que el frío de aquel imperio era insoportable.
En el camino hacía el castillo se encontraron con pequeñas guerrillas, no les sorprendió, sabían que el imperio no estaba en su mejor momento y, al concentrar todo el dinero en la batalla, había mucha escasez en los pueblos. Esto sumado a que las tierras conquistadas no paraban de causar problemas y atacar como resistencia y rebelión.
A pesar de verse envueltos en estas pequeñas peleas entre la guardia y los ciudadanos, no tuvieron ningún tipo de bajas y pudieron escapar con facilidad. Al fin y al cabo, los del Imperio del Lirio de invierno prestaban atención a los oponentes y no a ellos, por lo que no tuvieron que pelear demasiado.
Después de un largo y cansado viaje por fin habían llegado al castillo, a pesar de que al principio tuvieron problemas para entrar, cuando enseñaron la insignia que representaba al Reino de las Rosas los dejaron pasar. Los miraban con claro desagrado, pero nadie decía nada.
Cuando llegaron les explicaron que el rey no estaba presente y les preguntaron cuál de los cinco era el general para poder hablar con él apropiadamente. Alice notaba cómo claramente ignoraban su presencia e intentaban actuar como si ella no estuviera allí, por lo que cuando preguntaron quién era el general dio un paso al frente.
- Yo soy la general- dijo ella neutral pero cortés.
El soldado que los estaba atendiendo se rio un poco y miró a los otros cuatro hombres que la acompañaban, pero en cuanto entendió que no era una broma no pudo evitar hacer una mueca de desagrado.
- ¿Están ustedes tratando de burlarse de nosotros?- preguntó el soldado del Imperio del Lirio de invierno un poco ofendido.
- No señor, estoy siendo completamente honesta- respondió ella sin siquiera flaquear un poco.
El hombre solo soltó un suspiro de desagrado pero no dijo nada más, simplemente los condujo a lo que serían sus aposentos en el periodo de tiempo que estuvieran allí. Cada uno tenía una habitación distinta, todas eran habitaciones simples, no tenían nada en especial, una cama, una mesa, una silla y un armario.
Alice se despidió de sus compañeros y del hombre que le había guiado hasta allí cortésmente. Estaba claro que el hombre todavía tenía que enseñarle los alrededores del castillo, pero no parecía gustarle mucho el hecho de que ella fuera una mujer y le daba la sensación de que sería mejor deambular sola por el castillo que ir con aquel guardia.
Cuando entró en su habitación cambió su abrigada ropa por su uniforme de general, así mientras vagaba por los pasillos del castillo sola no pensarían que era una intrusa y, quisieran o no, para dirigirse a ella tendrían que ser respetuosos.
Alice salió de la habitación ya preparada y comenzó su recorrido por el castillo. Notó que a diferencia de el Reino de las Rosas, el Imperio del Lirio de invierno tenía mucha menos decoración, las paredes eran más oscuras, los espacios más grandes y todo tenía un aire más sombrío y gélido. No le desagradaba en lo absoluto, pero echaba de menos las paredes pintorescas y acogedoras del Reino de las Rosas.
Mientras paseaba acabó saliendo al exterior, esto hizo que sintiera aún más el característico frío del imperio y que la poca ropa que llevaba para que su armadura se viera la hiciera tiritar. Pero poco le importaba el frío y decidió deambular por lo que se dio cuenta de que era un pequeño jardín.
Las vistas de aquel jardín eran sorprendentes, la nieve lo cubría de un blanco impoluto, pero aun así florecían unas flores preciosas que adornaban el hermoso jardín. Alice miraba con admiración su alrededor, hasta que su vista se detuvo en un punto fijo.
Los ojos de Alice se abrieron por completo mientras miraba sorprendida e hipnotizada a una chica que se encontraba sentada en un columpio en medio del jardín. La chica tenía un precioso pelo rizado del color de la mismísima nieve, llevaba puesto un abrigo de un color azul marino que la hacía parecer aún más hipnotizante junto con el paisaje, y cuando se giró a verla con ojos curiosos de un azul celeste precioso, Alice pudo jurar que había visto a la mujer más hermosa del mundo.
La chica la invitó a acercarse y esta aceptó antes de siquiera haber procesado lo que estaba sucediendo.
- Supongo que tú serás una de las soldados que viene del Reino de las Rosas- dijo ella con voz dulce.
- Así es; soy la general- asintió ella sin poder dejar de mirarla.
- ¿Siendo mujer?- preguntó la de pelo rizado, sorprendida.
- Así es- insistió ella con una sonrisa tranquila. Aquella chica la hacía sentir cómoda.
- ¡Que envidia!- suspiró ella.- Yo soy Elisabeth, primera hija de los Ivanova y actual princesa- se presentó con una sonrisa cortés.
- Encantada, princesa Elisabeth, yo me llamo Alice, futura general del Reino de las Rosas y cabeza de esta visita- se presentó mientras se arrodillaba y besaba la mano enguantada de la albina.
- Puedes llamarme solo Elisabeth- sugirió esta soltando una pequeña risa mientras se cubría los labios.
- Entonces puede llamarme Alice- añadió la general incorporándose y dedicándole una sonrisa.
Elisabeth se columpiaba mientras Alice permanecía a su lado, las dos hablaban tranquilamente, ambas disfrutaban de la compañía de la otra. Elisabeth era una chica un tanto peculiar, era muy educada pero a la vez muy cercana, tenía una voz dulce y calmada pero se notaba lo nerviosa que estaba, era todo un enigma y Alice solo se sentía aliviada por el hecho de que en un lugar desconocido en el que nadie estaba de su lado, había encontrado a alguien que no la juzgaba solo por el hecho de ser mujer. Quizá su estancia allí resultaría más agradable de lo que se esperaba.
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Editado: 17.02.2026