El Reino de las Rosas

Elisabeth

Los siguientes días Alice trató de descubrir por qué la gente evitaba tanto a Elisabeth, pero siempre que preguntaba todos decían lo amable y tímida que era la princesa. Lo peor que había oído sobre ella era que a veces era muy fría y distante, pero incluso ella había notado eso. Seguía sin entender por qué la gente se empeñaba tanto en dejarla de lado.

Ese día era la boda y al siguiente tendría que irse, sin embargo se negaba a partir sin saber qué pasaba, por lo que tuvo que recurrir a preguntarle a sus propios soldados.

- Yves, ¿le importaría si hablo con usted sobre algo?- preguntó respetuosamente, en ese momento debería estar poniéndose su vestido para la boda.

- ¡Claro, general, Bonnet! ¿Qué necesita?- preguntó con curiosidad y respeto el soldado.

Alice miró alrededor y al ver que no había nadie decidió preguntar.

- No es nada malo, es solo... ¿usted sabe por qué todo el mundo evita a la princesa Elisabeth?- añadió ella confusa.

- ¿No es la princesa Elisabeth su amiga?- preguntó él ahora un poco nervioso.

- Por eso mismo pregunto- asintió Alice.

- Bueno, no sé si de verdad querrá saberlo- dijo él un poco incómodo.

- Por favor- insistió esta tomando las manos del rubio en las suyas, mientras lo miraba con esperanza.

- Está bien- dijo este con las mejillas sonrojadas retirando la mirada- la señorita Elisabeth es conocida por ser muy sensible e impredecible, la gente prefiere no acercarse mucho a alguien que probablemente llore por cualquier cosa; sobre todo por sus extraños gustos: es una mujer que ama debatir, la astronomía e incluso luchar, a pesar de que es muy buena cuidando de sus hermanos y haciendo sus deberes como mujer, sigue siendo muy extraña- le explicó Yves todavía incómodo.

Alice soltó sus manos con incredulidad, estaba un poco enfadada, a pesar de ser conocida por su gran paciencia no pudo evitarlo. Esto le recordaba mucho a Rose, ya que ella también tenía muchos problemas para hacer amigos por su personalidad y esto solo hacía que se frustrara aún más.

- Pero eso no es justo- dijo ella respirando hondo para calmarse.

- Lo sé, general, pero ocurre lo mismo con usted, solo que usted, como tiene una personalidad más tranquila y es muy amigable, no tiene tantos problemas- le explicó Yves un poco preocupado.

Ella solo asintió, no estaba enfadada con él, puesto que si Yves tuviera la oportunidad, seguramente se llevaría muy bien con Elisabeth. Era el único hombre que conocía que respetaba a las mujeres, sabía que esa era la razón por la que su padre insistía en que fueran compañeros desde que eran niños.

- Gracias, Yves- dijo con una sonrisa más calmada mientras se despedía para retirarse.

- ¡Espere general!- le rogó con nervios- ¿le gustaría venir conmigo a la boda?

Alice le ofreció una sonrisa de disculpa, sabía que Yves sentía algo por ella, pero no quería darle esperanzas; ella no podría ser nunca una buena esposa.

- Lo siento, Yves, le prometí a Elisabeth que iría con ella- contestó Alice tratando de que entendiera que lo estaba rechazando.

- Claro general Bonnet, la veré allí- dijo él con una sonrisa forzada.

- Yves, aun así puedes llamarme Alice somos amigos ¿no?- añadió ella con una sonrisa triste.

- Claro, general, bueno, Alice- concluyó él un poco menos tenso.

Ella sonrió como despedida y se dirigió a sus aposentos, todavía tenía que prepararse. Pero para su sorpresa se encontró con una alegre Elisabeth llevando un bonito vestido en sus manos.

- Ayudé a hacer este vestido para ti, no soy la mejor diseñando pero espero que te guste- dijo Elisabeth entregándoselo.

Alice lo cogió en sus manos, se dio cuenta de que iba a conjunto con el vestido que llevaba Elisabeth y no pudo evitar sonreír.

- Me lo pondré ahora, espérame fuera.

Elisabeth asintió y salió de la habitación. Alice se puso el vestido, se notaba que Elisabeth no era la mejor con estas labores, pero por todo el esfuerzo que seguramente le había supuesto, decidió llevarlo. Cuando salió Elisabeth no estaba allí.

- Alice, hola- oyó a alguien llamarla.

- Princesa Grace- dijo besando su mano respetuosamente.

- ¿Va usted con alguien al baile?- le preguntó esta con curiosidad- yo iré con el príncipe Noah- dijo ella soltando un suspiro.

- Sí, yo iré con la princesa Elisabeth- respondió ella cálidamente.

- ¿Está usted segura? - preguntó Grace con preocupación- juntarse con Elisabeth solo arruinará su reputación ¿lo sabe?- inquirió algo alarmada.

- Claro que estoy segura- respondió esta; su sonrisa se había borrado por completo.

- Bueno, ¿quiere que le ayude con su peinado? Veo que todavía no ha terminado- preguntó tratando de cambiar de tema.

- No hace falta, gracias- dijo esta cortésmente mientras se despedía.

Alice no se había dado cuenta hasta aquel momento de lo mucho que veía a Rose en Elisabeth; aunque eran completamente distintas, una era amable y paciente, mientras que la otra siempre estaba enfadada y gritaba por todo; una lloraba por cualquier cosa y la otra moriría antes de que alguien aparte de Alice la viera llorar, pero aun así veía a Rose en Elisabeth. Sentía esa misma necesidad de protegerla y hacerle ver que no estaba sola, de que siempre sería su amiga.

Pasaron unas pocas horas y ya estaba completamente lista para ir a la boda, Alice llevaba el vestido que le había regalado su amiga y para recogerse el pelo se había hecho dos pequeñas trenzas y las había unido, dejando el resto de su pelo suelto. Por otro lado, Elisabeth llevaba un vestido que hacía conjunto con el de Alice y llevaba una pequeña coleta alta y el resto del pelo suelto.

Fueron juntas a la fiesta, allí se encontraron con Grace y Noah, estos decidieron acercarse, para sorpresa de Alice, y presentarse a Elisabeth. La princesa parecía realmente feliz de haber conocido a más gente y hablaba con ellos animadamente.




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