Capítulo 1
Habían pasado varios meses desde la caída de los Mapogo.
La sabana había cambiado.
Nuevos leones gobernaban antiguos territorios.
Viejos aliados habían desaparecido.
Y las historias sobre Mister T se habían convertido en leyendas.
Muchos creían que estaba muerto.
Otros aseguraban que nunca había existido.
Pero estaban equivocados.
Porque en las profundidades del Valle de las Sombras, unos ojos azules brillaban en la oscuridad.
Mister T había regresado.
Y esta vez era más poderoso que nunca.
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Una noche abandonó el valle.
Las sombras se movían a su alrededor como si fueran parte de su cuerpo.
Cada paso hacía temblar la hierba.
Cada rugido provocaba que las aves escaparan de los árboles.
La sabana sintió inmediatamente su presencia.
El Rey había vuelto.
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Su primer objetivo fue visitar el lugar donde sus hermanos habían librado la batalla final.
Allí permaneció durante horas.
Observando.
Recordando.
Makulu.
Sus hermanos.
Los años de gloria.
Las conquistas.
Las pérdidas.
Finalmente levantó la cabeza hacia el cielo.
—Lo juro.
Vengaré a cada uno de ustedes.
El viento respondió con un largo susurro.
Y las sombras comenzaron a moverse.
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Los primeros animales en unirse a él fueron aquellos que habían sufrido bajo los nuevos gobernantes.
Cebras expulsadas de sus tierras.
Jabalíes perseguidos.
Pequeñas manadas obligadas a abandonar sus hogares.
Mister T los protegió.
Y por primera vez comenzó a ganar algo que nunca había tenido en vida.
Respeto.
Incluso admiración.
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Pero no todos celebraron su regreso.
Muchos jóvenes leones vieron una oportunidad para ganar fama.
Si derrotaban al legendario Rey de las Sombras, sus nombres serían recordados para siempre.
Uno tras otro comenzaron a desafiarlo.
Uno tras otro fueron derrotados.
La leyenda creció.
Más grande que nunca.
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Una tarde, mientras patrullaba una región cercana a unas colinas rocosas, escuchó un rugido.
Era diferente.
Joven.
Fuerte.
Lleno de determinación.
Mister T siguió el sonido.
Y encontró a un león solitario enfrentándose a tres rivales al mismo tiempo.
El joven estaba herido.
Una profunda cicatriz cruzaba uno de sus ojos.
Pero seguía luchando.
Seguía resistiendo.
Seguía negándose a caer.
Algo en aquella escena despertó recuerdos.
Mister T vio en él una versión de sí mismo cuando era joven.
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Con un solo rugido hizo huir a los atacantes.
Los tres leones escaparon aterrados.
El joven quedó inmóvil.
Observando a la legendaria figura frente a él.
—¿Quién eres? —preguntó.
Mister T observó la cicatriz sobre su rostro.
Luego sonrió ligeramente.
—Desde hoy tendrás un nuevo nombre.
El joven inclinó la cabeza.
—¿Cuál?
—Scarface.
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Las sombras se movieron alrededor de ambos.
Por un instante, los ojos de Scarface brillaron con la misma energía oscura que una vez había poseído Mister T en su juventud.
Y el Rey de las Sombras comprendió algo.
Aquel encuentro no era una coincidencia.
Era el comienzo de algo mucho más grande.
Porque el heredero había aparecido.
Y la guerra contra el Devorador de Reyes estaba cada vez más cerca.