El Reino de Las sambras

El Heredero de la Cicatriz

Capítulo 2

La noticia se extendió rápidamente por toda la sabana.

Mister T había regresado.

Pero no regresó solo.

Ahora caminaba junto a un joven león marcado por una cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo.

Los animales comenzaron a llamarlo como su nuevo nombre.

Scarface.

Al principio nadie sabía quién era.

Pero pronto todos descubrirían que aquel joven estaba destinado a cambiar la historia de la sabana.

Scarface había vivido una vida difícil.

Había perdido a su familia cuando era apenas un cachorro.

Había sobrevivido solo.

Había luchado contra hienas, leopardos y otros leones mucho más fuertes que él.

La cicatriz en su ojo era el recuerdo de una de esas batallas.

Una batalla que casi le costó la vida.

Pero también lo convirtió en un guerrero.

Por eso Mister T vio algo especial en él.

No era solamente fuerte.

Era resistente.

Nunca se rendía.

Durante semanas viajaron juntos por las antiguas tierras de los Mapogo.

Mister T le enseñó cómo patrullar.

Cómo leer el viento.

Cómo anticipar una emboscada.

Cómo ganar una batalla antes de que comenzara.

Scarface aprendía rápido.

Demasiado rápido.

A veces incluso sorprendía a su maestro.

Una noche llegaron a una colina desde donde podía verse gran parte de la sabana.

La luna iluminaba las llanuras.

El viento agitaba las melenas de ambos leones.

Scarface observó las sombras que rodeaban a Mister T.

Siempre le había intrigado aquel poder.

Finalmente decidió preguntar.

—¿Qué son realmente esas sombras?

Mister T permaneció en silencio unos segundos.

—Son una fuerza antigua.

Más antigua que cualquier rey.

Más antigua que cualquier imperio.

Scarface observó cómo la oscuridad parecía moverse alrededor de su mentor.

—¿Y algún día podré controlarlas?

Los ojos de Mister T brillaron débilmente.

—Tal vez.

Pero primero debes demostrar que eres digno.

Aquella misma noche ocurrió algo extraño.

Mientras descansaban, Scarface tuvo un sueño.

En él caminaba por un enorme valle cubierto de niebla.

Un lugar que nunca había visto.

Y sin embargo parecía familiar.

En la distancia observó una figura gigantesca.

Una figura hecha completamente de oscuridad.

La misma entidad que había acompañado a Mister T durante años.

La criatura lo observó.

Y sonrió.

Scarface despertó sobresaltado.

Su corazón golpeaba con fuerza.

La luna seguía en el cielo.

Mister T permanecía despierto.

Observándolo.

—Lo viste, ¿verdad?

Scarface abrió los ojos.

—¿Cómo lo sabes?

Mister T no respondió inmediatamente.

Porque ya conocía la respuesta.

Aquella criatura rara vez elegía a alguien.

Y cuando lo hacía, siempre existía una razón.

Al amanecer continuaron su viaje.

Pero no eran los únicos que se movían por la sabana.

Muy lejos de allí, varios leones observaban desde una formación rocosa.

Eran jóvenes.

Fuertes.

Y peligrosos.

Habían escuchado los rumores.

Sabían que Mister T había regresado.

Y estaban decididos a acabar con él antes de que recuperara su antiguo poder.

Su líder se llamaba Kovu.

Un enorme león de melena dorada y mirada fría.

Había reunido una coalición de guerreros que compartían un mismo objetivo.

Matar al Rey de las Sombras.

—Si lo dejamos crecer —dijo Kovu—, volverá a gobernarlo todo.

Los demás asintieron.

Todos conocían las historias.

Todos conocían la leyenda.

Y ninguno quería vivir bajo su sombra.

Tres días después encontraron su oportunidad.

Mister T y Scarface atravesaban una región rocosa cuando los enemigos aparecieron.

Eran siete.

Más numerosos.

Más jóvenes.

Y confiaban plenamente en su victoria.

Kovu avanzó al frente.

—La leyenda termina hoy.

Scarface dio un paso adelante.

Pero Mister T lo detuvo.

—Observa.

—¿Qué?

—Y aprende.

Kovu rugió.

Los siete leones atacaron.

El suelo tembló bajo sus patas.

La batalla comenzó.

Scarface esperaba una pelea larga.

Esperaba una lucha difícil.

Pero lo que vio fue algo completamente distinto.

Las sombras comenzaron a surgir alrededor de Mister T.

Como humo negro.

Como una tormenta viviente.

Sus ojos brillaron con intensidad.

Y entonces se movió.

Era imposible seguirlo.

Su velocidad parecía sobrenatural.

Un enemigo cayó.

Luego otro.

Después un tercero.

Los rugidos de confianza se transformaron en gritos de terror.

Kovu intentó contraatacar.

Pero las sombras envolvieron sus patas.

Durante apenas un segundo quedó inmovilizado.

Y fue suficiente.

Mister T lo derribó de un solo golpe.

El combate terminó tan rápido como había comenzado.

Los supervivientes huyeron aterrados.

Kovu se levantó lentamente.

Herido.

Derrotado.

Humillado.

Antes de marcharse observó a Mister T con odio.

—Esto no ha terminado.

Mister T sostuvo su mirada.

—Lo sé.

Cuando los enemigos desaparecieron, Scarface permaneció en silencio.

Jamás había visto un poder semejante.

Jamás había imaginado que un león pudiera hacer algo así.

Por primera vez comprendió por qué toda la sabana temía a Mister T.

Y también por qué tantos animales lo seguían.

Esa noche, mientras descansaban junto a un viejo árbol, Mister T observó el cielo.

Algo no estaba bien.

Podía sentirlo.

La oscuridad estaba cambiando.

Volviéndose más inquieta.

Más agresiva.




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