El Reino de Las sambras

El Elegido de las Sombras

Capítulo 3

La derrota de Kovu y su coalición se convirtió en la noticia más comentada de la sabana.

Los animales hablaban nuevamente del Rey de las Sombras.

Pero esta vez también hablaban de otro nombre.

Scarface.

El joven león de la cicatriz.

El aprendiz de Mister T.

El heredero de una leyenda.

Muchos comenzaron a seguir sus pasos con curiosidad.

Otros con admiración.

Y algunos con miedo.

Porque cada día que pasaba, algo extraño parecía despertar dentro de él.

Todo comenzó durante una patrulla nocturna.

Mister T y Scarface recorrían las fronteras de un pequeño territorio aliado cuando escucharon gritos de alarma.

Una manada de gacelas corría aterrorizada.

Detrás de ellas avanzaban varias hienas.

Demasiadas.

Las gacelas no tenían escapatoria.

Scarface se preparó para intervenir.

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Por un instante, el mundo pareció ralentizarse.

El viento.

Los sonidos.

Los movimientos.

Todo.

Scarface podía verlo todo con una claridad imposible.

Como si sus sentidos se hubieran multiplicado.

Como si pudiera anticipar cada movimiento antes de que ocurriera.

Actuó por instinto.

Y en cuestión de segundos logró ahuyentar a las hienas.

Cuando todo terminó, Mister T lo observó en silencio.

Sabía exactamente lo que había visto.

Y aquello le preocupaba.

Porque eran las mismas señales que él había mostrado cuando era joven.

Las mismas.

Aquella noche, alrededor de una pequeña laguna, Scarface rompió el silencio.

—¿Qué me está pasando?

Mister T observó el reflejo de la luna sobre el agua.

—Las sombras te están llamando.

—¿Eso es bueno?

El Rey de las Sombras tardó en responder.

—Depende de quién responda.

Scarface no comprendió completamente aquellas palabras.

Pero una sensación extraña comenzó a crecer dentro de él.

Una mezcla de emoción y temor.

Porque parte de él deseaba conocer ese poder.

Y otra parte temía lo que pudiera descubrir.

Mientras tanto, el imperio de Mister T seguía creciendo.

Cada vez más animales buscaban su protección.

Jabalíes.

Ñus.

Cebras.

Incluso algunos leopardos comenzaron a respetar sus dominios.

Era algo que jamás había ocurrido durante su vida mortal.

Antes había gobernado mediante el miedo.

Ahora estaba aprendiendo algo diferente.

Lealtad.

Un día, una anciana elefanta llamada Zuri pidió hablar con él.

Era una de las criaturas más sabias de toda la región.

Había vivido durante décadas.

Y conocía historias olvidadas por el resto del mundo.

Cuando finalmente se encontraron, Zuri lo observó durante largo tiempo.

Como si estuviera mirando más allá de su cuerpo.

Más allá de las sombras.

Más allá de la propia muerte.

—La profecía era cierta —dijo finalmente.

Mister T frunció el ceño.

—¿Qué profecía?

La anciana levantó lentamente la trompa.

—La del Rey Oscuro y el León Marcado.

Scarface intercambió una mirada con su mentor.

Ninguno había escuchado aquello antes.

Zuri continuó.

—Hace generaciones, los antiguos guardianes hablaron de dos leones.

Uno nacido de la oscuridad.

Otro marcado por una cicatriz.

Juntos enfrentarían una amenaza capaz de destruir todos los reinos de la sabana.

Scarface sintió un escalofrío.

—¿El Devorador de Reyes?

La elefanta asintió lentamente.

El silencio se apoderó del lugar.

Porque aquello confirmaba los peores temores de Mister T.

Todo estaba conectado.

Su regreso.

Las sombras.

Scarface.

Y el despertar de aquella antigua entidad.

—¿Qué ocurre si fallamos? —preguntó Scarface.

La anciana cerró los ojos.

—Entonces no quedará ningún rey para recordar esta historia.

Aquellas palabras permanecieron en la mente de ambos durante días.

Y mientras intentaban comprender la profecía, algo mucho más peligroso estaba ocurriendo lejos de allí.

En una región olvidada más allá de las montañas negras, el Devorador de Reyes continuaba despertando.

Su gigantesco cuerpo permanecía oculto bajo capas de oscuridad.

Pero cada día recuperaba más fuerza.

Más conciencia.

Más poder.

Frente a él se encontraban varios leones arrodillados.

Antiguos enemigos de Mister T.

Leones derrotados.

Leones consumidos por el odio.

Entre ellos estaba Kovu.

Su orgullo aún ardía tras la derrota.

Y el Devorador conocía perfectamente cómo utilizar ese resentimiento.

—¿Deseas venganza? —preguntó la entidad.

Kovu levantó la cabeza.

—Sí.

—¿Deseas destruir al Rey de las Sombras?

—Más que nada.

La gigantesca sombra sonrió.

—Entonces sírveme.

Y te daré el poder para hacerlo.

Kovu aceptó.

Y no fue el único.

Muchos otros hicieron lo mismo.

Uno tras otro.

Formando un ejército.

Un ejército oscuro.

Un ejército creado específicamente para destruir a Mister T.

Mientras tanto, en Kruger, Scarface comenzaba a cambiar.

Cada noche los sueños regresaban.

Cada noche veía el Valle de las Sombras.

Cada noche escuchaba susurros.

Y cada noche la voz se volvía más clara.

Más cercana.

Más poderosa.

Hasta que finalmente ocurrió.

Una madrugada despertó sobresaltado.

Sus ojos brillaban con una tenue energía azul.

Las sombras giraban alrededor de sus patas.

Y por primera vez podía controlarlas.

Solo un poco.

Pero era suficiente.

Mister T observó aquello en silencio.




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