El Reino de las Sombras

​​​​​​​CAPÍTULO VI

Lo que duerme en mí

El comedor principal de Eryndor estaba absurdamente ruidoso.

Cientos de voces mezclándose bajo los enormes techos abovedados mientras antorchas azules iluminaban las interminables mesas de piedra negra repletas de estudiantes.

Normalmente Rowan estaría haciendo algún comentario dramático o probablemente molestando a alguien.

Sera insultando personas por diversión.

Pero hoy…la conversación giraba alrededor de mí.

Otra vez.

—No entiendo por qué actúas como si hubieras perdido horrible —dijo Rowan mientras se dejaba caer sobre la banca frente a mí—. Aiden literalmente pelea como un maldito psicópata elegante.

—Gracias —respondió Aiden desde el otro lado de la mesa con absoluta tranquilidad.

—No era un cumplido.

Yo removía la comida en mi plato sin demasiado interés.

La derrota seguía molestándome más de lo que debería.

No porque hubiera perdido.

Sino porque por un momento…había perdido concentración otra vez.

Y Aiden lo había visto.

Claro que lo había hecho.

“Hay algo en ti que se siente peligrosamente roto”. No podía quitarme esas palabras tan ciertas de mi cabeza.

—Además —continuó Rowan—, casi lo destripas en dos oportunidades. Yo considero eso una victoria emocional.

—La palabra “emocional” no vuelve eso menos deprimente —murmuró Sera.

Elias soltó una pequeña risa.

—Igual fue uno de los mejores combates del día.

Levanté apenas la vista.

—¿Lo fue?

—Sí —dijo Cassian—. Draeven casi nunca presta atención a estudiantes nuevos. Y hoy no dejó de mirarlos.

Eso no me hizo sentir mejor.

Porque Kael también había estado mirando.

Todo el tiempo.

Aiden apoyó un brazo sobre la mesa observándome con esa expresión arrogante que empezaba a irritarme demasiado.

—Te distraes fácil.

Levanté la vista lentamente hacia él.

—Y tú hablas demasiado.

Una sonrisa apareció apenas en la comisura de sus labios.

—Ahí está.

Rowan señaló mi cara dramáticamente.

—Perfecto. La asesina volvió a la vida.

Nyra permanecía completamente callada a mi lado.

Eso era lo peor. Porque normalmente ella ignoraba las conversaciones.

Pero ahora estaba demasiado silenciosa.

Como si siguiera pensando en la noche anterior.Como si todavía pudiera ver las llamas.Intenté ignorarlo.

Intenté ignorar todo.

La voz de Aiden.

La mirada de Kael.

El sueño.

Pero mi cabeza seguía volviendo a lo mismo.

Los ojos negros.

Y aquella voz diciéndome que dejara salir mi poder.

El escalofrío recorrió mi espalda inmediatamente.

—¿Lyra?

Parpadeé.

Darien me observaba desde el otro lado de la mesa.

—Te quedaste ida otra vez.

—Estoy bien.

Mentira.

Aiden me sostuvo la mirada apenas unos segundos más antes de inclinarse hacia atrás sobre la banca.

—No parece.

Nyra levantó finalmente la vista.

—Déjala respirar.

El tono frío de su voz hizo que el resto se callara inmediatamente.

Incluso Aiden.

El silencio duró apenas unos segundos antes de que Rowan volviera a hablar sobre algo absurdo relacionado con ilusiones y apuestas ilegales dentro de Eryndor.

Pero yo ya no estaba escuchando realmente.

Porque todavía podía sentir algo moviéndose bajo mi piel.Esperando.

El baño caliente no ayudó ni un poco.

El agua caía sobre mi cuerpo mientras intentaba relajar los músculos después del entrenamiento, pero el calor seguía ahí.

Siempre ahí.

Cuando regresé a la habitación, Nyra ya estaba sentada sobre su cama afilando lentamente una pequeña daga plateada.

La habitación estaba en silencio.

Solo el sonido del viento afuera y el roce metálico de la piedra contra la hoja.

Me senté sobre mi cama todavía con el cabello húmedo.

Nyra habló sin levantar la vista.

—Háblame de las pesadillas.

Mi respiración se tensó apenas.

Claro.

Eventualmente iba a preguntarlo.

Me apoyé lentamente contra la pared detrás de la cama.

—Siempre son iguales.

Nyra levantó finalmente la mirada hacia mí.

Esperando.

Tragué saliva.

—Estoy en un bosque.Todo está cubierto de niebla y fuego.

Y hay alguien ahí.

El viento golpeó la ventana violentamente.

—¿Quién?

Negué apenas con la cabeza.

—No lo sé.

Nunca puedo verlo bien.

Y eso era lo peor.

Porque la figura siempre parecía familiar.

Demasiado familiar.

—Solo veo la silueta —continué en voz baja—. Escucho su voz… pero nunca puedo distinguir su rostro.

Nyra permanecía completamente quieta escuchando.

—¿Y qué dice?

El calor bajo mi piel reaccionó inmediatamente.

—Que deje de controlarme.

La expresión de Nyra cambió apenas.

—¿Cómo?

Miré mis manos.

—Dice que deje salir mi poder.

El silencio llenó la habitación.

Nyra dejó lentamente la daga a un lado.

—¿Por qué te controlas tanto, Lyra?

Solté una pequeña risa amarga.Porque ella no entendía.

Nadie entendía.

—Mi padre me obligó a hacerlo desde que mi poder se manifestó.

La viento rugió afuera.

—¿Por qué?

Cerré lentamente los ojos.

Todavía podía recordarlo.

Las llamas.El miedo.Los gritos.

—Porque una vez perdí el control.

Mi voz salió apenas como un susurro.

Nyra no habló.

—Casi mato a mi madre.

El calor comenzó a subir lentamente por mis brazos otra vez.

—Después de eso…mi padre me prohibió usar fuego sin supervisión.

Siempre decía lo mismo.

Abrí los ojos lentamente.

—“El poder sin control destruye todo lo que ama.”

Las palabras todavía dolían.

Porque nunca habían sonado como una advertencia.

Sino como miedo.

Nyra me observó unos segundos más antes de hablar.




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