El Reino de las Sombras

CAPÍTULO VII

Oscuridad y cenizas

El fuego volvió.

Siempre volvía.

El bosque ardía otra vez frente a mí mientras la niebla negra se arrastraba entre los árboles muertos como criaturas vivas.

El calor me rodeaba.Me consumía.

Y aquella figura seguía ahí.

Esperándome.

No podía ver su rostro.Nunca podía.

Solo sombras.

Pero los ojos…Negros.

Completamente negros.

Vacío absoluto.

—Lyra…

La voz atravesó el incendio lentamente.

Suave.Antigua.Peligrosa.

Retrocedí automáticamente.

Las llamas comenzaron a crecer alrededor de mis brazos mientras las sombras negras se mezclaban con el fuego dorado.

Dolía.

Como si algo dentro de mí quisiera romperse desde adentro.

—Deja de contenerlo.

No.

El bosque comenzó a temblar violentamente.

El fuego explotó hacia el cielo.

Y desperté.

Abrí los ojos jadeando.

El pecho me subía y bajaba demasiado rápido mientras intentaba recuperar aire.

Todo mi cuerpo estaba cubierto de sudor.

Oscuridad.

La habitación seguía en silencio.

Nyra dormía del otro lado sin moverse.Por suerte.

Me llevé una mano temblorosa al rostro intentando calmarme.

Otra vez. Otra maldita vez.

El calor seguía bajo mi piel como brasas encendidas.

No podía respirar ahí.Necesitaba salir.

Me levanté lentamente intentando no hacer ruido y atravesé la habitación hasta abrir la puerta.

Los pasillos de Eryndor estaban casi completamente oscuros a esas horas.

Solo algunas antorchas azules iluminaban fragmentos de piedra negra mientras el viento de la tormenta silbaba a través de las enormes ventanas de la fortaleza.

El castillo se sentía distinto de noche.

Más antiguo. Más vivo.

Caminé sin pensar demasiado hacia dónde iba.

Solo necesitaba despejar mi cabeza.

Pero las palabras seguían resonando dentro de mí.

“Deja de contenerlo.”

Apreté apenas los puños.

No.No podía.No debía.

Doblé por uno de los corredores exteriores y me detuve inmediatamente.

Había alguien allí.

De pie junto al enorme balcón de piedra que daba hacia las montañas oscuras.

Kael.

El viento nocturno movía lentamente su cabello oscuro mientras permanecía inmóvil observando el cielo cubierto por tormentas.

Por un segundo pensé en irme.

Pero algo me detuvo.

Quizá la forma en que estaba parado.

Tenso.Contenido.

Como si incluso quieto hubiera violencia bajo su piel.

Kael Ravaryn siempre parecía controlar absolutamente todo.

Cada movimiento.

Cada mirada.

Cada palabra.

Pero en ese momento…parecía cansado.

La luz azulada de las antorchas rozaba apenas el perfil de su rostro marcando sus facciones afiladas y la línea dura de su mandíbula.

Era alto.

Mucho más de cerca de lo que recordaba.

Y peligrosamente atractivo.

No de una manera cálida como su hermano Aiden.

No. Aiden era arrogancia brillante.Sonrisas fáciles.Caos.

Kael era otra cosa completamente distinta.

Oscuridad.

Silencio.

Sombras.

Su cabello negro caía desordenado apenas sobre su frente y sus ojos…

dioses.

Sus ojos parecían demasiado oscuros para existir realmente.

Como si escondieran secretos antiguos debajo de toda aquella frialdad.

Entonces habló sin siquiera girarse.

—Llevas varios minutos observándome.

Mi respiración se tensó.

Maldición notó mi presencia.

Kael finalmente volvió apenas el rostro hacia mí.

—¿Qué buscas, Lyra Vaelith?

Su voz sonó grave.

Calma.

Pero había algo pesado debajo de cada palabra.

Tragué saliva antes de responder.

—No podía dormir.

Él me observó en silencio unos segundos.Como si pudiera ver demasiado.

El viento atravesó el balcón moviendo su uniforme negro mientras los relámpagos iluminaban las montañas detrás de él.

—Las pesadillas suelen hacer eso.

Mi pecho se tensó inmediatamente.

—¿Cómo sabe que estoy teniendo pesadillas?

Kael apoyó lentamente una mano sobre la piedra del balcón.

—Porque conozco la mirada de alguien que teme lo que lleva dentro.

El calor bajo mi piel reaccionó apenas.

Aparté la mirada hacia la tormenta.

—Todos aquí parecen pensar que voy a explotar en cualquier momento.

—¿Y tú qué piensas?

No respondí.

Porque no sabía la respuesta.

Kael me observó unos segundos más antes de hablar otra vez.

—Tu poder no es el problema.

Solté una pequeña risa amarga.

—Claro. Porque incendiar un aula claramente es algo normal.

Ni siquiera pareció alterarse.

—El miedo descontrola más magia que la ira.

Fruncí apenas el ceño.

—No tengo miedo.

Kael dio un paso hacia mí lentamente.

El aire pareció volverse más pesado inmediatamente.

—Mientes.

Mi respiración se cortó apenas.

Porque sí.

Claro que sí.

Le tenía miedo a mi magia.

A mis sueños.

A aquello oscuro despertando dentro de mí.

Kael sostuvo mi mirada con intensidad insoportable.

—No deberías temerle a tu poder, Lyra.

Su voz descendió apenas.

Más suave.

Más peligrosa.

—Solo necesitas aprender a controlarlo.

El calor bajo mi piel reaccionó violentamente otra vez.

Y odié cómo mi corazón empezó a latir más rápido simplemente porque estaba cerca.

Porque Kael daba miedo.

Mucho.

Pero también había algo magnético en él.

Algo imposible de ignorar.

Como si las sombras mismas lo siguieran.

—¿Y si no puedo? —pregunté en voz baja.

El silencio cayó unos segundos entre nosotros mientras la tormenta rugía alrededor de Eryndor.

Kael me observó fijamente.

Oscuro.

Impenetrable.

—Entonces Eryndor te destruirá antes de que tú destruyas a alguien más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.