El Reino Kimin: La Odisea de Lomin

C A P I T U L O 10: BASILISCO

El océano comenzó a agitarse con rapidez y Lomin se alertó mientras llevaba la mirada hacia los lados en búsqueda del basilisco.

Empleando aun una fuerza mayor sobre el remo, se apresuró a llegar hasta la isla, mientras que un fuerte viento comenzaba a azotarla y los truenos se tornaban cada vez más audibles y los relámpagos caían a una distancia cercana a ella.

El tramo hacia la isla estaba acotándose, sin embargo, antes de poder llegar a la orilla, la enorme criatura se hizo visible frente a ella.

Un siniestro ofidio verdoso con cuernos puntiagudos sobre su cabeza, un extenso y voluminoso cuerpo que rondaba entre los doce y catorce metros de altura, se posó frente a ella mientras que el agua se deslizaba por su escamoso cuerpo y unas cuantas gotas cayeron sobre Lomin y la embarcación.

La criatura dejó ver sus temibles colmillos filosos mientras que un irritable siseo brotaba de sus fauces.

—No importa lo que pase, nunca debes mirarla a los ojos.

Recordó en su cabeza, las palabras de Mazin y rápidamente tomo el escudo brindado por su maestro para posarlo frente a ella y que la mirada de la criatura no pudiera petrificarla.

Con gran coacción, el basilisco se adentró en las aguas, lo que causó la agitación de la embarcación. Lomin tomó la espada forjada por su madre para seguidamente custodiar sus alrededores, pero no había rastros de la criatura y comenzaba a inquietarse.

Una extraña sensación recorrió por todo su cuerpo, una sensación que nunca había sentido anteriormente y que parecía haberse despertado en esos momentos y es que podía saber en donde se hallaba el basilisco, incluso sin estar a la vista. Se encontraba por debajo de su embarcación, lista para derribarla a toda velocidad de un solo impacto.

Antes de que Lomin pudiera hacer algo al respecto, la criatura había logrado derribar la embarcación y junto con ella, a Lomin, quien esta vez se encontraba sumergida en las pérfidas aguas, una notable desventaja la sacudía.

Buscó a su alrededor, el escudo, pero no había rastros de el y sabía que no iba a poder vencer a la criatura sin el, por lo que sin lugar a dudas, Lomin se adentró en el océano en la búsqueda de escudo.

Lomin nadó entre las aguas en la búsqueda del escudo, el cual vió a la distancia mientras se hundía en las profundidades del océano. Braceó con la mayor rapidez posible en su búsqueda, pero se detuvo abruptamente al sentir la presencia de la criatura cerca de ella. 

Dos brillantes luces resaltaban de entre la inmensidad, eran los ojos del basilisco, por lo que Lomin nadó hacia el escudo con la mayor fuerza posible y nuevamente podía sentir a la criatura, preparándose con gran furia, lista para volver a atacar.

Una vez que logró conseguir el escudo, se apresuró a nadar hacia la embarcación, pero fue en vano, la criatura era el doble de veloz y en su lugar, con la mano restante, tomó entre sus manos, la espada de su madre.

Cerró sus ojos y con solo su perspicacia, realizó un abrupto movimiento con la espada en cuanto sintió su cercanía y estaba en lo correcto, había logrado clavar la espada en el lomo de la criatura, la cual, con un gemido de dolor, arrastró a Lomin hacia el interior del océano. 

El basilisco, con gran exasperación, comenzó a buscar a Lomin con la mirada, pero al no hallarla, se adentró en las aguas nuevamente con gran brusquedad y Lomin se había desprendido de la espada, el impacto había logrado desvanecerla momentáneamente.

—Despierta, Lomin— oyó una voz femenina rondando por su cabeza— Debes despertar— oyó nuevamente.

Y sus ojos se abrieron repentinamente, había estado un tiempo prolongado bajo el agua; sin embargo, el agua no se había adentrado en sus pulmones.

A lo lejos, sobre la superficie, observó la embarcación y nadó hacia ella para seguidamente adentrarse en ella. Sus armas se encontraban intactas, inclusive el escudo y la espada de su madre.

—Creí que la embarcación había volcado— comentó para sí misma.

Y nuevamente se alertó cuando volvió a sentir la presencia de la criatura merodeando cerca de ella.

De pronto, la horripilante criatura descargó un golpe rápido, hábil y mortal sobre la embarcación, esta vez había conseguido perforar la misma y comenzaba a hundirse con gran rapidez. Tomó algunas de las armas, incluyendo el escudo y la espada de su madre, para seguidamente volver a sumergirse entre las aguas. Llevó la mirada hacia la isla, la cual solo se encontraba a unos centímetros de donde estaba y con la poca energía que le quedaba en cuerpo, braceó hacia ella, había conseguido llegar hacia la orilla de la misma; sin embargo, no podía bajar la guardia. 

Las aguas de pronto comenzaron a inquietarse más de lo normal y el basilisco se hizo presente nuevamente frente a Lomin, estaba lista para dar el último ataque que acabaría con ella. Se arrastró hacia el escudo, el cual tomó entre sus manos, y en cuanto la criatura se abalanzó hacia ella con gran furia, esta situó el escudo frente a ella, y finalmente, el basilisco se encontró con su propio reflejo y dos brillosos ojos que la penetraron en ese mismo instante.

La criatura se alejó de ella, quedando extenso y voluminoso cuerpo de vista a la isla, mientras que lentamente perdía la movilidad de su cuerpo y un color grisáceo reemplazaba cada verdoso rincón de su figura. Finalmente, Lomin podía observar a la criatura sin morir en el intento, mientras que la criatura se evaporaba lentamente ante sus ojos.

Una vez que Lomin se aseguró de haber aniquilado al basilisco, se derrumbó en la orilla de la isla para lograr recuperar la energía que había perdido durante el enfrentamiento.

La energía había regresado a su cuerpo y algo inédito estaba sucediendo ante sus ojos, la embarcación estaba siendo restaurada y el resto de sus armas estaban siendo arrastradas hacia la orilla. Se arrodilló de vista al océano para seguidamente juntar sus manos en señal de ruego. 




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