El Reino Kimin: La Odisea de Lomin

C A P I T U L O 12: HIDRA

De camino hacia el golfo de Argolida, Lomin no podía sacar de su mente las palabras de las gorgonas, no era posible que fuera la hija de Medusa y el tan repudiable, Dios del Mar, por lo tanto, sobrina de esas dos criaturas gorgonas, Esteno y Euriale.

Lomin cerró los ojos momentáneamente mientras el viento golpeaba su rostro y la azotaba un abatimiento temporal. Sus ojos volvieron a abrirse y con una de sus manos tomó el gorgoneion que rodeaba su cuello, mientras que un recuerdo vino a su mente.

—Padre, mira lo que he hallado— una eufórica y pequeña Lomin corrió hacia su padre con una reliquia entre manos.

Adio observó el medallón hallado en una abandonada cueva a las afueras del reino para seguidamente agazaparse a la altura de la pequeña y acariciar su cabello.

—¿Sabes lo que esto?— interrogó Adio en referencia a la reliquia.

Lomin observó a su padre con curiosidad para seguidamente negar con la cabeza.

—¿Es algo malo?

Adio negó en respuesta acompañada por una sonrisa.

—Es un amuleto apotropaico que, en palabras más sencillas, es un amuleto de protección que si lo llevas contigo— Adio tomó el amuleto para situarlo alrededor del cuello de Lomin— Tendrás protección a donde sea que vayas, porque el poder que tiene este amuleto es tan grande que te mantendrá a salvo siempre que lo lleves junto a ti.

Lomin tomó el amuleto entre sus manos.

—Entonces, puedes tenerlo, padre. Puedes tenerlo hasta que crezca y sea una gran guerrera como el maestro Mazin y pueda protegerte.

Lomin se deshizo del amuleto, pero fue detenida por su padre.

—Solo tres seres especiales pueden llevar este amuleto y tú eres uno de ellos. Encuéntralos cuando seas una gran guerrera y sabrás por qué es especial al igual que tú.

—¿Seres especiales?, ¿como criaturas mágicas o dioses?

—Más bien, uno de ellos es un gran guerrero que lleva consigo una resplandeciente espada de oro, llamado Chrysaor y el otro es una hermosa criatura alada llamada Pegaso.

—¿Chrysaor y Pegaso?— repitió Lomin.

Adio asintió con la cabeza.

Los ojos de Lomin se abrieron con lentitud y con unas de sus manos, secó la lágrima que se había deslizado por una de sus mejillas.

Aún tenía aquel recuerdo tan vivaz en su memoria

—Chrysaor y Pegaso— repitió en voz alta.— Los hijos de Medusa y— pero sus palabras se detuvieron, no podía siquiera pronunciar su nombre.

Lomin se deshizo de aquellos pensamientos que la estaban abatiendo, debía de concentrarse en su enfrentamiento con la Hidra, no podía darse el lujo de pensar en otra cosa que no fuera su padre y el tiempo continuaba corriendo.

A la distancia, el golfo de Argelida comenzaba a visualizarse y la noche comenzaba a resurgir.

Lomin arrancó un trozo de la tela de su atuendo para seguidamente cubrir su nariz y boca con el y así poder evitar respirar el venenoso aliento de la criatura.

Las tierras que rodeaban el golfo le dieron la bienvenida a Lomin mientras que un paso de agua entre medio de ellas, la esperaba para llegar hasta su objetivo y recordó nuevamente las palabras que había oído durante su infancia.

—No hay comparación con el basilisco, si tienes suerte, te encontrarás con la Hidra de tres cabezas, pero en el peor de los casos, sus cabezas son más de las que puedas contar a simple vista.

Lomin estaba lista para enfrentarse a la criatura.

—Espero tener suerte— enunció en voz alta.

Se adentró en el golfo de Argelida hasta arribar hacia las cercanías del lago homónimo, en donde residía la hidra y un sinfín de arboleda rodeada por verdosas aguas, le indicaron que había llegado a su destino.

Descendió de la embarcación para seguidamente ubicarla en las cercanías. Levantó la mirada hacia la arboleda y descubrió que sus diversas ramificaciones se conectaban entre si, por lo que con completo sigilo comenzó a escalar uno de ellos hasta llegar lo más arriba posible y continuar hacia el árbol contiguo. Se detuvo momentáneamente y con ambas manos entrelazó el árbol en el que se encontraba para seguidamente bajar la mirada hacia lago, que se encontraba inquietamente tranquilo. Lomin avanzó hacia el árbol siguiente, comenzaba a adentrarse en las profundidades del lago.

Un lejano sonido proveniente de las aguas alertó a Lomin quien se detuvo abruptamente y llevó la mirada hacia el lago.

Numerosas burbujas comenzaron a formarse en la superficie de las aguas y eso solo podía significar una mala señal. Se apresuró para llegar al siguiente árbol, sin embargo, la criatura había resurgido de las aguas y con el dorso de su cuerpo asentado al árbol, hizo lo posible para aferrarse a el con ambas manos, mientras que la criatura se encontraba frente a ella y la suerte no estaba de su lado.

A simple vista podía contar alrededor de nueve cabezas, nueve cabeza que estaban lista para atacarla. La criatura se abalanzó hacia Lomin, sin embargo, esta dio un salto hacia una de sus cabezas y deslizarse por su cuello hasta llegar al dorso de la misma. Rápidamente, llevó la mirada hacia lomo de la hidra y notó algo que podría serle de ayuda.

Si bien la hidra podía contar con infinidades de cabezas, todas ellas surgían de una cabeza principal, la cual contaba con un escudo protector que si era capaz de destruirlo, iba a lograr derrotar a la criatura.

Con la dificultad de la criatura en constante movimiento, se arrastró por su lomo para poder llegar hasta el escudo, pero las nueve cabezas se giraron hacia ella y de una en una comenzaron a estirarse hacia ella para poder atacarla, sin embargo, Lomin hizo todo lo posible para esquivar sus golpes mientras continuaba con su objetivo que era llegar hasta el escudo protector, sin embargo, no tardo en darse cuenta de que no iba a poder destruirlo con una de sus armas tradicionales y una idea vino a su mente. 

Si la hidra era capaz de girar sus cabezas hacia su dorso y atacar, podía intentar atraer a las cabezas hacia el escudo y que el mismo impacto de sus golpes destruyeran el escudo. Retomó su postura y con pasos acelerados, avanzó hacia el escudo y solo quedaba esperar por el ataque de las cabezas, sin embargo, no contaba con que las cabezas podían atacar desde diferentes puntos, por lo que rápidamente tomó el escudo brindado por Mazin, que llevaba en sus espaldas y se cubrió ante el ataque de una de las cabezas que rebotó sobre el escudo, a lo que la criatura largó un estruendoso rugido. Lomin tomó la espada forjada por su madre y esperó nuevamente por su ataque, debía lograr destruir el escudo.




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