El Reino Kimin: La Odisea de Lomin

C A P I T U L O 40: ESCAPE

Lomin era consciente de que la prohibición de Neul para tomar la corona no era suficiente para garantizar la seguridad de su reino y la justicia para las víctimas. Sabía que debía actuar con rapidez y astucia para asegurarse de que Neul no pudiera volver al trono.

La aldea de Nakhon se había convertido en un refugio temporal para Lomin, Adio y Mazin. Después de los eventos tumultuosos en el palacio y el juicio de Neul, sabía que no podía quedarse en un solo lugar durante mucho tiempo. Se mantenían alerta, conscientes de que el príncipe destituido no se detendría ante nada para proteger sus oscuros secretos.

Las noches eran especialmente tensas. Lomin, Adio, Bin y Mazin compartían historias en susurros, planeando su próximo movimiento mientras las estrellas brillaban en el oscuro cielo. Pero un silencio inquietante se cernía sobre ellos, como una tormenta que se avecina.

Un oscuro plan se estaba desarrollando en las sombras del palacio de Neul. Temeroso de que Lomin y sus aliados pudiera arremeter nuevamente en su contra, el príncipe envió a sus soldados, liderados por Lekkas, en busca de venganza. Quería eliminar a Lomin y Adio de una vez por todas.

Una noche, cuando la luna estaba alta en el cielo y el silencio envolvía la aldea, los tres se encontraban en su modesta vivienda discutiendo los próximos pasos. Pero su tranquilidad se vio interrumpida de repente por un siniestro susurro en la oscuridad.

Adio, que estaba de pie junto a la ventana, se giró bruscamente. 

—¿Oyeron eso?— susurró con la mirada tensa mientras buscaba la fuente del sonido.

Lomin, Bin y Mazin, también alerta, asintieron. Sabían que debían estar siempre alerta, pero algo en ese susurro les hizo sentir que la amenaza estaba cerca.

Entonces, sin previo aviso, la puerta de la casa se abrió de par en par, y un grupo de sombras vestidas de negro irrumpió en la habitación. Las antorchas que portaban iluminaron sus rostros crueles y decididos. Eran los soldados de Neul.

La lucha comenzó de inmediato. Lomin, Adio y Mazin, superados en número y sorprendidos por el ataque inesperado, lucharon valientemente para defenderse. Golpes y gritos llenaron la habitación mientras la batalla se desataba en su interior. Sin embargo, pronto quedó claro que estaban en desventaja.

Lekkas, el líder de los soldados, se abalanzó sobre Mazin. A pesar de la resistencia de Mazin, la fuerza y ​​habilidad de Lekkas eran superiores. Mazin, herido y luchando por su vida, se encontró rápidamente en una situación precaria.

Adio, Bin y Lomin se dieron cuenta de que no podían enfrentar solos a todos los soldados juntos. Miraron a Mazin, luchando por su vida, y sabían que debían tomar una decisión difícil.

—¡Ríndete, Lomin!— rugió Lekkas, sosteniendo su espada sobre Mazin.—O tu maestro perecerá.

Lomin, Adio y Mazin intercambiaron miradas llenas de angustia. Sabían que no tenían otra opción. Rendirse era la única manera de mantener a salvo a Mazin en ese momento. Con un profundo pesar en sus corazones, levantaron las manos en señal de rendición.

Fueron rápidamente apresados ​​y llevados ante el príncipe Neul, quien parecía triunfante por su victoria momentánea.

Las mazmorras del palacio eran un lugar sombrío y desolado, donde las cadenas retumbaban contra las paredes de piedra y la humedad se filtraba por las grietas. Lomin, Mazin, Bin y Adio habían sido encerrados en estas inhóspitas celdas por las fuerzas de Neul, quien había logrado una victoria momentánea al capturarlos.

Dentro de la oscuridad de las mazmorras, la preocupación pesaba sobre ellos como una losa. No solo estaban atrapados en un lugar inhóspito, sino que Mazin también estaba gravemente herido debido al enfrentamiento anterior con los soldados de Neul. Lomin observa a su alrededor, evaluando sus opciones mientras las débiles antorchas parpadeaban en las paredes de piedra y los lamentos de los prisioneros que una vez prometió salvar resonaban por cada rincón.

—¿Sé encuentran bien? —interroga Lomin mientras observa a su padre, Mazin y Bin con preocupación mientras se sentaban en el suelo frío y sucio de la mazmorra.

Bin parecía nervioso, pero su mirada reflejaba un atisbo de valentía. Había enfrentado desafíos junto a Lomin y confiaba en ella. Mazin, por otro lado, yacía en un rincón, aún débil por las heridas infligidas por los soldados de Neul. Su estado era crítico, y todos eran conscientes de que necesitaba atención médica urgente.

—Necesitamos encontrar una manera de salir de aquí y regresar a Nakhon. Mazin necesita ayuda médica —dijo Adio con preocupación en su voz.

Lomin ascendió, su mente trabajando rápidamente para idear un plan de escape. Sabía que Neul no iba a dejar que quedaran impunes, y el tiempo corría en su contra. Miró hacia la ventana enrejada y luego a la puerta de la celda, pensando en las posibles salidas.

—Bin, ¿puedes acercarte a la ventana? —preguntó Lomin, esperando que el joven pudiera escalar lo suficientemente alto para alcanzarla.

Bin avanzando y se acercó a la ventana, sus dedos tratando de agarrar las barras. Sin embargo, estaba fuera de su alcance, y sus esfuerzos iniciales resultaron en vano.

—Es demasiado alto, Lomin —dijo Bin, un poco desanimado.

Lomin frunció el ceño, pero no se rindió. Sabía que debían encontrar una manera de escapar antes de que los soldados de Neul los llevaran ante él para enfrentar un juicio manipulado.

—Padre, ¿qué hay de la puerta? —preguntó Lomin, mirando hacia donde su padre estaba sentado.

Adio se levantó y fue hacia la puerta, examinándola detenidamente. Era una puerta sólida de madera, pero parecía estar asegurada con una cerradura bastante robusta. Aunque era fuerte, no era impenetrable.

—Podríamos intentar forzar la cerradura, pero necesitaríamos algo para hacerlo —dijo Adio.

Lomin, con destreza y cuidado, saca la daga forjada por las ninfas que siempre llevaba oculta bajo sus prendas.




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