El Reino Olvidado

Capitulo 9

Adán

El rey le ordeno permanecer en su pueblo fuera de peligro y preparándose para cuando tuviera que marchar, este le había contado que tenía una abuela y quería protegerla hasta entonces, el rey lo dejo ir para que pudiera tener más tiempo con ella ya que pronto emprendería un viaje largo. Contento pero preocupado salió como una fleja en el caballo al pueblo donde su abuela lo esperaba.

Algo le decía que terminaría su tormento más rápido de lo que creía y pensaba, que el sufrimiento acabaría para todos incluyéndolo a él y a su abuela. Llego antes del mediodía abrazándola y diciendo que no se preocupara por él, ella se alegró y lo apoyo, lo lleno de comida y de preguntas que él no podía contestar.

- Dime hijo ¿Qué te dijo el rey? ¿te volverás a ir?

- No puedo decirte aun lo que me dijo, nadie puede saber y sobre lo otro aun no me voy.

- ¿Estarás yendo y viniendo del castillo?

- Algo así, pero solo por unos días, tengo unas pequeñas vacaciones.

- Pero, hijo ¿Hiciste tu misión bien, no?

- Claro abuelita, me dijo que necesitaba un poco de descanso, no quería que supieras pero de camino al castillo nos atacaron aquellas creaturas que atacaron a… - no quiso hablar más sobre el tema. – Bueno, llegue un poco herido al castillo pero ya estoy bien – le dijo cuándo su abuela pelo los ojos – ya no tengo ninguna herida, me trataron y me curaron.

- Ahh, que bueno mi niño – le dijo su abuela llorando mientras agarraba su mano para sobarla – que bueno que estas bien, no fue tan grave – el trago asistiendo.

- Si abuela, no fue nada grave – le mintió evitando su mirada y abrazándola.

El resto de la tarde estuvo acomodando cosas de la casa, empezó por el techo podrido y desgastado, cambiando la madera, puliéndola y barnizándola, con su abuela detrás diciendo que no era necesario, pero el quería que ella estuviera bien cuidada y cómoda y una casa que no se derrumbara al soplar el viento la ayudaría y también a que las personas del pueblo supieran que no estaba sola, ya que al ver a un anciano abandonado los enviaban al castillo y le daban las casas a parejas jóvenes que la necesitaran, pero no podía permitir que su abuela se quedara sin la casa que tanto le costó construir.

Estaba anocheciendo y Adán seguía trabajando arriba del techo, clavando las ultimas tablas, su abuela lo hizo bajar cuando la cena estuvo lista y después de cenar siguió barnizando dentro de la casa a la luz de la lámpara.

- Basta con eso Adán – le grito su abuela desde su pequeña habitación – ve a descansar y mañana si quieres sigues.

- Está bien mamita – le respondió en broma – Después no digas que no te ayudo.

- Nunca he dicho eso.

- Pero lo piensas – se rio mirándola desde la distancia.

Estaba sin camisa limpiándose las manos cuando tocaron a la puerta que se encontraba abierta para que entrara un poco del aire frio, cuando vio que se trataba de Diana se sintió expuesto y su cuerpo tonificado de tanto ejercicios se tensó y sintió vergüenza que lo encontraran casi desnudo y sudado. Su abuela se acercó y la invito a pasar dándole tiempo a que su nieto se vistiera.

- Pasa querida ¿tienes algún problema?

- Lo que pasa es… que la pata de la mesa se partió y se derramo toda la comida que estaba sobre ella – dijo algo tímida con ojos brillantes.

Adán miro a su abuela y sonrió.

- El deber llama abuelita, tendrás que esperar un poco más si quieres que deje de trabajar – le dijo antes de hablar con la chica – Yo te ayudare, no te preocupes.

- Sería fantástico – dijo radiante con una gran sonrisa en el rostro.

Esta clavando un clavo a la pata de la mesa para que se sostuviera mientras la chica lo miraba, trato de ignorarla tanto como pudo poniendo cara de concentración mientras arreglaba la mesa, enderezando las demás patas para evitar otro accidente en el futuro.

- Ya está, como recién hecha.

- Muchas gracias – bajo el rostro tímida – Es usted muy hábil.

- No hay problema, gracias te doy yo por cuidar de mi abuela cuando no estaba, esto es poco, una simple tarea.

Le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, sabiendo que debía irse se despidió de ella diciéndole que cualquier ayuda que necesitara él podía ser de utilidad. Dentro de su propia casa sintió la mirada de escrutinio de su abuela y se fue a dormir escapando de las preguntas que sabía que le haría.

Al día siguiente siguió barnizando el resto de la pequeña casa, pasando la mañana bajo el caliente sol y con las miradas de todo el que pasaba por el frente de la casa, el herrero Pool pidió que lo visitara cuando se desocupara para hablar sobre algunas armas que el forjaba, pedía su opinión después de empezar sus entrenamientos para la guardia y el feliz de poder ayudar así fuera un poquito, después de almorzar y bajar la comida como era debido empezó limpiando todo el alrededor, sacando maleza y botándola fuera del pueblo en el bosque que los rodeaba.

- Adán - lo llamo su abuela – acompáñame al rio.

- ¿Y eso para que, abuelita? si necesitas agua yo te la busco.

- Necesito lavar tu ropa mugrienta, no debes estar tan sucio cada vez que venga la linda chica.

- No te molestes, puedo hacerlo yo.

- Ni lo sueñes, no sabes hacerlo.

Dejo de discutir y la acompaño cargando todo el peso, su abuela era una señora muy testaruda que no podía estar sin hacer nada ni un segundo. Mientras la gente del pueblo hablaba que por fin le estaba dando los cuidados que se merecían la anciana y la casa, otros hablaban que seguro lo habían corrido por hacer algo indebido y los terceros solamente seguían trabajando sin comentar nada.

Al tercer día de estar en casa le llego un mensajero del rey, entregándole una carta se fue sin esperar respuesta de su parte, no era necesario, él sabía cómo funcionaba el protocolo y que al terminar de leer la carta de desvanecería sola, pero cuando su abuela le pregunto simplemente le dijo que era un favor que le pedía un conocido.




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