El Reino Olvidado

Capitulo 12

A principios de febrero ya estaba cansada de tener esos sueños y ver cosas que nadie más veía. Dormía poco y estudiaba mucho, los días pasaban sin novedades, todo estaba igual que siempre, ella era la única que había cambiado un poco pero no lo noto, lo ignoraba tanto como podía y no había nadie que le dijera que era cierto.

Llego en la tarde después de las clases y desesperada por esta encerrada en esas cuatro paredes salió a caminar, tardo horas hasta darse cuenta que ya era de noche, se detuvo en un carrito de comida rápida y pidió un perro caliente.

Estuvo entretenida comiendo mientras veía la luna rodeada de colores, hace tiempo escucho a alguien decir que cuando la luna se encontraba así era porque llovería.

Termino de comer y camino por una calle donde transcurrían pocos autos y la iluminación era pobre, caminaba con toda la paciencia del mundo hasta que escucho algo cerca de donde estaba, se asustó y trato de caminar más rápido pero algo negro se posó en frente, una sombra negra.

La chica quiso gritar y salir corriendo pero sus piernas no reaccionaban, el terror la inundo y todo su cuerpo empezó a temblar, la sombra se fue acercando poco a poco, parecía oscilar como hecho de una niebla negra, ella no sabía lo que podía hacer y solo espero que todo terminara, serró los ojos y apretó los puños como en su sueño.

Escucho un ruido como el de un saco cayendo al suelo y después un ruido metálico, se echó al piso y grito asustada. Después de algunos segundo donde más nada paso abrió los ojos, alguien alto se movía a su dirección, cuando la luz del farol le dio en la cara sintió un alivio y después intento pararse para alejarse de él.

- Espera, no te hare daño – le dijo el chico – Eso que viste… ¿sabes qué es?

- Y como podría saberlo – respondió ella enloquecida, intentando levantarse sin éxitos.

En ese instante algo lo voló lejos y lo estampo contra un muro, vio al chico caer al suelo y dejar de moverse, la calle estaba vacía cuando miro desesperada a su alrededor, quería irse de aquel lugar, tomar un taxi y salir lo más rápido de allí, trato de correr pero las sombras la acorralaron.

Un grito tan fuerte salió de lo más profundo y sus oídos le dolieron al escucharse, cuando algo en su cabeza se comprimía callo de rodillas y vio un sinfín de imágenes, destrucción, dolor y sufrimiento. Apretó los puños y sintió el dolor de sus uñas romper la piel y la sangre correr por entre los dedos, luego todo acabo y su mente quedo liberada, ya no veía esas horribles imágenes.

El chico se arrodillo a su lado y sacudió un poco sus hombros, no se había dado cuenta que estaba llorando hasta que el chico limpio su rostro.

- Tranquila, ya se han ido, aquí estoy yo para protegerte.

Seguía llorando con ojos desenfocados, subía y bajaba su pecho, había palidecido y no paraba de temblar, el chico le seguía hablando para tranquilizarla y lo logro a los minutos, no hablo por largo raro y solo miraba a un punto inexistente del espacio, con respiradas más profundo formulo la primera pregunta.

- ¿Qué era esa cosa? – abrazo sus rodillas, de un momento a otro la lluvia los empapo y no se dio cuenda cuando había empezado.

- Son Kapnós, nuestros mayores enemigos, destructores de vidas.

- ¿Qué quieren conmigo?

- Lo mismo que quieren con cualquiera de nosotros.

- ¿Por qué me persiguen? – Adán iba a responder pero ella siguió hablando - ¿Por qué no me dejan tranquila? ¿Qué les hice yo?

- Nada, princesa, tu magia los atrae.

- ¿Por qué siguen apareciendo? ¿Por qué no se esfuman? – las lágrimas corrían sin parar

- Princesa ¿Por qué dices que te persiguen?

- Llevo meces soñando con ellos, ya no puedo dormir, no salgo por miedo, quiero que se vayan, has que desaparezcan, has que se vayan… - grito pataleando aterrada.

Pensó que era fuerte, pero al recordar aquellas imágenes le costó no entrar en crisis, nunca se había sentido tan vulnerable, ni cuando su antigua cuidadora la maltrataba.

- Calma, cálmate princesa - Adán intento pararla pero no podía así que hizo uso de su magia, y ella poco a poco cedió, la abrazo sobando sus brazos.

Ella arrecostó la cabeza en el hombro del chico y cerró los ojos por largos segundos.

- Donde queda tu casa, dime para acompañarte – dijo al fin, estaban muy expuestos, debían esconderse pronto.

- Queda a cuatro cuadras bajando por la calle – lo miro por fin, el examino si no tenía heridas y después le agarro de la mano para hacerla caminar – Por aquí – dijo ella zafando su mano y caminando con prisa delante de él.

A los pocos pasos se detuvo y lloro nuevamente, el miedo la estaba venciendo, no podía dar otro paso más, creía verlos por todos lados, el chico la alcanzo y se puso a su lado.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes? – Ella mirando a todos lados susurro algo que el no pudo escuchar - ¿Qué dices?

- Nos están persiguiendo, no dejes que me maten.

- Para eso vine princesa, pero debes decirme dónde vives, debemos ponernos a salvo.

Asustada le hizo caso y trotaron por las calles solitarias hasta llegar a la puerta de la residencia, trato de encajar la llave pero sus dedos temblaban con fuerza, así que el chico se la quitó y abrió el, la hizo pasar y tranco pasando llave, se las devolvió y ella con manos frías las agarro y camino por los pasillos mientras miraba la segunda llave, la que abre su habitación, mientras el chico detrás de ella mirando todo lo que hacía, paro en una puerta y paso llave abriéndola, entraron rápido y vio los pasillos antes de encerrarse dentro.

Adán se quedó adolorido allí parado mientras ella buscaba una silla de la esquina y la atravesaba en la puerta, luego se sentó en la cama y miro al piso susurrando cosas que solo ella podía escuchar, cuando despertó del trance ya tenía toda la cama empapada y se levantó buscando ropa seca en el armario, fue al baño y se cambió, cuando salió vio al chico sentado en el piso descalzo pasándose los dedos por el costado, se había quetado la franela y pudo ver un gran moretón en las costillas isquierdas.




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