El ambiente se sentía frio, se notaba claramente que la temperatura allí disminuía drásticamente, calándole los huesos y haciendo que sus dientes chasquearan, ni la sabana más gruesa guardaba calor. Extrañada por eso se levantó saltando hasta el interruptor al sentir el frio en el piso, la luz se encendió pero las sombras en el techo estaban visibles, grito del susto mientas caía de rodillas tapándose el rostro con sus manos. El chico que dormía en el piso se despertó de un brinco viendo a todos lados para luego lanzarse de clavado al lugar donde había dejado la espada horas antes, todo paso tan rápido, él se movió por todo el lugar blandiéndola hasta que las creaturas desaparecieron con un chirrido de dolor de parte de ellas. Amanda asustada solo veía todo agachada con asombro y ojos grandes, inundados de lágrimas.
Adán corrió hasta donde se encontraba y la estrecho contra su cuerpo, para que dejara de temblar y llorar.
- Tranquila princesa, estoy aquí. No dejare que nada te pase.
Ella se quedó en silencio esos minutos que le costó calmarse, tratando de respirar profundo mientras Adán subía y bajaba la mano por su espalda, consolándola.
- ¿Por qué vinieron hasta aquí?
- Perdóname princesa, debí asegurar antes nuestro alrededor, pero no lo hice…
- ¿Cómo entraron?
- No estamos protegidos con magia, pudieron entrar por debajo de la puerta.
Adán se levantó y recorrió todo la habitación pasando una mano por las paredes, concentrado en eso ella solo miraba desconcertada, esperando saber que estaba haciendo, pero el parecía no darse cuenta.
- ¿Qué estás haciendo?
- Protegiendo, resguardando, una barrera que no los dejara pasar.
- ¿Cómo lo haces?
- No es tan fácil –dijo frunciendo el ceño como si algo le doliera.
- ¿Yo puedo hacerlo?
- Seguro que sí.
Siguió caminando alrededor con concentración.
La alarma sonó y la despertó, no se había dado cuenta en qué momento se había quedado dormida, pero cuando se levantó vio al chico durmiendo y lo dejo tranquilo, se fue a bañar y se asomó por la puerta para ver si todavía estaba dormido, salió en paño y rebusco entre el armario la ropa que se pondría. Un vestido rosado que se había comprado por su cumpleaños y no lo había usado, viéndose en el espejo del baño recordó a Erika, soltó su cabello largo hasta sus pompis, puso mala cara al mirarse y se recogió una cola de caballo.
En el momento en que salió, Adán se estaba despertando y ella comenzó a meter los cuadernos en el bolso en silencio.
- ¿Qué estás haciendo? – dijo él desde el piso.
- Tengo clases, nos vemos luego – coloco el bolso a su espalda.
- No puedes ir sola.
- ¿Y qué? ¿vendrás conmigo?
- Eso hare.
Lo vio levantarse y caminar hasta el baño, luego salió más despierto.
- Listo – dijo agarrando su espada.
El agarro una de sus dagas y la guardo en la bota de sus pantalones. Camino a la puerta y cuando ella empezó a cerrarla el detuvo tomando con su brazo izquierdo.
- ¿Qué? – le grito desesperada ya.
- Tú también deberías llevar una – lo dijo muy serio y ella suspiro entrando y sacando algo de su gaveta.
- Listo – se lo puso frente sus ojos balanceándolo, lo guardo en el bolso y termino de cerrar la puerta de la habitación.
Se fueron a pie hasta la universidad, caminando un buen pedazo que despejo la mente de Adán y atormento la de la chica, pero los papeles se invirtieron al atravesar la entrada de la universidad.
- ¿Es aquí?
- Si, bienvenido a la universidad, no te separes tanto de mi si no te quieres perder.
- ¿Qué es aquello? ¿es allá donde estudias?
- No, eso que ves a 50 metros son solo oficinas, para llegar a mi salón tengo que caminar como 100 metros o más.
- Bien, vamos.
- Te advierto que esa zona estará llena de muchas personas, adolescentes, adulta y vieja, de todos los colores, tamaños y alturas, así que no te separes.
- Estoy preparado para lo que sea.
- Eso espero, pararemos en la cantina para desayunar que queda junto a las oficinas.
Caminaron ese pedazo hasta que llegaron al lugar que ella le había dicho, se pidió una empanada de carne mechada y una malta, a él le pidió tres envueltos con salsa de ajo y un jugo natural. Se sentaron juntos en la mesa y comieron, ella despacio y el con ganas, acabando todo en menos de cinco minutos.
- ¿Pero es que tú no masticas la comida?
- Si lo hago pero es que tú eres muy lenta – le dijo con una gran sonrisa
- Así que soy lenta – le devolvió la sonrisa.
- Ya entiendo porque estas de delgada y diminuta, no comes nada, en todo el día de ayer no te vi comer.
- Es uno de los muchos problemas que tengo, pero te cuento que he mejorado, trato de comer seguido.
- Sino comes bien ni duermes bien tu magia no fluirá como debe.
Ella se quedó en silencio pensando y masticando, vio a los lados y después se inclinó para decirle algo bajito.
- No digas esas cosas en frente de la gente
- ¿Por qué?
- Pensaran que estás loco, un loco sexi al menos, yo soy la loca perdida.
El no rio y la miro desconcertado mientras ella siguió masticando hasta que acabo, se levanto y lo hizo caminar con ella.
- Si te miran mucho tu solo ignóralos un poco.
- ¿Por qué me mirarían?
- Porque tienes un cuerpo tan perfecto y definido que ninguno de aquí tiene, pareces modelo de interiores ¿las mujeres de tu mundo también tiene perfecta fisionomia? Aquí he visto algunas así, son envidiables, tan perfectas…