El Reino Olvidado

Capitulo 14

¡Sí! ¡Sé de donde procedo!
Insaciable cual llama
quemo, abrazo y me consumo.
Luz se vuelve cuanto toco
y carbón cuando abandono:
llama soy sin duda alguna.

Apresurada arranco una blusa del gancho y corrió al baño, se bañó a la velocidad de la luz y se vistió más rápido aun, con el pantalón pegado a su cuerpo que estaba empezando a tener forma y la blusa rosa pálido, ligera por el colar.

- Levántate ya – le grito lanzándole una almohada a la cara a lo que él se sentó de golpe desconcertado.

- Estoy despierto, ya desperté.

- Muévete que llego tarde.

- ¿Tarde para qué?

- Olvídalo.

Se puso el bolso y agarro las llaves, abrió y se fue dando un portazo, troto por los pasillos de la residencia hasta la salida y siguió a pie hasta la universidad, cuando llego a la cantina estaba empapada de sudor y decidió comer y descansar un poco antes en caminar al salón de clases, alguien se le acerco por detrás y dijo.

- Eso te pasa por no apurarte… - pero se calló al darse cuenta que no era quien pensaba.

- ¿A quién esperas preciosa?

- ¿Quién eres tú? – dijo con un toque de pánico.

- ¿Quieres que te acompañe algún lugar?

- No gracias.

Le dio la espalda y se dispuso a caminar, pero el hombre la sujeto del brazo haciéndole daño y arrastrándola a un carro que estaba cerca.

- Aaaay, suéltame ¿Qué quieres de mí? – grito aterrada.

- Cállate – el hombre le dio una cachetada que la dejo mareada.

- Suéltame –dijo entre sollozos.

Callo de bruces al suelo y escucho unos golpes, miro arriba y vio a un hombre peleando con el otro.

- Oye – grito el conductor bajándose del auto y caminando hacia ella.

La agarro fuerte y la siguió llevando al interior de este.

- Suéltame, te lo suplico, suéltame – gritaba con lágrimas cayendo por sus mejillas.

- Tú te iras conmigo.

- ADAN, ADAN – grito con todas sus fuerzas con la esperanza de que la rescatara.

El hombre la golpeo en la cabeza y su vista se puso borrosa, la tiro en la parte trasera del carro y se lanzó al asiento del volante. Ella se le fue encima para tratarlo de parar.

- NO, NO, DEJAME TRANQUILA, NO ME LLEVES – sacudía los hombros del hombre contra el asiento, sacudiéndose ella en el proceso – DEJAME IR, DEJAME IR YA…

- Cállate –le dijo dándole un codazo en el rostro.

Sintió su nariz hacer un terrible crujido y un dolor insoportable la hizo toser y recostarse en el asiento. El auto rugió arrancando y el corazón se aceleró a mil por hora y a menos de tres metros andando los vidrios explotaron y el motor fallo, chocando contra la isla, el auto dejo de andar y el hombre con vidrios enterrados se fue hacia delante, recostando la cabeza en el volante, desmayado o muerto, la puerta a su derecha se abrió de golpe.

- Adriana, Adriana – Adán toco su cara para despertarla - ¿Estas bien? ¿Estas herida?

- Adán… - dijo susurrando – Estas aquí – sonrió tanto como pudo.

- Aquí estoy, princesa, espera – sintió un dolor por todo su cuerpo y después ya no

Adán la cargo en sus brazos sacándola del auto y la sentó en la isla revisando si tenía alguna herida más profunda que no le curo, mientras veía alrededor con mirada perdida a las personas que los rodeaban con miradas curiosas.

- Adán

- ¿Qué tienes? dime si estás bien – lo miro y lloro.

- Estoy bien – lo abrazo fuerte mientras sus lágrimas caían como cascada – Gracias.

- Calma princesa, ya estoy aquí – la abrazo el, consolándola

- Me salvaste – le dijo sollozando.

- Y lo volvería hacer.

Dos hombres tenían sujeto por los brazos al primero que se la había intentado llevar, tenía el rostro lleno de sangre, un labio y una ceja partida. Un señor se les acerco cauteloso.

- Jovencita ¿Se encuentra bien?

Ella dejo de abrazar a Adán y le asintió al señor, se limpió las lágrimas con las manos y trato de levantarse del suelo.

- No te levantes, yo te llevo – dijo Adán sujetando sus brazos.

- Deberían ir a un médico – les dijo a los dos el señor.

- No se preocupe, estamos bien…- empezó hablar el, pero ella le interrumpió.

- Tiene razón.

- Si quieren yo los llevare.

- Muchas gracias – dijeron los dos al mismo tiempo.

Caminaron en dirección al auto del señor y entraron a la parte de atrás, este arranco el motor y condujo hasta el hospital, luego de ser atendida y que le dijeran que no tenía nada grave fueron rumbo a la comisaria.

Salieron de la comisaria un poco nerviosos por las preguntas que le habían hecho, pero todo quedó resuelto más rápido de lo que pensaron, dejándolos marchar. Regresaron a la residencia y se bañaron y cambiaron de ropa, ella de primera queriéndose quitar la suciedad y manchas de sangre que antes habían salido de su nariz, con imágenes en su mente claras de lo que había pasado fregó su piel hasta casi estar roja y llorar mientras el agua corría por todo su cuerpo, vio el agua bajar y perderse, después de minutos casi interminables salió y le cedió el baño a Adán.

Casi sin querer pensó en él, un chico muy guapo, alto y amable, un buen partido, un Dios mitológico joven, no era normal que ella estuviera pensando en esas cosas, nunca había observado a un chico tanto, con todos los detalles, sus bellos ojos profundos azules, su cabello castaño despeinado y piel blanca, pestañas gruesas, labios sutilmente rosados y dientes perfectos.

Nunca se había sentido atraída por ningún hombre, les huía sin querer, ya era normal hacerlo, con cualquier persona pero él le había dicho que la protegería y decidió darle una oportunidad, y resulto no ser mentira, la protegía como nadie, a su lado se sentía segura, no podía pensar cuando ya no estuviera a su lado. Ahora se arrepentía y se culpaba de no haberlo esperado.

Adán salió envuelto en un paño de cintura para abajo dejando rastros de gotas en todo el piso, desde el baño hasta el armario, mostrando ya con confianza ese cuerpo definido, sin vergüenza alguna. Ella en su pijama sentada en la cama solo lo observaba mientras este se vestía, ajeno a su mirada. Termino de vestirse y la miro, está disimulando que la había pillado parpadea en dirección a la nevera.




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