Después de varios días preparándose al fin tenían todo listo, se había retirado permanentemente de la universidad y ya había vendido la nevera, le habían pagado por las pinturas que esa semana se dedicó a terminar y le había escrito a su hermana, aquella que días atrás le pedía que fuera hasta donde estaba ella, tenía la dirección muy bien guardada en su mente, ya había mandado la mitad de sus pertenencias con ella, al día siguiente vendrían por lo demás, pero a pesar de tener todo resuelto sentía un tremendo vacío dentro, en su corazón sensible, una sensación que no podía descifrar le oprimía el pecho, no quería irse pero al mismo tiempo quería olvidarse de su triste vida, de todos los años que sufrió en esa ciudad, el mundo ajeno a su sufrimiento, tan lejos he inalcanzable de lo que la rodeaba, ni un amigo o amiga, nadie que la extrañara, que la echara de menos, nadie al que escribir una carta, algo tan simple.
Había empezado a comer poco de nuevo y dormía de mas, despertando con lágrimas en los ojos, nada de lo que Adán le dijera la hacía sentir mejor, pensó que se cansaría de ese comportamiento, pero resulto ser una persona demasiado comprensiva y con amabilidad de mas, nunca le levanto la voz ni la miro molesto, al contrario la ayudaba todo el tiempo, casi era rutina que todas las noches escuchara cuentos para dormir y cuando no, tomaba las pastillas y pasaba de largo, despertando al otro día al mediodía. Adán ya sabía dónde comprar comida y cuando ella despertaba podía ver comida enlatada o frutas a un lado de la mesa, guardada en uno de los bolsos que llevarían, junto con alguna de sus pertenencias, ella ya tenía guardado en el suyo la daga de su padre y la cajita de su madre con el collar, un par de sarcillos y una pulsera.
Esa tarde no había tenido suficiente fuerza para levantarse de la cama y salir así que Adán se ofreció a comprar la cena y ella solo le dio un poco de dinero y se fue al baño sin decir nada, escucho cerrarse la puerta y salió para sentarse en la cama y llorar por un rato más sola. La puerta se abrió haciéndola saltar y se limpió las lágrimas rápidamente, pero él ya lo había notado, se sentó con ella en la cama y le paso una bolsa con una hamburguesa y diferentes salsas dentro, comieron en silencio y después ella le dijo que quería dormir a lo que él se acostó en el piso.
Al otro día ella se levantó temprano y para despejar su mente se bañó con el agua fría del chorro y después termino de acomodar todo, cuando termino camino hacia la puerta para ir a buscar a la señora Carmen y hablarle de que se irían.
Cuando volvió Adán estaba despierto y medio desnudo secándose el cabello mojado, la miro y siguió vistiéndose.
- Ya el camión llego, vengo a llevar algunas cosas pero ya que estas despierto… solo llevaras esas dos cajas y yo el resto.
- Está bien.
- Ya sabes, tú eres fuerte y musculoso…
- Y te aprovechas de mi nobleza – rieron mirándose.
- Vamos entonces.
Terminaron con sus pertenencias y le pago al conductor la mitad de lo acordado, la otra mitad lo pagaría su hermana cuando llegara todo hasta donde estaba ella. Se despidieron de algunos de sus vecinos y de la dueña de la residencia, pagaron un taxi hasta el terminar, de a partir de ese momento viajarían en bus, con algunos papeles importantes para trasladarse de un país a otro sin problema.
Mirando desde la ventana del bus, diciendo “Adiós” de corazón y agarrando fuertemente su bolso, reprimiendo lágrimas y con un nudo en su garganta. Sentía la presencia de Adán a su lado pero no quería hablar con él, así que opto por hacerse la dormida.
Y horas después despertó con una pequeña sacudida de parte de él. Ya estaban más cerca de su destino, esa era la última parada, así que salieron de allí y alquilaron una habitación en un hotel que había al lado de la terminal, al día siguiente tendría que emprender el viaje nuevamente.
- Nunca pensé que me tendría que acostar en una camilla – comunica riendo a nadie en particular.
- ¿Aquí tenemos que dormir los dos?
- Solo será una noche.
- Pero cuando vine a este lugar, no dormí en otro sitio.
- Corriste con suerte, pero ahora estás conmigo y yo estoy condenada – rio de mala gana.
Fue una mala noche. Y al despertar no pudo ser peor, estaba lloviendo fuerte y el cielo se encontrada gris y muy nublado. La tormenta se detuvo a media mañana y aprovecharon para partir, por la carretera ella no paraba de leer la carta que su hermana le había mandado.
Si era un sueño, no quería despertar, a pesar de que no conocía a su familia, tenía la esperanza de que un día todo volviera a su memoria, que todos sus recuerdos volvieran a donde pertenecían.
A su lado Adán tenía horas durmiendo o haciéndose el dormido, como ella el día anterior, así que pasaron el resto del viaje sin hablar. El conductor los dejo en una calle con muchos locales, un poco pérdida pregunto la dirección a personas que pasaban hasta que al fin llego a una esquina desde donde se podía ver una casa grande de color azul índigo y los marcos de ventanas y puerta en negro, de una planta arriba, con grandes ventanales y una reja rodeándola.
- Es aquella casa – señalo Adán – lo recuerdo muy bien.
Ella asintió y caminaron hacia ella, mientras se fue acercando capto más detalles, había un árbol a cada lado de esta y césped que se perdía a los lados de la casa hasta la parte trasera, de lado izquierdo enredaderas que bajaban desde la parte más alta hasta el suelo de tierra y en medio una puerta de madera de 2x3 metros, un canino de piedras que llegaba hasta el final de las rejas.
Adán las empujo adentrándose pero ella se quedó estática en la acera contemplando todo y con miedo de entrar, él dándose cuenta que no caminaba a su lado miro detrás.
- ¿Princesa?
Respiro profundo sin responderle y dio un paso adelante liberando el aire que había contenido casi sin querer, él espero que ella pasara primero. Y al estar frente a frente de la puerta se sintió un poco nerviosa, toco y espero con Adán a su lado. Se escucharon unos pasos dentro aproximarse hasta la puerta y luego abrirse.