El Reino Olvidado

Capitulo 18

Por eso, en la vida de toda persona, más allá de la rutina diaria,
esta ese deseo latente punzando insistente
que hacer que nuestra vida deslumbre con magia
y posea un resplandor semejante al de la luz parpadeante

Diana

La chica cuidaba muy bien de él, curaba sus heridas cada vez que estas volvían a abrirse sangrando, limpiando las costras y untando tantas cosas para que cicatrizara rápido, pensó, quien sea que le haya hecho eso era una persona cruel si es que no era al contrario y el hombre se lo había merecido.

Pasaron dos días y el hombre solo tragaba líquido con dificultad, una noche se escapó sin ella notarlo y cuando despertó por la mañana lo consiguió en la puerta trasera tirado en el suelo de tierra sangrando nuevamente. Con mucho esfuerzo lo cargo adentro y curo con un trapo húmedo, vio mejoría en su piel, ya no había mucha infección y sabiendo que había salido debía estar mejorando muy rápido.

Deseo tener un poco más de magia para acelerar el proceso, pero con lo poco que tenía hacia lo que podía, aunque no era suficiente, trataba de hacerlo como su padre le había enseñado pero nada pasaba, pensó que sería el cansancio que no la dejaba pero no encontraba momento para descansar, solo a la hora de dormir, y no dormía muy bien, pesadillas la atormentaban, sombras que venían por ella y le chupaban la vida, dejando una cascara seca, personas encapuchadas que se la llevaban al corazón del bosque y separaban sus brazos y piernas de su cuerpo a sangre fría, despertaba gritando de dolor con el rostro manchado de lágrimas secas.

- No se preocupe, solo este quieto que pronto estará curado – decía tratando de convencerse ella misma.

El rostro del hombre la inquietaba y al mismo tiempo se le hacía familiar, seguro era alguien del pueblo, pensó que sus familiares estarían preocupados.

- Puedo recorrer el pueblo para buscar a su familia o algún conocido, seguro que lo están buscando y yo reteniéndolo aquí y sin decir nada.

Se levantó de la silla para salir a preguntar pero el hombre le agarro la mano y negó, trato de decir algo pero leyendo sus labios solo entendió “No tengo” y seguía negando. Los ataques habían disminuido un poco pero las personas siempre esperaban ser atacadas, caminaban tensos de un lado a otro, muchas mujeres estaban histéricas y les costaba controlar a sus hijos. Los bosques pasaron de ser un lugar con vegetación y fuente de algunos alimentos a repeler a las personas, nadie se adentraba a él solo ni acompañado, las personas que lo hacían nunca volvían, algunos ancianos decían “Vienen tiempos oscuros” y otros algo sobre una guerra.

“Cassiopeia entro en guerra y muchas vidas se perdieron ya”

“Algunas tierras del reino quedaron en ruinas, a merced de esos demonios”

“He perdido a la mayoría de mis familiares, no aguanto más esta situación”

Esos eran algunos de los susurros entre las personas del pueblo, deseo ser alguien que pudiera cambiar la cosas para bien, estaba frustrada por la vida que llevaba, pensó en Adán y lo fuerte que se veía, la confianza en sí mismo de lograr las cosas y lo fuerte que su abuela también era. Compadeció al rey y por todo lo que estaría pasando, esa tierra, la tierra de todos era inmensa, solo pensar en ese lugar, Shedar solo era una parte de las otras cuatro del reino, pero sus terrenos parecían nunca acabar, viajar a Cih o a Cash tomarían semanas o meses, la responsabilidad recaía en el actual regente, y ella no era una de esas personas, ni contaba con suficiente magia para curar a una persona, prácticamente era un recipiente hueco.

Salió por la tarde a buscar agua en un arroyo que se encontraba bastante lejos, siendo el único donde se encontraban las plantas que ella necesitaba, llego cuando el sol ya estaba bajo y en un frasco guardo un poco de agua, rodeo el arroyo y en la cesta iba metiendo ramas de aquellas plantas, un poco apresurada, no le gustaba la idea de llegar al anochecer pero no le quedaba de otra. El tiempo estaba en su contra, quería recoger tantas como fuera posible pero arriba en el cielo los tonos naranja y violeta se iban uniendo acelerando su asustado corazón, a su alrededor no había nada más que plantas y verde césped, más allá la frontera del bosque, llamándola, tentándola. Una atracción casi imposible de ignorar, lucho contra todo en su interior y se fue de vuelta al pueblo con paso apresurado.

La luna tan inmensa y plateada la acompañaba mientras el cielo se ponía cada vez más oscuro y las estrellas una a una aparecían, poco a poco la calma llego a su mente y su corazón y daba pasos sin siquiera percatarse de nada mas, solo aquel cielo nocturno con luces plateadas, nada pasaba a su alrededor, no había animales, el viento apenas corría, más suave que el algodón. No supo cuánto tiempo paso caminando, hasta que al fin llego al pueblo, faltaban diez minutos de camino pero a esa distancia pudo ver que algo andaba mal, a pesar de la oscuridad pudo ver humo en el cielo y una luz amarilla allá entre las casas, su corazón se aceleró y la adrenalina la hizo correr, a lo lejos pudo escuchar gritos y corrió con más fuerzas.

Vio a familias reunidas fueras de sus casas, estas parecían unas antorchas gigantes, el calor se sentía en el aire y el humo dificultaba respirar, vio niños llorar y ancianos en el suelo, la cesta la dejo olvidada en el camino, camino hasta donde una señora se abrazaba llorando mirando a su casa.

- ¿Qué está pasando aquí? – pregunto

La señora con la vista perdida le respondió.

- Ellos… Kap-kapn… me-me – lloro más sin poder pronunciar más palabras.

Ella sabiendo bien lo que quería decir dejo sus lágrimas correr por su rostro, después de varios segundos sin poder moverse algo cruzo por su cabeza y corrió de nuevo a su casa, esquivando a las demás personas y algunos pedazos de troncos, carretillas y otras cosas esparcidas en el piso, quebradas y arrancadas, pertenencias de aquellas pobres personas, hasta llegar a la zona donde su casa estaba, allí el desastre no se veía pero si muchas personas asustadas fuera de casa, corriendo y gritando cosas, su paso desacelero viendo todo con atención, el fuego no había acabado con todo después de todo. Entro a la casa encendiendo todas las velas y las antorchas, buscando por todo el lugar sin encontrar nada, ese hombre ya no estaba, no había rastro de él por ningún lado, como s hubiera desaparecido y llevado consigo todo.




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