El relato de mi primer y último crimen

El relato de mi primer y último crimen

Quiero que ustedes conozcan el motivó de mi crímen. No solo un esposo, qué en un momento de irá, la asesinó a sangre fría. Quiero que a través de lo poco que pueda escribir en esta carta, sientan compasión por mí, por ella. Sobre todo por ella. Su vida fue arrebatada por un hombre miserable. Veo las luces de una hermosa ciudad, proyectada en mi mente, puesto, lo que ven mis ojos solo es el techo agrietado y una molesta gotera. Escuchó a las ratas, los gatos y los perros del callejón, que era el único ruido que escuchaba en mis momentos de depresión y silencio. Empiezo a escribir lo que hice. Antes de cometer el crimen, miré por la ventana, siempre queriendo volver a ver un paisaje bello, una ciudad iluminada en las noches de otoño, donde el viento sopla llevando consigo las hojas que me recuerdan sus ojos castaños. Soy un romántico que pasaba sus días de sobriedad leyendo, en su mayoría a poetas. Aquellos versos de amor, me inspiraron a escribirle una carta. En ella le explicaba a gran detalle del porque el mundo, la divina providencia, el destino y todos los dioses nos querían juntos. Que desdicha fue saber que solo estuvimos juntos para hacernos daño. Yo siendo el causante de la mayoría de heridas en nuestra relación. La convertí en aquel gato negro que recibe maltratado de su dueño para luego en un ataque de irá termine siendo colgado. A menudo la imaginaba muerta. Mi recuerdo se desvanece con el llanto de los gatos. Se agrupan en la noche para maullar. El ladrido de los perros se une a la orquesta de sonidos molestos. Todos duermen, pero yo, esclavo del insomnio, de la nostalgia, del saber que sin ella no soy yo, de que hablo con una persona frente al espejo que me dice que la mate. Aunque solo aparece de noche, puedo escuchar su voz en el día, que repite que la mate. Me he encerrado en mi habitación, ya no me molesto en salir. Todos los días sin ella son iguales desde que la perdí. Poco importa saber qué día es hoy. Solo me quedaba mirando todas las noches por la ventana el callejón oscuro y el gran edificio que oculta la vista de las calles de París. Enciendo un cigarrillo y continúo escribiendo.

Cuando llegué hace seis años, me afané en aprender el idioma. Dos años después, tenía un buen trabajo, como columnista en una revista, que me alcanzaban para mí vida modesta. Meses después bebía como loco, me esforzaba para que eso no me afectará en el trabajo; de hecho muchas de las buenas columnas, las escribí en estado de ebriedad. Al tercer año y medio, la conocí a ella. Tenía el cabello recogido aquel verano, sólo dejaba caer dos mechones de cabello, que reposaban sobre su rostro. Caminaba de manera elegante, coqueta, con los oídos alerta, escuchando los murmullos de las personas que pasaban junto a ella diciendo: "cette belle", "belle dame", "belle, belle". Todo acompañado de una pequeña reverencia, como si fuera una princesa que salió de su castillo, para caminar al lado de los plebeyos. Ella sabía que era hermosa y lo presumía. Cuando le preguntaba el ¿Por qué es tan hermosa?. Se quedaba en silencio unos segundos, sonría de manera pícara y respondía, con su español, que si bien no era perfecto, esas palabras siempre las decía correctamente.

"Yo… soy una modelo… Parisina." Amaba su acento. Ella me rescató por un tiempo del alcoholismo. Soy un celoso, que no podía soportar que otro hombre la viera. Me llené de inseguridades que me empujaron más a la bebida, probé las drogas. Caí por un hoyo, del cuál nunca salí. Vuelvo al centro de mi habitación; pequeño, con olor a rata. Me mudé cuando mi esposa me echó de la casa. Me veo al espejo, al lado una mesita y su silla. Queda perfectamente para sentarme y verme. Me veo a mí. No, ese no soy yo, sé que no soy yo. Este espejo que tengo de frente, hacia mí, refleja mi otro yo... ¡Un monstruo!. Temo por mi vida, de ser consumido por mi otro yo. Se parece a mí, pero no soy yo. Toc, toc, toc… alguien llama a mi puerta, me asomo por la mirilla y, ahí está ella. Por un momento mi mente se nublo. Fue como estar inconsciente pero, a la vez, consciente. La realidad me golpeó en las sienes, con un dolor que se expande hacía la parte frontal de mi cabeza. Sé lo que hice, sé que si soy ese monstruo. Mi ademán de miedo no pudo quitarse de mi rostro, al menos por varios minutos... horas... No lo sé, y qué miedo no saberlo. Me miento a mi mismo, porque sé lo que hice. Lo disfruté y lo haría de nuevo.

Enciendo otro cigarrillo. Los recuerdos vienen a mí. Recuerdo aquel día del mes de agosto, de ese mismo año fatídico en el que también me abandonó. Fuí un hombre felíz... Y la veo. Veo su cabello, sus rizos dorados. Yo estoy sentado detrás de ella, aspirando su perfume, abrazándola fuerte, con amor, con todo mi amor. Siento como se eriza su piel cuando beso su cuello, escuchó cómo su respiración se va entrecortando.

¿Tu m'aime?. - me pregunta.

Je t'aime. - respondí sintiéndome el hombre más dichoso en el mundo.

se voltea, me besa, me mira. Amo sus ojos castaños. Cada vez que los veía, yo era transportado por el tiempo y el espacio. Llegaba a un pasado, en París, la ville lumière. Caminábamos por sus calles sobre pétalos de rosas. El camino nos llevaba hasta la torre Eiffel, iluminada de rojo, y de repente, de la nada, todos a nuestro alrededor desaparecen, las luces se apagaban, solo la torre Eiffel se quedaba con su luz. Así quedamos solo ella y yo, en París, la ville de l'amour. Todo se oscurece de repente. Se oyen gritos. Vuelvo en sí.

Enciendo otro cigarrillo; ya van cinco consecutivos. Siento como empiezan a doler mis retinas. No he cerrado mis párpados, desde que tomé la navaja de afeitar, me arrojé sobre ella y como si fuera una especie de sweeney todd, le corté el cuello. Entre en un trance. Mi alma se había separado de mi cuerpo. Estaba en un sueño, en el cuál mis ojos permanecieron abiertos. ¿Cómo es posible dormir con los ojos abiertos?, ¿soñar sin dormir?, ¿El estar despierto y a su vez estar dormido?



#532 en Thriller

En el texto hay: relatocorto, #psicológico, #crimen

Editado: 22.07.2026

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