El Reloj De La Distancia

XV. GITANA

Me acuerdo perfectamente de aquel día. Una pequeña luz brilló en la pantalla de mi teléfono y, sin imaginarlo, al otro lado encontré a esa princesa capaz de calmar todas mis angustias y penas. Conocernos día a día ha sido lo más hermoso de mi vida; esa complicidad de contárnoslo todo, tal como lo hacemos ahora.

—Así es, mi amor —respondió Jimena al otro lado de la línea—. Me encanta estar contigo, me fascina cómo me sacas una sonrisa en cada llamada. Siempre estoy contando los días para que por fin estemos juntos y podamos hacernos uno solo con todo este amor que siento por ti, mi príncipe. Contigo me doy cuenta de que la vida no es tan mala. Te quiero, mi vida...

—Y yo a ti... —interrumpió Marco.

A Jimena se le alborotó el alma. El corazón le latía a mil por hora, deseando con todas sus fuerzas tenerlo cerca. Era un amor a distancia, ese tipo de amor que jamás pensó que podría ser tan hermoso. La gente suele decir que la distancia destruye las relaciones, pero ellos estaban decididos a demostrarle al mundo que estaban equivocados: lo suyo era un amor infinito.

—Eres lo mejor que me ha pasado —continuó Marco con tono misterioso—. Aunque... no te he contado lo que me sucedió hoy. Me encontré con una gitana en la calle. En un abrir y cerrar de ojos, la tenía frente a mí, clavándome la mirada. Me entraron unos nervios horribles y un miedo helado me recorrió el cuerpo... Recordé lo que siempre me contaban mis padres:

esa antigua leyenda de las gitanas que hacen pactos en la oscuridad con el mismo diablo para cobrar sus favores.

Pero no le tomé importancia, me zafé de su mirada y seguí mi camino a casa, mi pequeña.

Al escuchar eso, a Jimena se le borró la sonrisa. Dejó a un lado el romanticismo y lo reprendió con la voz chillona, rota por la angustia, mientras un par de lágrimas traicioneras se asomaban por sus ojos.

—¡Marco, por favor! —dijo con pánico—. Tienes que estar siempre atento por dónde caminas. Jamás, pero escúchame bien, ¡jamás te le vuelvas a acercar a una señora así! En mi pueblo siempre se ha dicho que esas mujeres llevan sobre sus espaldas una maldición antigua, que le venden la sombra al diablo a cambio de visiones y que atraen los peores agüeros. Tienen una energía tan oscura que temo que nos pase algo, que esa vibra cambie nuestro destino... No quiero perder a la única persona a la que le he entregado toda mi confianza y mi amor. Me preocupas un montón.

—Tranquila, mi amor, jamás nos pasará nada —la consoló Marco con ternura—. Cualquiera podría decirte un "te amo", pero no cualquiera te diría lo que yo siento por ti. Vales muchísimo y te mereces lo más bonito de este mundo. Eres una luz tan brillante que podrías combatir cualquier oscuridad... incluso la de esa leyenda.

Jimena rompía en llanto al escucharlo. En ese momento olvidó que no había alcanzado a contarle cómo estuvo su propio día; ya nada de eso importaba. Lo único que deseaba en el mundo era romper la pantalla, borrar los kilómetros y estar a su lado.

—Si no vivieras tan lejos... —susurró ella secándose las lágrimas— saldría a caminar contigo todas las noches.

Las palabras de Jimena quedaron flotando en el aire fresco de la noche, suspendidas en la pantalla como un eco dulce pero doloroso. «Saldría a caminar contigo todas las noches…». Para Marco, esas palabras no eran solo un deseo romántico; eran un recordatorio punzante de la realidad que lo aplastaba cada día al despertar.

Al colgar la llamada, se quedó un largo rato acostado sobre la hierba del patio, mirando las estrellas en silencio. Asta, su pequeña gatita, se acercó sigilosamente y se acomodó sobre su pecho, buscando el calor de su cuerpo. Marco le acarició la cabeza mecánicamente mientras las lágrimas que había estado aguantando para no preocupar a Jimena finalmente le resbalaban por las sienes.

Nadie en el mundo —ni siquiera la misma Jimena— conocía a fondo el infierno diario que Marco atravesaba. Para ella, él era su príncipe, su refugio y el hombre fuerte que siempre tenía una palabra de aliento o una broma para hacerla sonreír. Pero detrás de la pantalla, la vida de Marco era una lucha cuesta arriba contra la escasez, el cansancio extremo y las expectativas de un entorno que parecía ahogarlo a diario.




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