El renacer de Alana

CAPÍTULO 26

La enfermera jefa me dio el visto bueno para regresar a las clases, pero con la condición de que me lo tomara con tranquilidad. Mire a Titán ya que este se moría de la risa. Le hice un puchero a mi hermano que me miraba serio.

—Tae sabes que no puedo tomármelo con calma menos ahora que estoy descubriendo cómo usar mis poderes —balbuceo protestando, miró de soslayo al no escuchar una reprimenda de parte de él.

—Princesa te entiendo perfectamente, pero necesito que estés tranquila Shaiming tiene algo preparado para ti —corta mi protesta con una calma que me hace ponerme alerta.

—Tae ¿estas bien? —pregunto alerta.

—Si hay algún problema princesa —responde indiferente.

—Si, que mi hermano nunca me llamaría princesa ¿quien demonios eres? —me levanto de la cama y me alejo lo más posible del clon de mi hermano—. Tae siempre me llama por mi nombre Alana… nunca “princesa”.

El falso Taeyeon sonríe. No es la sonrisa burlona de mi hermano, sino algo frío, lleno de odio.

—Tienes razón —dice, y su voz ya no es la de Tae, sino más grave, resonante, como si viniera de dentro de la tierra—. Tu hermano está dormido junto a un ser querido tuyo en mi templo. Yo solo tomé su forma para hablar contigo… sin asustarte.

—¿Quién eres? —exijo, con las palmas cubiertas de esferas de fuego.

—Soy quien te marcó. Quien selló tu poder para protegerte. Quien ha estado observando desde que naciste y desapareciste. La maldición de tu tío está vinculada a una gema negra, si quieres romper la maldición debes destruir con tus poderes esa gema —ríe maliciosamente.

—¿Por qué me dices esto? —pregunto desconfiada.

—Porque cada vez que usas tu poder sin control, la gema negra se alimenta… y Jake gana fuerza. Si no la destruyes pronto, no solo morirás tú… Magic entero caerá —grita apretando los puños.

De repente, la figura de Taeyeon se deshace dejando un rastro de humo violeta. En su lugar aparece un joven alto, de ojos amarillos y cabello moreno largo atado en una cola de caballo, piel morena coronado por una tenue luz blanca. Lleva una túnica sencilla, pero su presencia hace temblar las paredes.

—¿Quién eres? —retrocedo poco a poco asustada.

—¿No sabes quien soy? Que decepción princesa Alana —murmura indignado.

«Zonix ¿Qué narices haces aquí?» ruge Titan saliendo se su camita.

—No sabía que la princesa pasó tu prueba —sorprendido retrocede Zonix.

«No, no lo hizo, me uní a ella ¿algún problema?» cuestiona Titan volando en mi dirección.

—Has roto las reglas ¿Cómo osas a desafiarme? Las reglas eran claras —contraataca, se le marcan las venas de la sien, en las manos y antebrazos, mostrando el cabreo que tenía.

«Te recuerdo que los tres legendarios estamos por encima de los semidioses» resopla Titan, expulsando vapor por las fosas nasales.

—Eso da igual yo otorgo el poder de Magic y sabes que nadie asciende al trono si yo no lo apruebo —protesta.

«Protesta denegada jefecito, tus padres los señores Cosmox y Cosmiex son lo que me ordenan, ellos no pusieron ninguna pega ante la idea asique chao regresa a tu templo, de una vez» bufa Titan escupiendo una llamarada al final.

—Agr. Realmente vine a advertir a tu protegida de que no debe usar sus poderes. No aun. El equilibrio es frágil, y tu eres la chispa que puede destruirlo todo o salvarlo. —me señala con voz autoritaria.

—¡No tienes derecho! —grito, con lágrimas en los ojos. —. ¡Me mintieron durante dieciocho años, me borraron la memoria haciéndome creer que viajamos por trabajo, resultando ser que mi odioso tío me encontraba y dos personas dieron sus vidas por mi! ¡Secuestraste a mi hermano… te hiciste pasar por él y ahora vienes a decirme qué debo hacer?

Las marcas cubrieron mi brazo y llegaron hasta mi ojo, estoy tan cabreada que mi poder toma el control, por mi.

«Alana ¡no! recupera el control de ti misma» grita Titan asustado.

«¡Titan ayuda!» es lo último que recuerdo.

Mi cuerpo descontrolado lanza las esferas cubiertas de fuego, hacia Zonix. Una alcanza su hombro derecho y la otra desaparece gracias a que Titan usa un chorro de agua para apagarla. Zonix levanta una mano haciendo que el aire a nuestro alrededor se vuelva denso, privandonos de oxígeno. Mi respiración se volvió lenta devolviéndome el control de mi cuerpo.

—¿Recuperaste el control de tu cuerpo, princesa? —pregunta Zonix, con esa voz que no era del todo humana.

No podía responder. Cada inhalación era un hilo tenso entre la calma y el caos. Un silencio tenso se instaló en la habitación.

Pero asentí, apenas, con los ojos.

Él bajó la mano.

El aire volvió de golpe. Frío, dulce, liberador.

Y con él… llegó todo lo que había estado conteniendo: el miedo, la rabia, el alivio, la culpa de que Titan se haya herido, la confusión por las mentiras de Zonix…

Mi pecho se expandió.
Mis palmas ardieron y mi descontrol regresó.

—¡No! —gritó Titan, pero ya era tarde.

El fuego estalló de nuevo. No por elección. Por necesidad.



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En el texto hay: caballos, magia, amor secreto

Editado: 24.03.2026

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