Calipso usó su guadaña para llevar a Alec y a Valda de vuelta a esa casa donde vivía antes con los Braxton y Kicker. El viaje fue instantáneo: un corte limpio en el aire y, de pronto, los tres estaban en la vieja casa de piedra a las afueras del pueblo olvidado de Kansas.
Alec se dejó caer en una silla cercana, cruzándose de brazos con fuerza, como si eso pudiera ayudarlo a no intervenir. Sabía que no podía hacer nada por Trey mientras estuviera en el limbo, pero estar allí, vigilando, le daba una mínima ilusión de control. Valda, por su parte, se acomodó en el sofá con esa tranquilidad irritante que siempre tenía, observándolo todo con interés.
— Bueno, Alec —dijo Valda con tono relajado—, mientras esperas, ¿por qué no te tomas un momento para relajarte? Las cosas tienden a volverse más complicadas cuando uno está tenso.
Alec le lanzó una mirada desdeñosa, pero no pudo evitar que se le escapara una media sonrisa.
— Sí, sí, lo intentaré. Solo espero que Trey no tenga que hacer algo demasiado loco ahí dentro.
Calipso cambió su ropa por algo más cómodo: una sudadera vieja y pantalones de chándal que aún guardaba en su antigua habitación. Se sentía extraño volver a estar allí, como si el tiempo no hubiera pasado del todo.
— Tal vez deberías darle una de tus sesiones de relajación, Valda —comentó con ironía—. Parece que te ayudó a ser menos irritante esa sesión de spa. ¿Algo entretenido para hacer durante estas horas de “vacaciones”? Porque estoy segura de que Alec no va a quitarme el ojo de encima.
Valda sonrió con esa ironía suya tan característica.
— ¡Ah, claro! Porque en mi experiencia de spa he aprendido el arte de la paciencia. Aunque, debo admitir, el masaje fue bastante… reconfortante.
Alec levantó una ceja mirando a Calipso.
— ¿Así que ahora tienes vacaciones, eh? Bueno, si tienes alguna idea de cómo mantenerte ocupada, estoy seguro de que estaría encantado de escucharlas.
Valda se acomodó mejor en el sofá.
— ¿Vacaciones? En tu caso, Calipso, parece que estás más en modo de… introspección. ¿Tal vez podrías explorar un poco las delicias modernas del mundo? Aunque, si me preguntas, un poco de lectura o una buena película nunca está de más.
Alec, aunque todavía vigilante, pareció relajarse un poco.
— Mira, mientras no hagas algo que nos meta en problemas, me parece que hacer tiempo de manera entretenida no estaría mal. A mí siempre me ha gustado la idea de una buena película o quizás un juego. ¿Qué opinas?
Calipso se levantó sin decir nada y desapareció un momento en una de las habitaciones del fondo. Volvió con una caja polvorienta que contenía la vieja consola Wii que habían encontrado años atrás en una casa abandonada. Sacó tres juegos: Mario Kart, Monopoly y Wii Party.
— ¿Cuál prefieren? —preguntó—. Creo que son los mejores para no causar una batalla campal.
Alec sonrió de inmediato al ver los juegos. Su entusiasmo por Mario Kart era evidente.
— Mario Kart suena genial. No puedo resistirme a una carrera. Pero el Monopoly también puede ser interesante si quieres una batalla campal después de todo.
Valda se acercó a mirar los discos con una ceja arqueada.
— Ah, la Wii. Retro y con un encanto especial, si se me permite decirlo. Dado que parece que no quieres tener una guerra de pintura, quizás Mario Kart sea la opción más segura para todos nosotros.
Calipso metió el disco de Mario Kart en la consola y sacó tres mandos.
— Solo diré que os apartéis de mi camino y, por favor, sin destrozar los mandos.
Valda empezó a crear su Mii con demasiada curiosidad. Probaba todas las opciones, cambiando orejas, narices y colores de pelo de forma absurda. Su avatar terminó siendo una mezcla ridícula de rasgos exagerados que parecía sacada de una pesadilla demoníaca.
— ¿Qué demonios es esto? —murmuró Valda, todavía toqueteando el panel—. ¿Una especie de avatar personal? Parece un juego del tipo “mira lo que puedo hacer con esta cosa ridícula”.
Calipso lo miró con desconfianza.
—Valda, deja de probar todo lo que hay en el panel.
Valda frunció el ceño, concentrado en ajustar orejas y colores de pelo de forma exagerada.
—¿Qué puedo decir? Si tengo que crear un Mii, me aseguraré de que sea memorable.
Alec soltó una carcajada al ver el resultado.
— Tranquila, Calipso. Valda no tiene idea de lo que está haciendo. Es probable que su Mii termine pareciendo algo salido de una película de terror.
Calipso lo miró con advertencia.
— Valda, menos experimentos y más jugar. No quiero que conviertas a mi Mii en una aberración más.
Calipso pulsó el botón de inicio y la pantalla mostró la selección de vehículos. Tras unos segundos de duda, eligió la moto estándar M.
Alec sonrió mientras navegaba por el menú.
—Ah, la moto estándar, ¿eh? No está mal. Yo me quedo con el kart clásico de carreras. A ver si puedes seguirme el ritmo.
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Editado: 02.04.2026