Kiara
Número desconocido: Pensé que tardarías más...
—¿Con quién hablas? —pregunta Maggie, de pronto.
—¿Eh? —no sé qué decir.
¿Cómo consiguió mi número?
—Se me hace que es ese chico... ¿verdad? —interrumpe Lyra mis pensamientos—. No me digas que no, porque te sonrojaste... Y eso no te pasa con cualquiera.
—Es él —suelto.
—¡¿Le pasaste tu número?! —exclama Maggie sorprendida.
—¡No! —respondo—. No sé dónde lo consiguió.
Yo: ¿Cómo conseguiste mi número?
Número desconocido: Nada me es difícil, cuando algo me interesa.
Vale... me estoy volviendo loca. Eso es.
Me quedo mirando la pantalla, y mi corazón se acelera.
—¿Qué te dijo ahora? —pregunta Maggie curiosa—. Cuentaaa...
—Nada... que... me pregunta por lo del libro —miento.
Número desconocido: ¿Tienes libre mañana?
Yo estoy tratando de estar bien, y él hablando normal, como si no me hubiera dicho nada. Bueno, igual no fue nada, solo soy yo.
Nos traen la comida.
Yo: ¿Por qué?
Número desconocido: ¿Por tu libro?
Yo: Sí, tengo tiempo.
Número desconocido: Paso por ti a las nueve.
Siento mi cuerpo tensarse.
Yo: No.
Número desconocido: ¿No?
Muerdo mi labio ligeramente.
Yo: Mejor nos vemos en otro lugar.
Número desconocido: ¿Algún lugar en mente?
Yo: Fuera de la librería. Te mando la ubicación.
Número desconocido: Ok. Nos vemos a las 9.
Ya no respondo, y solo le envío en que lugar nos encontraremos. Mis amigas comienzan a parlotear sin parar. Así que les cuento lo que me dijo.
—¿Será una cita? —sonríe Lyra emocionada.
—¡No! Solo vamos por mi libro.
—Claro... pretextos —dice Maggie.
—Claro que no es nada. Es algo simple —me defiendo—. Y ya, cambiemos de tema.
Hablamos sobre otras cosas, todas terminamos de comer, y al final del día, cada una vuelve a casa.
Al llegar, un silencio se extiende por dentro, no hay nadie.
No me detengo y subo a mi habitación. Todo se siente tan triste. La casa es enorme y bonita. Pero para mí, no es más que un tormento.
─────── ⋆⋅♡⋅⋆ ───────
La puerta principal hace eco al cerrarse. Han regresado. Hago caso omiso, y mejor me meto a la cama. Aún es temprano, pero...
—Baja a ayudarnos —dice mi madre al entrar a la habitación.
—Está bien —prefiero hacer caso, para no iniciar una discusión.
Bajo y me encuentro a Antonella preparando agua.
—Rebana esto —me entrega mamá unas verduras.
Admito que no soy buena en esto, para la cocina. Intento hacer lo pedido, cuando el cuchillo resbala y me corta el dedo.
Un grito ligero sale de mis labios. Sangre comienza a salir y corro al lavabo.
—¿Eres estúpida o qué? —me regaña mi madre.
—Se resbaló —me justifico. La mano me tiembla por el dolor.
—Lo que pasa es que eres una tonta que no sabes hacer nada. Solo estás para estorbar. Lárgate de aquí y no sales de tu habitación, hasta que yo lo ordene.
—Lo siento yo... —mi corazón se encoge.
—Lárgate que estorbas —grita y me sobresalto.
—Mamá, yo...
—Que te vayas —me grita mi hermana.
Los ojos comienzan a arder, y un nudo se me forma en la garganta. Subo rápido a mi habitación. Siempre es lo mismo. Cada que intento hacer algo bien, no puedo. Comienzo a pensar que sí soy una inútil.
Nadie me enseña cómo debo hacerlo.
Solo me gritan.
Mis lágrimas ya comienzan a bajar como siempre. Me limpio rápido, ya no quiero llorar.
Me cambio de ropa, y me meto a la cama. Me coloco los audífonos, y la música calma todos mis pensamientos.
Odio los fines de semana, porque nunca salgo a ningún lado. Al único lugar al que voy, es al colegio.
Y, por otro lado, me emociona salir por al menos un rato mañana, aunque no conozca muy bien a Elian.
─────── ⋆⋅♡⋅⋆ ───────
Miro la hora, y veo que son las diez de la noche.
El celular me vibra, con la llegada de un nuevo mensaje. Abro WhatsApp.