El Renacer de un Corazón

Capítulo 5: ¿Podemos Ser Amigos?

Kiara

Camino en dirección al lugar donde quedamos. Elian me mandó el nombre de la librería a la que iríamos. Me siento un poco nerviosa, como si hiciera algo malo sin darme cuenta.

Giro hacia la izquierda, y ahí lo veo. Está parado recargado en su Ferrari negro. Está distraído mirando el celular. Camino hacia él, sin dejar de mirarlo. En serio este chico es atractivo. El cabello le cae desordenado por la frente, mientras usa una sudadera negra, como siempre.

Y de repente, alza la vista.

Oh, no. ¿Me cachó mirándolo?

—Hola —saludo un poco nerviosa, y no entiendo el porqué.

—Hola, chica linda —sonríe, y es la primera vez que noto que se le forman hoyuelos en sus mejillas.

—¿Otra vez? —ruedo los ojos—. Pensé que se te olvidaría.

—Yo nunca olvido nada que me interesa.

Niego la cabeza divertida.

—Y bueno... entramos, ¿o nos quedamos a cuidar la entrada?

Al entrar, el olor a libros inunda mis fosas nasales. Siempre me encanta ese olor. Me encanta venir aquí. Se siente tanta paz, leyendo sola con una taza de chocolate caliente. Aunque no siempre vengo sola: a Maggie también le gusta leer, pero ella prefiere los de crecimiento personal; yo soy más de fantasía y romance. Y Lyra... bueno, ella no lee, pero la última vez casi la obligué a leer uno. Terminó llorando, ya que el final no fue nada bonito. Pobre Lyra.

—¿En qué carrera estás? —escucho a Elian preguntar detrás de mí.

—Administración —respondo.

—¿En serio? —me mira sorprendido—. Yo igual... ¿Pero por qué no te había visto antes? Varias veces se han encontrado ambos grupos y... —se corta a sí mismo—. Oh, espera... ¿Eres de nuevo ingreso? Porque yo ya estoy en mi último semestre.

Su comentario me provoca risa.

—No, para nada —lo miro—. También estoy en último semestre. Y si no me había visto, es porque no soy tan sociable.

—Así que has estado ahí todo este tiempo —alza una ceja divertido.

—Sí, solo que creo que siempre soy invisible —bromeo, pero aun así, una sensación de tristeza me invade.

—Ahora para mí, ya no lo eres.

Alzo la mirada hacia él, y mis ojos azules se encuentran con los verde-dorados de él.

Los nervios se apoderan de mí, y por un segundo, todo a mi alrededor deja de importar.

¿Por qué dijo eso...?

Desvío la mirada rápido, como si sostener la suya fuera demasiado.

—Creo que debería ir a buscar el libro en la sección de... mm... fantasía —digo girando sobre mis talones mientras miro a mi alrededor.

Camino en dirección contraria sin darme cuenta.

—La sección de fantasía está a tu izquierda.

Me detengo en seco.

—Ya sabía —murmuro, regresando sobre mis pasos.

—Seguro, chica lista.

Lo miro de reojo.

Camino buscando la sección, y ¡por Dios! ¡Esto es el paraíso!

—¿No te aburre leer? —pregunta de repente.

—¿Aburrirme? —lo miro—. No, jamás. Leer no es aburrido, es increíble.

—Si tú lo dices —se encoge de hombros.

—Lo dices porque no lees, pero te aseguro que yo vivo muchas vidas, y esas son... —más hermosas que mi realidad.... Me callo—. Solo es emocionante.

Recorro las estanterías, y hay variedad de libros. Quisiera llevarme todos. Pero no, porque me quedaré pobre. Me voy hacia las otras estanterías, y llego a la de romance. Elian me sigue, solo mirando a su alrededor. Seguro se siente raro.

En verdad quiero reírme. No sé por qué a veces me dan ganas de reírme en momentos de seriedad.

Miro hacia todos lados hasta que...

—Ay, por Dios —me emociono—. Yo quiero ese libro.

Elian lo mira con curiosidad, tomándolo.

—¿Etéreo? —lee el título—. ¿Qué nombre es ese?

—Perfecta, sutil e intangible —digo casi en automático.

Elian me mira.

—¿Segura que este?

—Sí —le aseguro—. El que me echaste a perder está más caro que este. Aparte de que era en tapa gruesa.

—No soy pobre —entrecierra los ojos—. Y para que veas, te daré la opción de elegir otro, aparte de este.

Esa es una oferta muy tentadora.

—No, solo quiero este —digo.

—Como gustes —no insiste.

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El aire fresco de Seattle me recibe, cuando atravieso la puerta de salida.

—Gracias —digo, cuando ya estamos afuera.

—No es nada —me observa.

—Ya... ya es hora de irme...

Elian asiente.




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