Kiara
Una semana después…
He estado hablando con Elian los últimos días a la hora de la salida del colegio. Y otras, simplemente nos mandamos mensajes.
Salgo cuidadosamente de mi habitación. Odiaba la escuela: por los trabajos, exámenes y todo eso que me dejaban. Pero lo amaba porque así podía ver a mis amigas, y... era el único lugar al que yo iba.
—Señorita —llama Melissa cuando abro la puerta principal—. ¿No va a desayunar?
—No —respondo—. En la prepa desayuno algo.
—Como diga, señorita.
—¿Qué pasó con lo de, señorita?
—Perdón, siento que no puedo llamarla así.
—No me gusta que me digas señorita. Con mi nombre está bien.
—Está bien, Kiara.
—Nos vemos —salgo de ahí.
El aire frío de la ciudad me golpea el rostro. Se siente tan bien estar fuera de casa. Miro a mis alrededores, y paso a detenerme en un lugar que me llama la atención. Un club de baile. Ballet en especial.
Yo no sé bailar eso, pero me gustaría mucho aprender.
Empujo la puerta entrando, y, la suave melodía inunda mis oídos. Miro atenta a cada movimiento de las bailarinas. Se ven tan concentradas, hasta que...
—¿Eres nueva? —pregunta una mujer de unos treinta años. El cabello oscuro está recogido de forma elegante. Sus ojos verdes deslumbran. Y tiene un cuerpo muy bien definido.
—Oh, no. Yo solo miraba.
—¿Te gustaría aprender? —la mujer sonríe—. Me llamo Lyla —me extiende la mano.
—Kiara —me presento.
—Qué bonito nombre —dice, pero en su mirada noto un poco de sorpresa—. ¿Quieres unirte?
Esa pregunta me deja en shock.
—No creo que pueda —digo triste—. Voy a clases, y casi no tengo tiempo.
—Para eso no te preocupes. Los domingos hay clases igual —aclara—. Pero solo los domingos. Los sábados la paso en casa con mi hijo.
—¿En verdad? —pregunto emocionada. Eso significa que podré distraerme los domingos. Ya no estaré sola encerrada en una habitación.
—Claro. Si gustas, preséntate el domingo que viene.
No puedo describir la emoción que surge dentro de mí. Lo que, si tengo claro, es que pienso venir aquí el siguiente domingo.
─────── ⋆⋅♡⋅⋆ ───────
Las clases inician, y yo estoy muriendo de aburrimiento. Miss Pata anda de aquí y por allá contando la historia que pasó en dos países, y yo ando en otro mundo.
Lyra me mira de vez en cuando. Con solo una mirada, supe que ella tampoco estaba entendiendo, y estaba perdida igual que yo. Me reí en mi mente. Maggie es la que estaba atenta de lo que decía la profesora. Le hacía preguntas de vez en cuando. Admito que yo tengo dudas, pero mi nerviosismo acaba conmigo si me atrevo a hablar y preguntar.
Las clases transcurren aburridas como siempre. Bueno, los profesores me dan nervios. Con solo verlos, ya estoy pensando, ¿Cuánto sacaré en su materia? A veces odiaba eso de mí. Sobre pensaba mucho. Al igual que Lyra y Maggie. Creo que por eso funcionamos muy bien de amigas. Pero también había veces que decíamos: "Voy a sacar lo que Dios quiera que saque".
Sé que nos dolería si obtenemos malas notas. Pero tampoco queríamos estresarnos de más. Al final de todo, el timbre escolar sonó.
—Me estaba muriendo de aburrimiento —suelto un suspiro.
—Yo igual —dice Lyra.
—Deberían prestar más atención —nos recomienda Maggie.
—Sí, ya, perdón —agrega Lyra—. Ya voy a poner atención.
—Yo también —digo.
Salimos las tres y voy tan distraída en el pasillo, que siento chocar con alguien.
—Auch... —levanto la vista, y ahí lo veo—. ¿Otra vez contigo?
—Estamos destinados a encontrarnos, chica linda.
—Eres pesado —me reí—. ¡Ya sé, te diré, chico pesado!
—Eso no es tan ingenioso.
—Okeyyy... —interrumpe Maggie con un aplauso—. ¿Qué pasa aquí?
Ahí me di cuenta que no estábamos solo los dos.
—Ah, Elian, ellas son, Maggie y Lyra. Mis dos amigas —las presento.
—Hola —las saluda él.
—Holii —saluda Lyra con la mano—. Amiga —Lyra se dirige a Maggie—, me acompañas a comprar algo súper importante.
—Claro —responde ella—. Nos vamos amiga.
Y por tercera vez en la vida, me abandonan.
—¿Te vas ya a tu casa?
—Sí —respiro profundo.
—¿Tienes prisa? —pregunta
—Creo que no —me encojo de hombros—. ¿Por qué?
—Te invito a beber algo, ¿Vamos? —me extiende la mano. Vale... No me esperaba esto. Lo miro a los ojos, y por instinto, acepto.