Kiara
Observo a mi alrededor, con una sonrisa en los labios. El olor a dulce inunda mis fosas nasales, apenas entro a la cafetería. Por si te preguntabas que estábamos todavía dentro del colegio, la respuesta es no. Vinimos a otra cafetería cerca.
Todo es muy bonito por dentro. El lugar esta decorado con plantas y flores por los rincones. Elegimos una mesa que estaba en el fondo. Camino hacia ahí, con Elian siguiéndome.
Me siento estúpidamente nerviosa. ¿Es esto normal? Nunca me había puesto tan nerviosa cerca de un chico. Bueno, sí, pero esto es demasiado.
Somos amigos. Me recuerdo.
Me dejo caer en el sillón de cuero color blanco, con Elian sentándose a mi lado. Si rodilla toca la mía y siento una corriente de electricidad subir por la espalda.
Joder, ¿hay algún manual para sobrevivir cerca de un chico atractivo?
Necesito buscar uno.
—¿Qué vas a pedir? —me pregunta trayéndome a la realidad.
—Un malteada de chocolate —digo apenas.
—¿Ahora no será de fresa? —pregunta alzando una ceja.
—También me encanta el chocolate —me encojo de hombros.
—Ahora vuelvo —sonríe mostrando sus hoyuelos.
Por dios... se ve tan lindo.
No. Kiara, no.
Lo observo alejarse hacia el mostrador y, por un instante, siento que el mundo se hace más grande y vacío a la vez. Mis manos descansan sobre mis piernas, pero no puedo evitar moverlas un poco, nerviosa. ¿Por qué me siento así? Nunca había estado sola con un chico… y mucho menos con alguien como él.
Unos segundos más tarde, regresa con las dos malteadas.
—¿Los dos son para mí? —pregunto divertida.
—No seas codiciosa —se ríe, mientras se deja caer a mi lado—. El otro es para mí.
Me entrega uno, y le doy un sorbo. Por Dios. Amo el chocolate.
—Te llevas muy bien con tus amigas —lo escucho decir después de un rato.
—Sí —sonrío al recordarlas. Al recordar todo lo que hemos hecho juntas—. Ellas son como mis hermanas.
—¿Eres hija única?
—No —miro hacia el ventanal enorme a mi lado—. Tengo una gemela.
—¿Hay otra parecida a ti?
—No —me río—. Somos más como mellizas. Somos tan diferentes —suelto un suspiro.
—No me podría imaginar a nadie como tú —dice y eso hace que lo mire.
Y error.
GRAN ERROR.
Elian miraba hacia mí. Y estamos cerca. Sus ojos se encuentran con los míos, y siento mi corazón latir demasiado rápido… tanto que estoy segura de que podría escucharlo.
No sé en qué momento se acercó más.
Pero ahora está demasiado cerca.
Sus ojos bajan por un instante a mis labios.
Y dejo de respirar.
Siento el calor subir a mis mejillas. Su respiración roza mi piel. Nuestras narices se rozan levemente…
No me muevo. No puedo.
Cierro los ojos sin darme cuenta...
—¡Elian!
La voz rompe todo. Me separo de golpe, como si hubiera hecho algo mal. Él hace lo mismo. El aire vuelve de repente, pero ahora se siente… incómodo. Me volteo hacia la voz.
Una chica rubia se acerca a nosotros. Su cabello corto cae perfectamente sobre sus hombros, y sus ojos castaños se clavan directamente en él.
—No sabía que estabas aquí —dice, con una pequeña sonrisa.
Elian suelta un suspiro.
—Corina... —responde él—. Que sorpresa.
No la conozco, pero por la forma en que ellos se miran, parecen conocerse muy bien.
Oh, Dios... ¿Serán... pareja?
No. No lo creo. Si lo fueran, ahorita ya me hubiera arrastrado por todo el lugar. La chica me mira por unos segundos.
—¿No me vas a presentar? —pregunta con una sonrisa.
—Corina —dice Elian, mientras le doy una sonrisa de boca cerrada a la tal Corina—. Y ella es Kiara —la mirada de él se encuentra con la mía.
Mi mente reproduce automáticamente cuando estábamos apunto de... Aparto la mirada.
—Hola... —la saludo.
—Si no les molesta, puedo quedarme aquí un rato —sonríe, pasando su mirada en Elian y en mí.
—No
—Sí
Respondemos los dos de golpe. Elian me mira como si hubiera hecho algo mal. ¿Hice mal en decirle que sí? Bueno, ya estaba hecho.
—¿Una malteada de chocolate? —le pregunta la chica, frunciendo el ceño—. Si a ti no te gusta.
—Pues hoy decidí probarlo —le responde.
—A mí me encanta —dice, mientras toma el vaso del chico a mi lado—. Quiero.