Kiara
No pasó nada.
Absolutamente nada.
Ni siquiera sé por qué sigo pensando en eso.
Fue solo un momento raro.
Un error.
Un mal cálculo de distancia… o lo que sea.
Además, Elian y yo somos amigos.
¿Entonces por qué no puedo dejar de recordarlo?
Maggie, Lyra y yo, cruzamos los pasillos. Ellas están hablando de no sé qué... realmente no les estoy prestando atención. Lyra suelta una carcajada.
—Te pasaste —dice, y realmente no entiendo.
Así que solo miro a Maggie.
—¿En qué piensas? —pregunta la castaña de repente.
En qué ayer estaba a punto de besarme con Elian, pero nos interrumpieron
—En nada —respondo, lo más normal que puedo.
—Mm... —Lyra mira a Maggie—. Seguro está pensando en un chico con el que tropezó hace unas semanas.
—No —pongo los ojos en blanco. Ellas me miran con los ojos entrecerrados. Sí, me conocen perfectamente, que saben que estoy mintiendo. A veces me choca que me conozcan tan bien—. En realidad... sí —suelto un suspiro.
—Vamos al aula, y allá nos cuentas todo —propone Lyra.
Nos toma a Maggie y a mí por los brazos y nos lleva.
Sí, mis amigas me conocen demasiado bien. Saben cuándo miento, y por la forma en que me miran ahora, sé que no me creen nada. Sé que se han dado cuenta de muchas cosas: de mis ojeras algunas mañanas, de mis ojos hinchados después de llorar, de las veces en las que digo “estoy bien” cuando claramente no lo estoy. Y aun así… no dicen nada. No preguntan más de la cuenta, no me obligan a hablar, no me arrinconan con cosas que no quiero responder. Solo… me siguen la corriente. Pero esto es diferente. Esto es algo nuevo. Y por eso mismo, sé que no van a dejarlo pasar tan fácil.
Nos sentamos en nuestros respectivos asientos, y apenas acomodo la mochila a mi lado, las dos me miran.
—Cuéntanos todo —Maggie abrió los ojos.
—No sé qué me pasa —admito—. El día de ayer, cuando me abandonaron, Elian y yo fuimos a una cafetería cercana de aquí. Platicamos, hasta que... —suelto un suspiro antes de continuar.
—¿Qué? —preguntan las dos al mismo tiempo.
—Estábamos a punto de... darnos un beso —esto último lo digo en voz baja, para evitar que me escuchen los demás.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! —pregunta Lyra asombrada. Maggie solo abre los ojos.
—Pero no pasó nada —aclaro—. Una... amiga de Elian nos interrumpió y ya. Todo normal.
—No puedo creerlo —Maggie se tapa la boca con la mano—. Simplemente no puedo creerlo.
—La chica se quedó ahí con nosotros, y como vi que estaba muy a gusto hablando con él, simplemente me fui.
—¿Pero por qué...? —Lyra se interrumpió sola, al ver entrar al profesor de matemáticas.
Todas nos acomodamos, para prestar atención. Pero eso para mí, sería muy complicado.
─────── ⋆⋅♡⋅⋆ ───────
Unas horas más tarde, después de una clases aburridas...
—Que bueno que no tenemos tarea —comento mientras salimos del salón. Las chicas solo asienten con la cabeza.
—Llegando voy a poder dormir —se alegra Maggie—. Tengo mucho sueño. Aparte siento mucho cansancio.
—Yo igual, nada más llegue, voy a tirarme a la cama y a dormir —Lyra estuvo de acuerdo.
Caminamos en silencio, hasta que veo a Elian en la entrada del colegio. Sus ojos me encuentran y un nerviosismo me invade completa.
Trae un jersey azul oscuro, junto a un pantalón de mezclilla. Su cabello le cae un poco desordenado por la frente, pero sigue viéndose muy bien.
Se acerca sin quitarme la mirada.
—Hola —me saluda.
—¿Qué tal? —pregunto con una sonrisa de boca cerrada.
—Muy bien.
—Nosotras nos vamos —Maggie llama mi atención—. Te vas con cuidado.
—Nos vemos mañana —se despide Lyra—. Suerte —me guiña un ojo.
—Eh... —¿ahora qué digo?—. ¿Estás esperando a alguien?
—A ti —se encoge de hombros—. ¿Te puedo llevar?
—Está bien —al fin y al cabo, no tenía con quién ir.
Caminamos hacia el estacionamiento, y nos dirigimos al Ferrari negro de Elian. Él se sube en el asiento frente al volante, mientras yo me subo al asiento de copiloto.
Pone en marcha el auto. Me siento un poco rara después de lo que ayer estuvo a punto de pasar. No sé cómo o que decir ahora. Bueno, en realidad nunca sé qué decir.
—¿En qué piensas? —lo escucho preguntar, mirándome apenas unos segundos.
—En nada —miento. No pienso decirle que ando pensando en lo que ayer estuvo a punto de pasar.