El Renacer de un Corazón

Capítulo 12: No Me Conoces Tanto

Kiara

Me observo en el espejo, y ya he perdido la cuenta de todas las veces que me he mirado en los últimos minutos... Simplemente me puse un pantalón acampanado, y una blusa blanca que se ajusta a mi cuerpo. Me puse un poco de labial rosa, y rímel en las pestañas.

¿Me arreglé demasiado?

Mi subconsciente me grita que estoy paranoica con una simple salida. Hay veces que le agradezco por lo lindo que se porta conmigo. Nótese el sarcasmo.

Una notificación, hace que mire el móvil.

Elian: Llegué. Estoy abajo. Sal.

Un brinco da mi corazón y con todo el nerviosismo que me cargo, bajo rápidamente. Miro por todos lados, y no hallo a nadie. Seguro Melissa anda en el patio trasero limpiando. Y mi hermana en su habitación.

Abro la puerta, y ahí está él. El nerviosismo regresa a mi sistema, cuando veo lo perfecto que se ve. Viste una playera blanca, junto a una chamarra negra y pantalones oscuros.

Alza la vista, y sus ojos hermosos, se encuentran con los míos. Su mirada se pasea por mí y una corriente me recorre completa. Sonríe y sus hoyuelos se hacen presentes en sus mejillas.

—Hola —murmuro apenas.

—Te ves perfecta, chica linda —su voz sale más ronca de lo normal.

Mi mente se queda en blanco. ¿Por qué me quedo sin palabras cuando alguien me hace algún cumplido?... No es que me dijeran tantos, pero siempre me quedaba sin habla. Siento el calor subir por mis mejillas.

—Gracias —digo apenas encuentro mi voz—. Tú... te ves bien, chico pesado.

—¿Chico pesado es lo mejor que pudiste encontrar? —se burla, tratando de suavizar todo. Y eso me hace sentir más tranquila.

—Sí, y te queda espectacular —respondo tratando de estar normal.

Me abre la puerta, y me subo al asiento del copiloto. Él se da la vuelta y se sube a mi lado.

—¿Lista para el mejor día de tu vida? —pregunta, poniendo en marcha el motor.

—No sé si sea el mejor, pero tampoco me emociona después de lo de la iguana.

—Esto es diferente. Solo es para distraerse un poco.

—Vale.

Pone en marcha el auto, y siento felicidad. Desde que tuve el incidente con él, ya no he regresado sola a casa, y prácticamente hablamos casi todo el tiempo por mensajes, y por lo menos, ya no me siento tan sola. Igual mis amigas han estado por ahí abandonándome a la hora de la salida del colegio, porque saben que Elian pasa por mí.

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—¿Qué película quieres ver? —me pregunta mientras miramos las películas que hay para el día de hoy.

—Mm... no lo sé.

Miro a mi alrededor. Hay mucha gente por aquí.

Parejas más bien.

¿Es esto una cita?

—¿Kiara? —la voz de Elian me trae de regreso.

Estoy pensando tonterías.

—Sí. Esa está bien —digo, aunque realmente no sé que me preguntó.

—Tú lo decidiste —advierte, con una sonrisa maliciosa.

Vale, ya me puse a dudar a qué accedí... ¿Qué película escogerá?

—Vamos, señorita —me toma de la mano, sintiendo mi cuerpo tensarse. Sus manos son tan suaves.

Elian entrega los boletos, y nos metemos a la sala. Esperamos a que la gente llegue, y cuando llega el minuto exacto, las luces se apagan y la pantalla se enciende. Todo parece normal... ¿Es una romántica?

Bueno, al menos no ha pasado la gran cosa. Todo está tranquilo. La película comienza con una familia llegando a una casa nueva… Sí, definitivamente debe ser una romántica.

Los minutos pasan, pero algo empieza a sentirse… extraño. Las escenas cambian poco a poco, volviéndose incómodas. Inquietantes. Y entonces lo entiendo.

Esto no es una película de romance. Es una de terror.

Odio este tipo de películas. Luego no puedo dormir en toda la noche.

Un grito repentino de una de las niñas de la película hace que me sobresalte en mi asiento.

Giro ligeramente el rostro hacia él. Está completamente concentrado en la pantalla. No hay rastro de miedo en su expresión. Al contrario… parece estar disfrutándolo.

Genial.

La película avanza y cada escena es peor que la anterior. El ambiente se vuelve más pesado, más oscuro… y el miedo comienza a instalarse en mi pecho. Y en algún punto... Sin darme cuenta…Termino aferrándome al brazo de Elian. Mis dedos aprietan suavemente la tela de su chamarra. Siento el calor subir por mi cuerpo cuando me doy cuenta de lo cerca que estoy. Trago saliva.

Lentamente, levanto la mirada hacia él. Pero él no me está viendo. Aprovecho ese pequeño segundo para observarlo… detallar sus facciones con más calma de la que debería. Es… guapísimo.

Y entonces, como si lo sintiera, gira el rostro y me mira. Mi corazón se detiene por un instante, y el rubor se extiende por mis mejillas al darme cuenta de lo cerca que estamos, demasiado cerca. Y sin poder evitarlo, mi mente me traiciona, llevándome de vuelta a la cafetería.




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