Kiara
El día comienza como siempre. Solo que ahora... ya no será lo mismo para mí.
Me visto rápidamente con unos pantalones sueltos y cómodos. Una playera ancha, y mis tenis bajos. Tomo mi mochila, y salgo de mi habitación. Estoy feliz.
Hoy cambiaré mis domingos.
—¿A dónde vas? —pregunta mamá desde la sala.
—Voy a... —si le digo a qué lugar me dirijo no me dejará ir—. A hacer trabajo en casa de una compañera.
—No me mientas, Kiara.
—No lo hago.
Soy muy mala mintiendo, pero espero que no me descubra.
—Está bien —dice al final.
—Nos vemos, mamá —me despido.
Ella no me responde. Trato de que no me afecte, siempre es así conmigo. Así que lo ignoro todo.
Salgo, dajando mis días domingos atrás.
Ayer, Elian me trajo de regreso después de pasar un rato en el parque. Me sentí extraña… después de que me vio llorar. Me vio vulnerable. Noté cómo intentó hacer todo a un lado, volver a sus bromas, hablar como siempre. Yo también lo intenté… pero no me salió muy bien.
Camino en silencio, hasta que llego al lugar.
Algunas apenas están llegando, y otras ya están practicando.
—Hola —Layla se acerca a mí—. Me alegra que hayas venido.
—Espero poder aprender.
—Y yo sé que lo harás.
Las paredes son de vidrio, así que se ve todo por fuera.
—Por lo mientras, puedes hacer calentamientos —me dice.
—Tu suegra es una bruja, ya te lo he dicho —la voz de una chica me hace mirarla.
—Sí, ya... Es una bruja —la otra chica se ríe.
—Oh, ¿ahora no se dieron la vuelta a la otra entrada? —pregunta Lyla, acercándose a ellas.
Una tiene el pelo oscuro, los ojos castaños y buen aspecto. Mientras que la otra, tiene el pelo castaño muy claro y lacio, y unos hermosos ojos azules. La segunda lleva una guitarra.
—Jane no quiso —habla la castaña.
—Es que está muy lejos —se queja la otra. Y ahí me recuerda a Maggie. Ella odia caminar mucho.
—Profesora Walker, usted nos dirá sinceramente como está nuestras canciones, ¿cierto? —pregunta la chica, que ahora ubico como Jane.
—Sí —asiente Lyla. Ahora sé que su nombre es Lyla Walker—. ¿Ya la tienen listas?
—No —sonríe la pelinegra—. Pero Ali ya está inspirándose en su novio. Pero como yo no tengo, tendré que inspirarme para el desamor.
Lyla ríe.
—Está bien, chicas. Pueden irse por allá.
Ambas chicas pasan por mi lado, para subir a la segunda planta.
Justo cuando intento poner un pie arriba de un tubo, caigo.
—Auch... —me quejo.
Las chicas se detienen de inmediato y regresan para ayudarme.
—¿Estás bien? —pregunta la castaña acercándose.
—Eh... sí —respondo, mientras me ayudan a poner de pie—. Apenas inicio hoy con esto, así que no sé nada.
Lyla se acerca.
—Esto es un poco complicado, si aprendes desde cero.
—Entonces creo que no podré hacerlo —un atisbo de decepción me invade.
—Es complicado, Kiara, pero no imposible —me anima.
—Claro —dice la pelinegra—. Yo pensé que mi amiga terminaría con su novio después de ver cómo es la bruja de su suegra...
—Jane... —la chica la mira.
—¿Qué? —ella se encoge de hombros—. Hay que darle ánimos. En fin —me mira—. Ella sigue con su novio. Es complicado, pero no imposible. ¿Cierto, Ali?
—Ellas son, Jane y Alisson —me las presenta Lyla—. Y están en el área de música.
—Hola —digo—. Yo soy Kiara.
—¿Cuántos años tienes? —pregunta Jane.
—Diecisiete —respondo.
—¡Que padre! Nosotras tenemos la misma edad.
—Que bien.
—Sí, es genial —dice Jane—. Nos tenemos que ir. Ojalá nos volvamos a ver.
—Eso espero —digo.
—Nos vemos —se despide Alisson.
Comienzan a hablar entre ellas, mientras se alejan.
—Esas chicas son geniales —dice Lyla de pronto—. Llevan pocos meses aquí, pero se han encargado en ser las mejores.
El día se pasa entre calentamientos que me deja mi profesora. Ella por un rato se va, y luego regresa para ver cómo estamos. Es complicado cuidar dos áreas, sin embargo, ella lo hace muy bien.
Después de un rato, las clases terminan para mí mala suerte, y al final me cambio de ropa.
—Vendrás el próximo domingo, ¿verdad? —pregunta mi profesora.
—Claro que sí. Y también por las mañanas durante la semana, para avanzar.