Kiara
Las personas pasan frente a mi ventana. Veo parejas caminando de la mano con sus hijos, riendo entre ellos, y no puedo evitar preguntarme cómo se sentiría tener algo así.
Me habría gustado que, al menos una vez, mamá y papá hubieran sido así conmigo... y con Antonella.
Bueno... Conmigo. Porque ella sí pudo disfrutar de ellos algunos días.
Yo... yo no.
Siento esa espinita clavarse otra vez en mi corazón.
«¿Por qué yo no... y ella sí?»
«¿Qué hice mal?»
«¿Qué hice para no ser merecedora de amor?»
Me alejo de la ventana cuando el sol ya está en lo más alto del cielo. Camino hasta mi escritorio y busco mi libreta. La abro despacio y tomo el bolígrafo.
Escribo solo una frase.
«Poder ser feliz un día.»
La observo durante unos segundos.
Si la felicidad no está destinada para mí... entonces solo quiero conocerla aunque sea por un día.
Solo uno.
Mis ojos comienzan a arder mientras pienso en todos esos sueños que, poco a poco, parecen apagarse con el paso del tiempo. Espero no dejar que todos desaparezcan.
Cierro la libreta con cuidado y dejo escapar un suspiro. No quiero seguir pensando. Necesito distraerme.
Tomo mi bolso y salgo de casa sin un destino demasiado claro. Camino por varias calles, dejando que el aire fresco despeje un poco mi mente.
Sin darme cuenta, termino frente a una librería.
No puedo evitar sonreír un poco.
Los libros siempre han sido el único lugar donde siento que todo puede estar bien, aunque solo sea por unas horas.
Empujo la puerta de cristal y entro.
El aroma a papel nuevo y café recién hecho me recibe de inmediato.
Por un instante, siento que el mundo deja de pesar tanto.
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Comienzo a recorrer las estanterías sin una idea clara de qué libro estoy buscando. Paso los dedos por los lomos de varias novelas, leyendo algunos títulos por simple curiosidad, pero ninguno termina de convencerme. Después de tantos años leyendo, pensé que entrar a una librería sería suficiente para emocionarme, pero hoy ni siquiera eso parece funcionar.
Doy otra vuelta por el mismo pasillo. Ya perdí la cuenta de cuántas veces he pasado por aquí. Incluso empiezo a sentir que algunas personas me miran de reojo, como si estuvieran preguntándose por qué sigo caminando de un lado a otro sin decidirme por nada.
Tal vez piensen que estoy buscando un libro muy específico.
O tal vez crean que simplemente estoy perdiendo el tiempo.
Y, siendo sincera... ni yo misma sé qué vine a buscar.
Tomo una novela de misterio de una de las repisas y observo la portada con atención. La volteo para leer la sinopsis, pero antes de terminar la primera línea, una idea cruza mi cabeza sin pedir permiso.
«A Elian probablemente le gustaría este»
Frunzo el ceño de inmediato.
No.
No voy a empezar otra vez.
Devuelvo el libro a su lugar e intento seguir caminando, convenciéndome de que solo fue un pensamiento sin importancia. Pero apenas avanzo unos pasos, mis ojos encuentran un pequeño exhibidor lleno de separadores.
Hay de todos los colores. Algunos tienen pequeñas flores dibujadas, otros están decorados con estrellas doradas y algunos llevan frases sobre la magia de los libros. Sin pensarlo demasiado, tomo uno entre mis dedos y comienzo a leer lo que dice.
"Siempre habrá una historia esperándote."
Una pequeña sonrisa aparece en mis labios.
«Seguro él escogería este...»
Cierro los ojos durante un instante.
—Basta, Kiara... —murmuro para mí misma.
Suelto el separador como si me hubiera quemado.
No importa cuánto intente concentrarme en otra cosa.
Siempre termino pensando en él.
Permanezco inmóvil unos segundos, observando el pequeño exhibidor frente a mí. Nunca imaginé que algo tan simple como un separador pudiera hacerme recordar a una persona.
Al final, tomo el primer libro que consigue llamar un poco mi atención y camino hasta la caja para pagarlo.
No porque estuviera completamente segura de querer leerlo.
Sino porque necesitaba dejar de dar vueltas sin sentido.
Unos minutos después, salgo de la librería con una pequeña bolsa de papel entre las manos.
El aire fresco golpea mi rostro apenas cruzo la puerta.
Respiro profundamente.
No tengo ganas de volver a casa.
Todavía no.
Así que comienzo a caminar sin un rumbo fijo, dejando que mis pasos decidan por mí. A mi alrededor, las personas entran y salen de las tiendas, algunas conversan entre risas y otras simplemente continúan con su día. Yo solo sigo caminando.
Saco el teléfono del bolsillo de mi pantalón, conecto mis audífonos y deslizo el dedo por mi lista de reproducción.
Después de unos segundos, una melodía empieza a sonar.
«Enchanted»
No puedo evitar sonreír un poco.
Siempre me ha gustado esa canción.
Cierro los ojos apenas un instante mientras continúo caminando, dejando que la voz de Taylor Swift calme un poco el desorden que llevo dentro.
Y, por unos minutos...
Lo consigue.
Hasta que llega esa parte.
"Please don't be in love with someone else..."
Mis pasos se vuelven más lentos.
Sin darme cuenta, mi mente termina la frase por sí sola.
«Por favor... no estés enamorado de alguien más, Elian»
Me detengo en seco.
Abro los ojos de golpe, como si acabara de despertar.
Mi respiración se corta por un instante.
Bajo lentamente la mirada hacia el suelo mientras mi corazón comienza a latir con fuerza.
Aprieto un poco la bolsa de papel que llevo entre las manos.
No.
No podía seguir engañándome.
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